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Cipollino vive (la lucha sigue)

Cuando los árboles nos impiden ver el bosque

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Dolores de Cospedal y Mariano Rajoy, ¿configurando la app de eldiario.es? O_o

PP

Tomás es mi vecino. Está jubilado. Se traga las tertulias de la radio, de la televisión y monta las suyas en el parque, enfrente de casa. Digamos que Tomás está muy politizado. No hay vez que me vea y no me hable de “Mariano”, “el Sánchez”, “el Podemos”, “el Rivera” o el que sea. Los nombra con distancia, pero habla de ellos como si fueran de la familia. A Tomás lo conozco hace más de diez años y solía hablarme de pensiones, de listas de espera, de corrupción, de sus nietos precarios… Ahora, Tomás lleva un par de meses que solo me habla de Cataluña.

Como tantos jubilados, mi vecino suele estar pendiente de alguna cita médica. Espera que le operen desde que acabó el verano. Por eso, cuando le veo, suelo preguntarle por lo suyo. El otro día fui a comentarle que el tiempo para operarse en España ha aumentado 21 días en el último año. Como media, hay que esperar tres meses y medio. Tomás no me hizo mucho caso y pasó a preguntarme por “lo que están haciendo los rusos para meterse en lo de Cataluña”. Me quedé a cuadros. Me acordé del agente Cipollino.

“Puigdemont es el agente Cipollino para Rusia”, le decía el humorista ruso a Dolores Cospedal, en aquella broma telefónica. “No tenemos ninguna duda”, respondía la ministra de Defensa. Cospedal lleva ahora unas semanas insistiendo con que debe investigarse “a fondo” la “intoxicación informativa”. La ministra ha declarado que estamos ante “la amenaza de la desinformación contra nuestra democracia”. Es más, anuncia que hasta “el Ejército debe estar preparado contra informaciones que nos intoxican”.

Yo veía la cara de inquietud de mi vecino, su estado de alerta con “la intoxicación rusa”, mientras le recordaba a la ministra Báñez, diciendo esa misma mañana en el Congreso que en España “se firman más contratos indefinidos que temporales, desde la recuperación todo el empleo creado es a tiempo completo, hay más y mejor empleo...”. Allí en el Parlamento atendía Cospedal, planificando su cruzada contra las noticias falsas. Báñez es ajena al plan. Ella despacha con “la Virgen del Rocío”.

A Tomás le digo que ya no se habla de paro en los corrillos del parque. Es como si hubiera llegado el pleno empleo al distrito de Ciudad Lineal. Como si ya no se hicieran contratos de 700 euros. Tomás y sus colegas se crispan ahora con Cataluña. Se enzarzan con “las empresas que se van”, “la ruina que les espera a los catalanes”, con que “se han metido los rusos” y un vecino insiste con que “los independentistas le han hecho el caldo gordo a Rajoy para que no se hable de la corrupción y de todo lo que nos roban”.

Hay banderas de España en los balcones del barrio obrero, bajo una negra capa de contaminación y en las charletas ya no es trending topic la Gürtel, ni Bárcenas, ni Rato, ni Urdangarin, ni los contratos basura, ni que paguemos un 60% más de luz en diez años, ni que hayan hecho chorizos con el cerdito de la hucha de las pensiones. Ahora no toca tratar que los de mi generación podemos tener tantos pensionistas como trabajadores en España.

“Hay que combatir la intoxicación informativa”, afirma Cospedal. “Puigdemont es el agente Cipollino y se esconde en la Embajada rusa”, le contaba el humorista. “Claro, tiene todo el sentido”, respondía la ministra, lamentando también la colaboración “de Venezuela”. Hace un frío que hiela el corazón en el parque de mi barrio, mi vecino Tomás está inquieto con la amenaza de “los rusos”, Cipollino sigue actuando y Rajoy celebra el día de la Constitución preguntándose por qué no puede presentarse a la reelección, si no ha hecho “nada malo”. Cipollino vive, la lucha sigue.

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