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Dollo Ado: vida después de la crisis en el Cuerno de África

Niños juegan en el parque del campo de refugiados. Foto: ACNUR/J.Ose

En el caso de Dollo Ado, un año después, la tasa de malnutrición entre los niños ha empezado a estabilizarse. Muchas personas se han trasladado de sus tiendas a casas semi permanentes. Además, ACNUR está llevando a cabo programas de sustento y proyectos ambientales para los refugiados y las comunidades de acogida. Hoy la zona de Dollo Ado acoge 5 campos con una población total de casi 170.000 refugiados.

A pesar de que dada la situación actual en Somalia volver a casa es muy poco probable para estos refugiados y de que todavía existen muchas necesidades, queremos compartir todos los avances que ya se han hecho y que se pueden ver en estas fotos.

Refugiados son trasladados desde la frontera hasta el campo de Dollo Ado. Foto: ACNUR/J.Ose

Refugiados son trasladados desde la frontera hasta el campo de Dollo Ado. Foto: ACNUR/J.Ose

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El coste de la violencia para los congoleños

Campo de refugiados de Mugunga III, Congo. Foto: ACNUR/F.Noy

También se conoce a la RDC como la “ Capital Mundial de las violaciones”, que han sido denunciadas y consideradas por la ONU como crimen de guerra y de lesa humanidad. Estimaciones conservadoras de Naciones Unidas calculan que en la RDC 48 mujeres son violadas cada día por los grupos armados que luchan por el poder y el control de la región de los Kivus, al este del país, donde se concentran buena parte de las minas de coltán, casiterita, oro y diamantes.

ACNUR viene alertando desde el mes de abril del recrudecimiento de la violencia en Kivu norte, por los combates entre las milicias Mai Mai y el Frente Democrático de Liberación de Ruanda, y en Kivu sur, entre las fuerzas gubernamentales y el grupo M23, que en pocos meses ha provocado el desplazamiento interno de más de 500.000 personas y la búsqueda de protección en Ruanda y Uganda de 60.000 refugiados congoleños. 

Las necesidades de protección, alojamiento y asistencia humanitaria son enormes en el este de Congo, donde decenas de miles de personas viven en campos gestionados por ACNUR y muchos más en asentamientos espontáneos o con familias de acogida.

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La dura vida de los refugiados sirios en el norte de Irak

Niño recibe mantas de ACNUR en el norte de Irak. Foto: ACNUR

Para Ahmed* dejar Siria era, literalmente, un asunto de vida o muerte. Este hombre de 43 años estuvo luchando contra un cáncer de estómago durante seis meses antes de huir de su país el pasado mes de agosto hacia Erbil, la principal ciudad en la región del norte del Kurdistán iraquí. Hasta entonces estuvo viajando a Damasco cada dos semanas para recibir tratamiento médico. Pero cada vez era más difícil recorrer esa distancia desde su casa, en el noreste de Siria, hasta la capital. "Mi vida estaba en peligro, no podía encontrar más medicinas y estaba a punto de morir. Tuve que dejar Siria para salvar mi vida" dijo Ahmed.

Como él, más de 73.150 personas refugiadas sirias han huido a Irak, que ha abierto sus fronteras a los refugiados sirios que huyen de la guerra civil en el país, pero también recibe a sus propios ciudadanos que anteriormente habían huido a Siria para escapar del conflicto armado que surgió tras la invasión por parte de EE.UU. en 2003.

El clima invernal ha afectado al norte del país, donde las fuertes nevadas han dificultado la vida de los refugiados y de la comunidad local. A pesar de los trabajos de preparación para el invierno que ACNUR ha realizado los últimos meses, muchos refugiados tanto en campos como fuera de ellos están sufriendo duras condiciones de frío y lluvia. Estas personas están haciendo frente además a los altos precios de los productos básicos.

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¿Cómo puede ser mi hogar si nunca he visto mi país?

Un bebé, nacido como refugiado en Tanzania, en su primera mañana en Burundi, su país. Foto: ACNUR/K.McKinsey

En menos de seis semanas, entre finales de octubre y el 11 de diciembre, ACNUR y sus socios ayudaron a más de 34.000 refugiados burundianos a volver a este país desde Tanzania. Un 60 % de ellos son niños menores de 18 años, la mayoría nacidos en el exilio de padres que huyeron del conflicto civil de Burundi en los 90.

