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Womad, un paseo por la música y los sabores del mundo sin salir de Cáceres

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Womad, un paseo por la música y los sabores del mundo sin salir de Cáceres

Womad, un paseo por la música y los sabores del mundo sin salir de Cáceres

El festival Womad de Cáceres ha convertido estos días a la ciudad en una "ventana" abierta a la música, los colores y los sabores de los cinco continentes, como dijo la actriz Pilar Ordóñez, encargada de leer este año el manifiesto "¡Buenas noches, Cáceres; buenas noches, Mundo!

Transitar por el casco antiguo de Cáceres y el Paseo de Cánovas es darse un paseo por el mundo, no sólo en lo musical o en lo gastronómico, sino también en lo personal y lo lingüístico, con gentes llegadas de diferentes países que se encuentran estos días como en su casa.

Porque miles de personas no han querido perderse "el gran festival que queda en España", como han coincidido los artistas llegados de todo el planeta y como han corroborado los que desde hace 22 años acuden a esta cita y los que por primera han bailado al ritmo de los sones de diez países.

En el Womad se pone de manifiesto que la música no entiende de fronteras, basta con dejarse llevar, como demostraron ayer los indio/británicos The Dhol Foundation, que con sus grandes tambores hindúes hicieron vibrar a las miles de personas que abarrotaban la Plaza Mayor, con una fusión de música electrónica con el tradicional estilo bhangra.

Piedras milenarias como las de la Plaza de San Jorge, donde la ropa multicolor, los vaqueros rotos y las rastas de los más jóvenes se funden sin complejos con los que también las llevaron pero ahora que visten de forma más tradicional, aunque si algo tienen en común es el movimiento del cuerpo al ritmo de la música.

Pero Womad es mucho más que música, con un mercado donde se puede comprar artesanía y ropa para ir a la moda del festival, con trencitas o rastas, y complementos o bisutería con piedras naturales.

Si la bebida "oficial" del Womad es el calimocho, para comer entre concierto y concierto se puede degustar la gastronomía de diferentes países, con las tradicionales pizzas italianas, visitar la taberna alemana o probar un couscous africano.

Además de la fiesta, también hay espacio para la reivindicación con la presencia de Amnistía Internacional, que recoge firmas en su campaña contra la pena de muerte en China.

Los más pequeños también se impregnan de ese espíritu en los talleres de fabricación de máscaras, y ayudan en la construcción de dos grandes monstruos que participarán en el desfile con el que mañana se cerrará el festival.

Pero antes, el Womad servirá hoy las últimas ocho horas de música en una completa ración de ritmos y estilos procedentes de Sudáfrica, Australia, Mali y España.

El broche final y de lujo lo pondrá después de la medianoche, en la Plaza Mayor, la maliense Rokia Traoré, que acercará la tradición sonora de su país con un filtro muy personalizado por esta artista.

La música de Mali, país al que homenajea el festival este año, cierra así la intensa programación musical.

Un festival unido indisolublemente a la historia de Cáceres y viceversa, que ha acuñado el término "womero" para referirse a las miles de personas que cada año no se pierden esta cita.

Los "womeros" de ayer, de hoy y de mañana -los pequeños vestidos con ropas multicolores que miran sorprendidos a los músicos y se mueven espontáneamente-, tienen esta noche y mañana una nueva cita con el mundo sin salir de Cáceres.

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