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Allá ellos

Ni los directivos de los medios de comunicación ni los autores y articulistas que hacen activismo machista piensan ni por un momento en unirse al feminismo; prefieren temerlo

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Vargas Llosa, Pérez-Reverte y Marías reviven su pasión por la literatura

Javier Marías. EFE

Parece innegable que el feminismo está en auge: las feministas son más leídas que nunca, se publican libros sobre la lucha de las mujeres a un ritmo impensable unos años atrás, desde críticas al concepto actual de maternidad hasta análisis de micromachismos, y en charlas como la de Silvia Federici, que recientemente ha estado en nuestro país, se producían colas que daban la vuelta al edificio donde tenía lugar.

Muchos periódicos y cadenas de televisión han tratado desde el principio este auge para su propio beneficio, y en detrimento del propio feminismo y de las mujeres que intentan que llegue a más y más mujeres. A estos medios, no sólo no les importa frivolizar y desinformar, sino que se dedican a preguntar a todas las mujeres en sus entrevistas si se declaran feministas, para poder colocarlo como titular si alguna dice que no. Saben que el número de clics se disparará y las entrevistas llegarán a trending topic. A veces, incluso han modificado lo que la entrevistada decía, para que pareciera un sí pero no, no pero sí.

Medios que, en su formato digital -ni rastro de feminismo en su versión en papel-, ya han hecho caja con estos 'NO' que ellos mismos han conseguido arrancar, como el de Bebe, el de Cristina Pedroche, el de Paula Etxebarría, o también con el título malintencionado que escogieron Europa Press, El País o ABC a Blanca Suárez: "El feminismo es una moda", cuando ella se refería a que le parecía necesario que estuviera en auge.

Estos mismos medios que parecen tan preocupados porque sus entrevistadas se signifiquen claramente en cuanto a este tema, no sólo pasan por alto preguntar lo mismo a los hombres que invitan o que entrevistan, sino que no tienen pudor en publicar artículos que son claramente activismo machista. Así nos encontramos cada domingo con la columna de Javier Marías, que compara al feminismo con la sharía, y a las feministas con monjas; a Pérez-Reverte con su descripción del pecho de Christina Hendricks, o a uno de los reporteros de El País visitando a la ex pareja de Juana Rivas para escribir que es un hombre sosegado y que quizás ella se agobió en aquel "entorno idílico pero algo apartado".

Los que capitanean todos estos medios, al igual que quienes dirigen esas teles que titulan programas con vergonzosos "¿Feminismo sí o no?", como TeleCinco, asisten con curiosidad al interés de las mujeres por el feminismo, es decir, por su propia liberación, y le buscan el lado monetario al asunto. Han entendido que es beneficioso para el negocio preguntar a todas las mujeres si son feministas, y titularlo con este asunto si es "no". Han visto que funciona retorcer las respuestas que no son un claro "Sí" para rapiñar clics. Han decidido que no pueden dejar escapar a toda esa audiencia feminista, no están locos, claro, pero en vez de formar a su plantilla con perspectiva de género para que todo lo publicado no perpetúe el machismo, han "externalizado" el feminismo y esperan en cada reportaje y entrevista que se lo traigan ya hecho. Consiguen así lo mejor de los dos mundos: machistas soliviantando a feministas que, perplejas o enfadadas, terminan compartiendo su contenido, y por otro lado, artículos donde se despedaza a la famosa de turno que no ha sabido responder con un "Sí, soy feminista desde que nací".

Por otra parte, están también los que han dejado de tratar los asuntos que antes ocupaban sus artículos y se dedican, columna tras columna directamente a insultar, a decidir qué hace bien o hace mal este feminismo que parece estar por todos sitios, o a sentenciar cuáles son las buenas y cuáles las malas activistas, siendo éstas últimas las que a ellos les incomodan.

No llevan nada bien que haya tantas mujeres ocupando los rankings de lo más leído en los medios, que sean mujeres las  consideradas autoras relevantes. Por eso han abandonado los temas que antes ocupaban sus artículos y ahora se dedican, columna tras columna, a intentar vapulear la lucha feminista. Y es que, si esto sigue así, ¿qué será de ellos? ¿a qué altura quedarán sus comparaciones y descripciones machistas? ¿qué mujeres comprarán sus libros llenos de protagonistas supermasculinos y de mujeres planas y secundarias si esto se extiende? 

Ni los directivos de estos medios ni los autores y articulistas que hacen activismo machista piensan ni por un momento en unirse al feminismo; prefieren temerlo.

Con lo beneficioso que sería que aceptaran el progreso y colaboraran con nuestra lucha, que trabajaran contra sus propios prejuicios y usaran los recursos a su alcance para hacer de sus periódicos, de sus televisiones y de sus libros, espacios para todas y para todos. Pero el miedo al cambio y a perder privilegios los ata a la poltrona, y al final son más esclavos de ésta que sus beneficiarios, porque la ocupan pero con temor, sabiendo que más pronto que tarde el progreso hará su trabajo y el feminismo será ineludible. Allá ellos.

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