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Al día siguiente de la victoria

Efe.

Isaac Rosa

El domingo celebraré como el que más la victoria de Syriza, pero por más que lo intento no consigo contagiarme del optimismo desatado que veo por aquí. La idea de que un Gobierno de Syriza será el comienzo del vuelco europeo, la remontada de las víctimas del 'austericidio' y el comienzo del fin de la crisis suena bonito. Que además correspondiese el protagonismo a los maltratados griegos tendría algo de justicia poética. Y que su onda expansiva alcance a otros países, empezando por el nuestro, qué más podríamos pedir.

Pero me temo que las cosas no son tan fáciles. Al contrario: siguen siendo muy difíciles. En Grecia, en España, en Europa. Y reconocer esa dificultad no significa caer en el desánimo ni dejar de alegrarse por la victoria, sino ir preparándose para lo mucho que habrá que trabajar.

Grecia no va a resolver sus gravísimos problemas solo con la victoria de Syriza. Al día siguiente de las urnas es cuando empieza el problema. Que sí, que es otro problema distinto a los que ya tienen hoy, pero se suma a los actuales, que no desaparecen. El futuro inmediato de los griegos es aterrador, y el lunes Grecia seguirá siendo un país pequeño, periférico, pobre, asfixiado y dependiente. Y seguirá teniendo enfrente a los acreedores, los mercados, Merkel, la troika y la insolidaria Europa.

¿Es que Syriza no puede hacer nada? Todo lo contrario: si consiguen una mayoría suficiente, podrán intentar una política económica radicalmente diferente a la de los últimos años, lanzar un verdadero plan de rescate ciudadano y forzar una negociación con la troika y los acreedores. Pero esto, que se escribe en tres líneas, a la hora de aterrizarlo será largo y complicado.

Si de algo nos servirá a los españoles una victoria de Syriza es precisamente para darnos cuenta, en los próximos meses, de lo difícil y costoso que es el cambio. Del precio a pagar. Y de la importancia de contar con un fuerte respaldo ciudadano que vaya más allá, mucho más allá, de meter el voto en la urna. Si Tsipras quiere cumplir lo prometido (y ha suavizado ya mucho su programa), necesitará tener detrás a los griegos, y que estos estén dispuestos a pagar el precio y hacer frente a las presiones internas y externas. Necesitará otras cosas (apoyo de otros países), pero si de entrada no cuenta con ese respaldo social, apaga y vámonos.

Claro, háblale tú a los griegos de dificultades. ¿Puede ser peor que lo que tienen hoy? No, seguramente no. Pero no tener en cuenta las dificultades venideras asegura futuras decepciones.

Por eso para los españoles será una buena noticia la victoria de Syriza. No por ningún efecto contagio, ni porque podamos mirarnos en un espejo imposible; sino porque entendamos de una vez que, si de verdad queremos un cambio radical (¿queremos?), ganar las elecciones es solo el principio, incluso la parte más “fácil”. Si al día siguiente de la victoria no tienes una población consciente y dispuesta a respaldar a toda costa tus políticas, se te acabará muy pronto la cuerda.

Eh, no se me desinflen, que esto no es un cubo de agua fría. Es más bien una toma de tierra. A lo mejor hoy, en pleno subidón, no parece oportuno un recordatorio así. Por eso precisamente hay que escribirlo.

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