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Análisis

El Supremo británico no prohíbe la exportación de armas a Arabia Saudí, pero debilita su posición internacional

La sentencia afirma que es probable que la campaña de bombardeos de Arabia Saudí en Yemen haya violado las leyes humanitarias, pero también se dice que esa evaluación la debe hacer el Gobierno británico y no el tribunal

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El 66% de los habitantes de Reino Unido no tiene buena opinión de Arabia Saudí. En Francia y en Alemania, el porcentaje se acerca al 75%. EFE

Es probable que el Gobierno británico se haya sentido aliviado con el reciente fallo de su Tribunal Superior de Justicia: la máxima corte consideró conforme a la ley las autorizaciones extendidas por Londres a las empresas británicas que exportan armas a Arabia Saudí para ser usadas en el conflicto de Yemen. Pero lo cierto es que el fallo no contribuye a mejorar la relación de Reino Unido con Riad. Y mucho menos a poner fin a la salvaje guerra civil de Yemen.

El dictamen se centra en la forma en que el Gobierno tomó la decisión y no en si fue o no una buena decisión. La sentencia afirma que es probable que la campaña de bombardeos de Arabia Saudí en Yemen haya violado las leyes humanitarias internacionales, pero también se dice que esa evaluación corre por cuenta del Gobierno británico y no de la Corte. Probablemente la resolución sirva para aumentar la presión política en favor de una ley de venta de armas más dura, en la que se reduzca el umbral para prohibirlas.

El Partido Laborista ya ha dicho que prohibiría la venta de armas a Arabia Saudí. En EEUU, cada vez hay más presión contra la exportación de armas y la reputación de Arabia Saudí se está viendo afectada. Según una encuesta de YouGov publicada estos días, el 66% de los habitantes de Reino Unido no tiene buena opinión de Arabia Saudí. En Francia y en Alemania, el porcentaje se acerca al 75%. Incluso en EEUU, las opiniones se están inclinando en contra de los saudíes, uno de los aliados más cercanos de Washington.

Ahora que Arabia Saudí se ha metido en un nuevo conflicto con Qatar, su Estado vecino en el Golfo Pérsico, las capitales europeas creen que se les está acabando la paciencia con Riad.

No ayuda a la posición saudí el hecho de que el Ministerio de Asuntos Exteriores de Reino Unido haya ganado la demanda presentada por la organización  Campaign Against Arms Trade (CAAT) gracias, en gran parte, a pruebas presentadas por los servicios de seguridad británicos a puerta cerrada. La relación entre Reino Unido y Arabia Saudí está envuelta en demasiados secretos. Sigue pendiente de publicación un informe del Gobierno británico sobre la financiación extranjera del extremismo en Reino Unido, un documento en el que las organizaciones benéficas de Arabia Saudí seguro que tienen un lugar destacado.

En la misma línea, el Ministerio de Asuntos Exteriores ha redactado un informe sobre la nueva estrategia en el Golfo “solo para personal del Ministerio”. Desde el Brexit, el Gobierno británico considera al Golfo Pérsico crucial para su futuro económico. Pero es poco lo que se comenta públicamente sobre el desarrollo de esta relación. Una relación más abierta requeriría un cambio cultural drástico por parte de los saudíes, que incluyera explicar públicamente cómo piensan llevar a cabo y ganar la guerra en Yemen.

El nuevo viceministro de Relaciones Internacionales para Oriente Medio, Alistair Burt (un veterano de Asuntos Exteriores), tiene la oportunidad de escribir una nueva página con los saudíes exigiéndoles mejoras en su campaña aérea en Yemen. El anterior, Tobias Ellwood (actualmente en el Ministerio de Defensa) mantenía una postura combativa y exigía mayor apertura a los saudíes, pero casi nunca los reprendía en público cuando no publicaban de forma rápida y transparente las evaluaciones sobre los ataques específicos que salían mal.

A ningún Ejército le gusta hacer publicidad de sus fracasos, pero los saudíes han sido el colmo en este aspecto. También hay dudas sobre su sinceridad con el Gobierno británico en lo relativo al uso de bombas de racimo provistas por Reino Unido. De manera similar, Reino Unido se ha mostrado evasivo en más de una ocasión ante la pregunta de si entrena a los pilotos saudíes para la guerra en Yemen o si solo los ayuda en las evaluaciones posteriores a los ataques aéreos.

Tanto en la Cámara de los Comunes como en la de los Lores, varios comités han defendido la necesidad de endurecer la exportación de armas a Arabia Saudí. Armados con la reciente sentencia judicial, los ministros podrán ahora desestimar las quejas de los laboristas.

Pero hace tan solo una semana, los conservadores Lord Howell (presidente del comité de relaciones internacionales de la Cámara de los Lores) y Lady Helic (exasesora especial de Lord Hague como secretario de Asuntos Exteriores) también pedían la suspensión de la venta de armas de combate a Arabia Saudí. No es solo un asunto privado de sutilezas jurídicas relativas a las leyes humanitarias internacionales. Se trata de un problema moral sobre la protección de los civiles durante una guerra.

Pero sobre todas las cosas, el fallo del Tribunal Superior no hace nada por acercar el fin del conflicto en Yemen entre los rebeldes huzíes, apoyados por Irán, y el Gobierno de Abd Rabbu Mansour Hadi, apoyado por la ONU y por los saudíes. Al comienzo de la guerra, los saudíes creían poder derrotar rápidamente a los huzíes gracias a su poder de fuego aéreo. Hasta ahora, no ha resultado así.  La guerra ha entrado ya en su tercer año y casi 13.000 civiles han perdido la vida o han resultado heridos.

Yemen se enfrenta a una gran epidemia de cólera, con más de 300.000 supuestos casos en los últimos dos meses. El lunes, el comité internacional de la Cruz Roja dijo que, desde su comienzo en abril, la epidemia del cólera “sigue fuera de control”. Más de 21 millones de personas necesitan algún tipo de ayuda humanitaria. Desde marzo de 2015, al menos 3 millones de yemeníes se han visto obligados a abandonar sus casas.

Si el conflicto continúa indefinidamente, el peligro es un auge de ISIS. Los argumentos jurídicos en los Tribunales de Justicia del Reino Unido tienen importancia, pero frente a la magnitud del conflicto en la región parecen poca cosa.

Traducido por Francisco de Zárate

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