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TTIP: ¿mitos o realidades?

José Manuel González-Páramo

Consejero ejecutivo de BBVA —

Durante los últimos meses son muchas y muy diversas las afirmaciones que se han publicado en contra del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Europa, más conocido como TTIP (por sus siglas en inglés: Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión). ¿Hasta qué punto se basan en mitos o en realidades?

El TTIP es un acuerdo que se está negociando entre la Unión Europea y EEUU: para avanzar hacia un mercado único entre ambas regiones, más integrado y más grande y por lo tanto, más favorable para el crecimiento económico, la inversión y el empleo en ambos lados del Atlántico. El TTIP se lleva negociando desde hace más de dos años y a lo largo de 2016 deberían finalizar las negociaciones. Es ahora más importante si cabe que nunca conocer las implicaciones que este acuerdo tendrá para la sociedad europea y española en particular.

Las implicaciones del TTIP para el poder de las empresas, la posible pérdida de empleos en determinados sectores, la defensa del medio ambiente, el riesgo para los estándares alimentarios o los derechos laborales preocupan a gran parte de la sociedad europea. Para despejar algunas de las dudas existentes, me gustaría dar respuesta a algunos de los mitos más recurrentes que existen sobre estos puntos en relación al TTIP:

Empresas más beneficiadas

Mito: las grandes multinacionales serán las principales ganadoras del TTIP, mientras las pymes serán las grandes perdedoras.

Realidad: las pymes se beneficiarán más que las grandes empresas, que ya trabajan hoy a nivel transatlántico. La eliminación de barreras burocráticas y legales para abordar una actividad económica en un nuevo mercado abrirá nuevas posibilidades a todas las empresas, pero la pequeña y mediana empresa se beneficiará más, por su falta de suficientes recursos para enfrentarse a los obstáculos para exportar que las multinacionales sortean con facilidad. Para las pymes, el acuerdo será la puerta de acceso a mercados que hoy son inaccesibles.

Esto es especialmente significativo en el contexto español donde más del 90% de las empresas exportadoras españolas son pymes y además muy dependientes de los mercados europeos.

La crisis nos ha demostrado que el sector exportador es uno de los mayores activos de la economía española. Pero esta situación no nos debe llevar a la complacencia pues las economías emergentes están haciendo grandes avances en sus exportaciones con bienes de gran contenido tecnológico, alta gama y elevada calidad. Adicionalmente, acuerdos comerciales como el recientemente firmado entre Estados Unidos y varios países del pacífico pueden decantar las importaciones americanas hacia esta parte del mundo en detrimento del mercado europeo, con el consiguiente impacto en la pérdida de empleos.

Empleo

Mito: el TTIP destruirá empleos.

Realidad: la firma del TTIP supondrá en esencia un aumento de la competencia, en un proceso similar al que supuso la entrada de España en la Comunidad Europea, algo que favorece la actividad económica y el empleo del conjunto del país. El TTIP favorece la internacionalización de las empresas españolas al reducir las barreras al comercio y facilitar los flujos de inversión. Crear más y mejor empleo requiere la eliminación de barreras económicas, legales e institucionales que favorezcan la creación de empresas y su crecimiento. Con ello aumenta la productividad de nuestras empresas y por tanto del conjunto de la economía española, única vía que asegura un crecimiento sostenible de la actividad y del empleo.

En todos los estudios, España figura como uno de los principales beneficiarios del TTIP, no solo en términos del aumento del PIB, sino también de crecimiento de salarios y empleo.

Derechos laborales, de seguridad alimentaria y medioambientales

Mito: el TTIP debilitará los estrictos estándares de la UE sobre derechos laborales, seguridad alimentaria y medio ambiente.

Realidad: los estándares de la UE simplemente no son objeto de negociación en el marco del TTIP, que los mantendrá y garantizará que la UE siga decidiendo sus propios niveles en todas esas áreas.

Servicios públicos

Mito: el TTIP obligará a los gobiernos de la UE a privatizar los servicios públicos.

Realidad: todos los acuerdos comerciales de la UE dejan libertad a los gobiernos para gestionar sus servicios públicos. El TTIP no es una excepción.

Respeto de las leyes nacionales por parte de las multinacionales

Mito: el TTIP permitirá a las empresas estadounidenses interponer demandas contra los gobiernos a su antojo.

Realidad: el TTIP reforzaría el sistema actual de resolución de diferencias entre las empresas extranjeras y los gobiernos.

La Comisión Europea ha propuesto una modificación del mecanismo de resolución de controversias, que pasa a llamarse ICS (Investment Court System). Se trata de un nuevo sistema para resolver disputas entre inversores y Estados para cuyo diseño se han integrado las exigencias del Parlamento y de la consulta pública. Se sustituirán los árbitros por jueces cualificados y se incluye la obligación de transparencia en las decisiones, además de una doble instancia para permitir la apelación de las resoluciones.

Transparencia

Mito: el Gobierno de Estados Unidos y la Comisión Europea están negociando en secreto el TTIP.

Realidad: la Comisión Europea está en contacto cercano con los gobiernos de los 28 Estados miembros de la Unión, antes y después de cada reunión. También informa regularmente al Parlamento Europeo y consulta extensamente con otras partes implicadas (ONGs, sindicatos, organizaciones empresariales, organizaciones de consumidores u organizaciones ecologistas). Los detalles de la negociación en marcha son de sobra conocidos, basta hacer una búsqueda en Internet para encontrar los sitios dedicados al TTIP por la Comisión Europea, el Parlamento Europeo o la autoridad comercial de EEUU.

Me gustaría concluir destacando que dentro del período histórico de revolución digital que estamos viviendo, las barreras geográficas son cada vez más difusas y nuestra circunstancia no es ya la del barrio o la ciudad en donde vivimos, ni siquiera la del país donde radicamos. Nuestro horizonte es, al menos virtualmente, el mundo entero.

En este contexto, participar en la creación de un mercado más grande es la mejor manera para Europa y Estados Unidos de ofrecer a sus ciudadanos un camino hacia un futuro económico más brillante y próspero en una economía mundial que se globaliza a toda velocidad.

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