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Los mineros son recibidos como héroes y encienden las calles de Madrid

Madrid se había acostumbrado al "vamos despacio porque vamos lejos", a las manos al aire y "estas son nuestras armas", al "somos el 99%", a la pancarta creativa y al lenguaje incluyente. Y llegaron los mineros.

Puños en alto. La orquesta tocando La Internacional, canciones de Labordeta, el himno de Asturias y el Santa Bárbara. "Que viva / la lucha / de la clase obrera" y gritos de resistencia. Petardos, banderas de partidos de izquierdas y sindicatos, testosterona y emoción. Una narrativa de clase, sin líderes pero con héroes: la hilera de mineros que sobre las once de la noche pasaba junto al arco de Moncloa entre los vítores de decenas de miles de personas.

Parece que llegan de la guerra, se comenta en Twitter. La batalla contra el calor de los mineros ha recorrido 400 kilómetros desde el 22 de junio, cuando partieron desde diferentes puntos de España. La batalla contra la desaparición de sus puestos de trabajo comenzó mucho antes y tenía fecha para una derrota pactada: 2018. Pero los recortes se han llevado por delante la planificación y el vacío se les antoja muy cerca. Para ganar fuerza negociadora, los mineros seleccionados para las marchas han ido recogiendo apoyo y atención mediática para que en esta última parada, Madrid, les recibiera una multitud que pusiera la solidaridad con las familias de las cuencas mineras por encima del debate sobre la energía o la subvenciones al sector. Lo han conseguido.

Cinco filas de mineros avanzaban en paralelo por las grandes avenidas de Madrid. Entre ellos y la gente, primero un cordón de la organización de la marcha; luego, otro cordón - de hecho una gruesa cuerda - que han tenido que formar los bomberos de Madrid para evitar avalanchas.

Tadios espera el paso de los mineros sobre los hombros de su padre. Miguel Ángel lo ha traído "para que aprenda a luchar por lo que cree que es justo".

Como ésta, decenas de miles familias y grupos de amigos esperaban en las aceras a que pasara la marcha para aplaudir a su paso y ponerse a la cola para avanzar. Tono: pacífico. Edad media: no era una de mayoría de jóvenes, a pesar de que la madrugada de un miércoles no invita a trasnochar.

La furgoneta que abre camino con el Santa Bárbara en bucle por megafonía llega a Sol. Las especulaciones sobre si se iba a acampar en la plaza desaparecen: a descansar para la manifestación que han convocado para las once de la mañana y que finalizará ante el Ministerio de Industria. Los mineros salen de la plaza poco a poco, parándose aquí y allá con personas que les piden posar con ellos para una foto.

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