Los astronautas de la misión Artemisa II vuelven a la Tierra y completan con éxito un retorno histórico a la Luna
La cápsula Orión ha amerizado con éxito a las 02:07 de esta madrugada (hora peninsular española) en las aguas del océano Pacífico, frente a las costas californianas, poniendo fin al viaje histórico de la misión Artemisa II, el primer vuelo tripulado a nuestro satélite desde los tiempos de las misiones Apolo. Sus cuatros tripulantes están en perfecto estado de salud y el reingreso se ha producido sin incidentes.
Tras el amerizaje en el océano Pacífico, los astronautas fueron recibidos por un equipo conjunto de la NASA y las fuerzas armadas estadounidenses que los ayudó a salir de la nave en aguas abiertas y los transportó en helicóptero al USS John P. Murtha para los primeros exámenes médicos. Se espera que los miembros de la tripulación regresen al Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston este sábado (hora local).
Con este exitoso retorno, en un viaje de diez días que ha transcurrido sin sobresaltos y con una precisión asombrosa, Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen se han convertido en los seres humanos que han completado un viaje más lejano jamás realizado y han puesto la primera piedra de un programa con el que la NASA persigue llevar a sus astronautas a la Luna antes de que lo hagan los chinos.
Durante la misión, en la que ha jugado un papel esencial el Módulo de Servicio Europeo (ESM), se ha probado la viabilidad de los sistemas de la nave y se han disipado algunos temores sobre la resistencia del escudo térmico ante las temperaturas extremas de la reentrada.
Un hito para la diversidad
En esta ocasión la tripulación ha aportado una diversidad que no estaba presente en las misiones de los años 60 y 70. Comandados por Reid Wiseman, el equipo ha estado formado por la primera mujer en viajar a la Luna, Christina Koch; el primer hombre negro, Victor Glover; y el primer astronauta internacional no estadounidense, el canadiense Jeremy Hansen. Juntos han tratado de demostrar que esta nueva etapa de exploración espacial representa a toda la humanidad, un mensaje que resulta especialmente contradictorio ante las políticas migratorias y sociales de la administración Trump, que ha empañado su hazaña espacial con sus amenazas de destruir la civilización iraní y su anuncio de nuevos recortes en la NASA.
Durante su expedición, los astronautas han viajado más de un millón de kilómetros y han batido el récord absoluto de lejanía establecido por el Apolo 13. También han podido ver iluminadas por el sol algunas zonas de la cara oculta del satélite y han disfrutado de algunas imágenes que quedarán entre las más bellas de la historia espacial, desde el majestuoso “ocaso terrestre” en el horizonte lunar al espectacular eclipse solar que presenciaron al sobrevolar la Luna o la nueva imagen de nuestro planeta azul en mitad de la oscuridad.
El éxito de esta misión es el reflejo de un enorme esfuerzo científico y de una sólida cooperación tecnológica internacional. Gran parte del éxito operativo se debe al Módulo de Servicio Europeo, equipado con componentes vitales desarrollados en España, que se encargó de proporcionar propulsión y soporte vital durante todo el trayecto hasta su desprendimiento previo al amerizaje. Asimismo, el viaje ha servido de laboratorio para proyectos médicos pioneros, como el análisis de tejidos de médula ósea en microchips, cuyos datos serán esenciales para proteger a los viajeros del futuro.
Con la tripulación ya recuperada y a salvo, las agencias espaciales pueden respirar tranquilas tras confirmar que la tecnología actual está lista para dar el siguiente gran paso. La NASA asegura que el camino queda despejado para que en unos años el ser humano vuelva a pisar la superficie de la Luna y diseñar las primeras bases permanentes que servirán de plataforma para los viajes a Marte.
Sentimientos encontrados
Para los científicos y expertos en aeronáutica, estas afirmaciones sobre la colonización de la Luna son exageradas y responden al interés de la NASA de contentar a Donald Trump y sus ansias por resaltar la hegemonía estadounidense. Son precisamente estas injerencias políticas las que han dejado a muchos un sabor agridulce.
Javier Pedreira, especialista en aeronáutica y cofundador de Microsiervos, considera que “lo más positivo de esta misión es que hemos vuelto –más o menos– a la Luna con una misión tripulada, lo que encaja con nuestra visión de la humanidad como una especie curiosa y exploradora”. “Lo negativo: que no creo que sea para quedarnos, por mucho que lo diga Isaacman [el administrador de la NASA]. Eso depende demasiado de la voluntad política de la administración estadounidense de turno y no sé qué pasará después de Trump”.
Nahúm Méndez Chazarra, geólogo y divulgador, subraya que volver a la Luna es realmente interesante desde el punto de vista científico. “Es posible que conserve muchas pistas sobre la formación de nuestro planeta y quizás encontremos pistas muy interesantes que nos ayuden a esclarecer como fue la infancia de la Tierra”. En cuanto a los aspectos más negativos, lamenta que la ventana de observación haya sido realmente corta “al no haber podido entrar en órbita y poder disfrutar de unas vueltas más a la Luna con las que poder cubrir mucho más de su superficie”.
Pedro León, escritor y especialista en exploración espacial, destaca que el cohete SLS, a pesar de los retrasos y costes, ha demostrado que es un cohete muy fiable y el papel jugado por el Módulo de Servicio Europeo (ESM), a pesar de que la NASA lo ha obviado en casi todas sus comunicaciones. “Pero el mayor éxito han sido sin duda las fotografías obtenidas durante el viaje”, resume. “La vista de un planeta Tierra resplandeciente en la oscuridad, el eclipse solar desde la Luna y la visión de ambos mundos juntos han servido de inspiración para muchos jóvenes y nos ha permitido durante unos instantes acompañar a los astronautas fuera de este mundo”.
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