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Londres mantendrá en secreto los detalles de la negociación con Bruselas

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Londres mantendrá en secreto los detalles de la negociación con Bruselas

Londres mantendrá en secreto los detalles de la negociación con Bruselas

El Gobierno británico aspira a mantener en secreto algunos detalles de su postura respecto a la salida del país de la Unión Europea para no dar ventaja a los negociadores enviados por Bruselas, advirtió hoy el ministro británico para el "Brexit", David Davis.

En una intervención ante el comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de los Comunes, Davis sostuvo que dar cuenta a los diputados sobre sus planes en aspectos como los futuros acuerdos comerciales que deben negociarse con la UE sería "un regalo para el otro lado".

El responsable de delinear el plan británico para el "Brexit" compareció ante el comité en un momento en el que el Gobierno liderado por la primera ministra, Theresa May, se enfrenta a renovadas presiones para comenzar a detallar su visión del Reino Unido fuera del bloque común, más allá de la consigna "'Brexit' significa 'Brexit'" en la que ha insistido en los dos últimos meses.

Ante las preguntas de los parlamentarios, Davis aseguró que se mantiene en pie el calendario fijado por May, que prevé activar a principios de 2017 el artículo 50 del Tratado de Lisboa, que pondrá en marcha una cuenta atrás de dos años para romper definitivamente los lazos formales entre Londres y Bruselas.

"Creo que sería una muy mala idea entrar en la negociación con miedo a cualquiera de los resultados que pudieran darse", dijo Davis, quien admitió que existe la posibilidad de que una vez terminado el plazo de dos años no se haya llegado a un acuerdo, o bien que algunos de los Veintisiete miembros restantes de la UE bloqueen el pacto alcanzado.

Con todo, el ministro consideró poco probable ese escenario, que obligaría al Reino Unido a comerciar con la Unión bajo las normas de la Organización Mundial del Comercio, una situación potencialmente perjudicial para la economía británica.

Además de la posibilidad de que un eventual acuerdo quedara paralizado por otros países de la UE, el Gobierno afronta también el riesgo de que el propio Parlamento británico ponga palos en las ruedas al proceso de salida de la Unión.

Al abandonar el bloque, el Reino Unido deberá transponer a su legislación miles de normas comunitarias, un proceso que necesitará el visto bueno de los diputados.

Se da por hecho que la Cámara de los Comunes, con mayoría conservadora, apoyará las decisiones del Gobierno en ese sentido, si bien existe la posibilidad de que la Cámara de los Lores, donde muchos de los escaños son hereditarios o están ocupados por miembros de la Iglesia Anglicana, ponga obstáculos a algunos cambios legislativos.

"El Gobierno está cumpliendo un mandato muy claro por parte de los ciudadanos. La Cámara de los Lores sería muy poco sabia si no tomara ese mandato seriamente y optara por el camino del bloqueo", dijo Davis ante el comité de Asuntos Exteriores.

Cuando el Parlamento deba pronunciarse sobre aspectos legales del "Brexit", probablemente en el último tramo de las negociaciones con Bruselas, ya no estará en los Comunes el ex primer ministro David Cameron, que ayer puso fin a su carrera política en primera línea al renunciar a su escaño por el Partido Conservador.

El antiguo líder "tory", que obtuvo la mayoría absoluta en las elecciones generales de 2015, ya había dimitido como primer ministro poco después de la victoria del "Brexit" en el referéndum del 23 de junio, un plebiscito que él mismo convocó con el convencimiento de que se impondría la opción de la permanencia en la UE.

Con 49 años, Cameron, que en 2010 se convirtió en el jefe de Gobierno británico más joven en cerca de dos siglos, ha consumado ahora su desaparición de la escena pública bajo el argumento de que su presencia en el Parlamento sería una "distracción" para el nuevo Ejecutivo de May en los tiempos de incertidumbre que se avecinan.

Entre otros aspectos complejos, Londres deberá iniciar relaciones comerciales bilaterales con decenas de países una vez esté fuera de la UE, un escenario que obligará a doblar o triplicar el presupuesto del Ministerio de Asuntos Exteriores, según calcula el comité de la Cámara de los Comunes.

Por Guillermo Ximenis

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