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Discapacitados a sueldo del Gobierno

Un relato alternativo sobre el asalto a la casa de Luis Bárcenas por parte de un señor con discapacidad

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Escena interior. Es de noche. Palacio de La Moncloa.

El presidente está sentado tras una gran mesa. Mira un partido de tenis en su iPad Air. Llaman a la puerta. El presidente esconde el iPad bajo un Financial Times. Olvida detener el vídeo. Se oirá durante toda la escena.

Entra la secretaria general del partido.

***

Secretaria.—Presidente, no ha funcionado.

Presidente.—Maldita sea…

El presidente le hace un gesto para que se siente. Así lo hace.

Secretaria.—Sabíamos que era una posibilidad.

El presidente se levanta de su asiento, camina hacia una vitrina en la esquina de la habitación y saca de ella un puro. La secretaria mantiene la mirada al frente. El presidente corta el puro, lo enciende y aspira con fuerza. Suelta el humo y vuelve a su puesto.

Presidente.—No debería haber escuchado a Plantero.

Secretaria.—A veces, ya sabe, tiene ocurrencias que…

El Presidente asiente y aspira otra calada.

Presidente.—¿No consiguió ningún disco?

Secretaria.—Ninguno.

Presidente.—¿Sabemos que están en la casa?

Secretaria.—Al 99 por ciento.

Presidente.—De todas formas, un minusválido…

La secretaria tuerce el gesto de forma involuntaria.

Presidente.—O discapacitado o diverso funcional... Me da igual. No se puede enviar a una tarea tan importante a alguien así.

Secretaria.—Por lo visto, no ató bien las cuerdas.

Presidente.—¿Cantará?

Secretaria.—No sabe quién le pagó por el robo.

Presidente.—¿Los periódicos destacarán su minusvalía? ¿Hemos hablado con Marhuenda?

Secretaria.—Va a preparar una pieza sobre delincuentes con discapacidad.

Presidente.—Muy bien.

Silencio.

La secretaria duda por un instante y luego se lanza.

Secretaria.—Sabe usted que estamos reduciendo el presupuesto para la Dependencia...

El presidente asiente.

Secretaria.—Esta podría ser una oportunidad para justificar las medidas.

El presidente la mira. Es una mirada temerosa y orgullosa al tiempo. Ha creado un monstruo, pero es su monstruo.

Secretaria.—Podríamos plantear que ciertos diversos funcionales son un peligro para la sociedad, que algunos deberían estar en residencias… Los que tienen problemas mentales, digo.

Presidente.—Puede ser una idea...

Secretaria.—Después abordamos a los que van en silla de ruedas... No son rentables. Hay que tratarlos como personas y tal, pero de ahí a gastar en rebajar escalones y cosas así… La austeridad manda.

Presidente.—Si tuviéramos algún tipo en silla de ruedas apoyando a la izquierda abertzale...

Secretaria.—Seguro... Los discapacitados son ETA.

El presidente asiente y piensa unos segundos.

Presidente.—¿No habrá rechazo?

Secretaria.—Sí, pero… Qué van a hacer?

Presidente.—No entiendo...

Secretaria.—Los mineros pueden lanzar cohetes, los médicos paralizan hospitales y los de basuras... recuerde cómo dejaron Sevilla. Pero ¿qué pueden hacer unos tipos en silla de ruedas o con bastones?

El presidente comprende.

Presidente.—No tienen poder...

Secretaria.—Exacto.

El presidente da una chupada al puro.

Presidente.—Sin embargo, ahora hay voces que piden entrar en política, en los medios…

Secretaria.—Por eso hay que cortarlo antes.

Presidente.—Habla con Arturo, a ver qué opina. Él piensa que hay que dejarlos nacer, salgan como salgan.

Secretaria.—Sí, pero a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César.

Presidente.—De acuerdo. Lo ponemos en marcha. Pero, por favor, esta vez deja a Plantero al margen.

La secretaria sonríe y sale de la habitación.

El presidente retira el Financial Times, coge el iPad y continúa viendo el partido.

______________________

*** Esta escena, por supuesto, es política ficción. Pero esto sí ocurrió.

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