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El Gobierno libio reconocido lamenta las críticas de la ONU por el ataque a Bengasi

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El Gobierno libio reconocido lamenta las críticas de la ONU por el ataque a Bengasi

El Gobierno libio reconocido lamenta las críticas de la ONU por el ataque a Bengasi

El Gobierno libio con sede en Tobruk, reconocido por la comunidad internacional, lamentó hoy el reciente comunicado de la ONU en el que se condena la operación militar emprendida este fin de semana en Bengasi por el general Jalifa Hafter, jefe de sus Fuerzas Armadas.

En declaraciones al diario local "Libya Herald", un portavoz del llamado "Parlamento de Tobruk", que ejerce de Ejecutivo, expresó "gran sorpresa por el comunicado emitido por (el enviado especial de la Naciones Unidas para Libia, Bernardino) León, que no aceptamos".

El diplomático español criticó la noche del sábado la operación militar y advirtió de que podía socavar las negociaciones de paz que con mucha dificultad se celebran en la ciudad marroquí de Sjirat, bajo tutela de la ONU.

"El Ejército está luchando contra los terroristas (de la rama libia del grupo yihadista Estado Islámico), que no creen en un gobierno civil. Y la población nos apoya", argumentó el portavoz de Tobruk.

Unidades bajo el mando de Hafter, un oscuro general de tiempos de Muamar el Gadafi ahora opuesto al proceso de paz, intensificaron el sábado sus bombardeos artilleros sobre Bengasi, ciudad bajo control de tropas fieles al Gobierno con sede en Trípoli.

Nada más conocerse la noticia, la operación fue condenada tanto por la Misión de la ONU para Libia (UNSMIL) como por el Ejecutivo no reconocido de Trípoli, que exige la destitución del controvertido general como condición para firmar el acuerdo de paz que León promueve desde hace meses y que ahora vuelve a estar en el aire.

La acción de Hafter, héroe de guerra al inicio de la dictadura de El Gadafi y uno de sus principales opositores en el exilio a partir de la pasada década de los ochenta, fue también condenada por los embajadores de la UE, preocupados por las bajas civiles y su posible influjo negativo en el diálogo de Sjirat.

El general, de 72 años, regresó a Libia con ayuda de la CIA estadounidense y de Egipto durante el alzamiento que en 2011 derrocó a El Gadafi y cabildeó entre los rebeldes hasta asumir el mando del antiguo Ejército regular libio.

En mayo de 2014, emprendió la llamada "Operación Dignidad" en Bengasi con el argumento de arrebatar la ciudad a las tropas leales a Trípoli y desequilibrar la balanza de las negociaciones en favor de Tobruk, una ofensiva que apenas ha propiciado avances pero que ha ha abierto las puertas de algunos barrios de la ciudad al EI.

Desde entonces, Hafter -al que apoyan militar y económicamente Egipto y Arabia Saudí- se ha convertido en el principal escollo para la paz en el país, ya que el Gobierno de Tobruk se resiste a retirarle el mando militar.

Libia es un Estado fallido, víctima del caos y la guerra civil, desde que fuerzas rebeldes apoyadas militarmente por la comunidad internacional lograran derrocar el citado régimen tiránico de El Gadafi.

Desde entonces, el país está dividido, con un Gobierno rebelde en Trípoli y otro internacionalmente reconocido en Tobruk, que luchan por el control de los recursos naturales apoyados por miembros del antiguo régimen gadafista, islamistas, líderes tribales y señores de la guerra.

El enfrentamiento es aprovechado por diferentes grupos yihadistas, que en los últimos meses han ganado terreno, poder e influencia y han extendido con ello la inestabilidad y la inseguridad por todo el norte de África.

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