"Su reintegración va a ser un gran reto" dice Maguelone Arsac, oficial de servicios comunitarios de ACNUR en Burundi. Los niños "nunca han oído hablar cosas buenas de ‘su país’ añade Arsac. De hecho, cuando alguien de su familia hablaba de volver, Claudine siempre se oponía al traslado. "He oído que la gente de Burundi se matan unos a otros, se disparan unos a otros" dice.

Ahora que ha vuelto con su madre y su hermana pequeña, le parece difícil creer que Burundi de hecho sea un país en paz, después de todas las historias que ha escuchado en el campo de refugiados.

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"Deseamos lo mejor pero nos preparamos para lo peor"

Valetín Tapsoba, coordinador de ACNUR en la emergencia de Mali

Tapsoba está basado en Dakar, Senegal, pero recientemente ha visitado varias capitales europeas para entrevistarse con donantes y periodistas para generar una fuerte respuesta humanitaria para esta crisis.

Cuando te despiertas por la mañana y enciendes la radio o la TV ves cómo los medios están informando sobre Siria. Pero es raro escuchar algo sobre Malí. Y sé que la accesibilidad es complicada. Pero un niño refugiado que huye de Malí a Burkina o Mauritania o Níger tiene las mismas necesidades de protección y asistencia que un niño sirio que cruza a Jordania, Líbano o Turquía. Los refugiados de Malí están traumatizados y no deberían ser olvidados”, señala Tapsoba

 Tal y como señalamos en uno de los post anteriores, una de las mayores preocupaciones es el agua. En una situación de emergencia deberían tener al menos 15 litros por persona y día pero en Níger, por ejemplo, están muy por debajo (para que os hagáis una idea, en España, el consumo medio por persona y día es de 126 litros). En el Sahel puedes cavar pozos pero es muy poco probable que encuentres agua. Incluso cuando la encuentras, puede estar demasiado salada y tienes que tratarla. O puede que no llegue para calmar la sed de los refugiados, las familias que les acogen y los animales. Cuando los refugiados huyen a Burkina, por ejemplo, llevan ganado. Tienes que darles agua también para el ganado porque es una de las fuentes de resiliencia para ellos.

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La situación de los refugiados en el mundo

ACNUR/B.Sokol

“Nada grande y bueno puede promoverse en el mundo sin cooperación”, dijo Fridtjof Nansen, el primer Alto Comisionado para los Refugiados de la Sociedad de las Naciones. Hoy, en una época de dificultades económicas y cuando la preocupación por la seguridad es creciente, los Estados  tienden, como es comprensible, a centrarse en el bienestar de sus propias poblaciones. Aún así, los desafíos globales reclaman más cooperación y solidaridad internacionales, no menos.

Las tendencias actuales del desplazamiento forzado están poniendo a prueba el sistema humanitario internacional en un grado que no tiene precedentes. Mientras el número de personas “competencia de ACNUR” ha aumentado, pasando de 19,2 millones en 2005 a casi 34 millones a principios de 2011, la proporción de refugiados entre ellas se ha reducido, pasando del 48 al 29%. Esto significa que el principal aumento se ha dado en los desplazamientos internos, dentro del propio país. De hecho, el informe, que abarca el período 2006-2011, señala que uno de los cambios fundamentales (y principal reto) es el creciente número de personas desplazadas internas , 26 millones a nivel mundial. Y esta cifra no incluye a los millones de palestinos desplazados que están bajo el mandado de la UNRWA.

Por ello, ACNUR ha adaptado sus operaciones para responder a las necesidades de un gran número de desplazados internos y apátridas en todo el mundo; ya no se le puede considerar un organismo sólo para los refugiados.

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Agua para el Sahel

Niño en campo de refugiados de Burkina Faso. Foto: ACNUR/H.Caux

El Sahel es una zona geográfica que se extiende al sur del desierto del Sahara, va de lado a lado del continente africano, y abarca total o parcialmente Senegal, Mauritania, Argelia, Mali, Burkina Faso, Chad, Sudán, Eritrea y Mali. Y ha sido en este último país donde la guerra abierta entre el gobierno y los radicales islámicos ha obligado a más de 400.000 personas a dejar sus hogares y buscar refugio en países vecinos. Países que están dando un extraordinario ejemplo de solidaridad, ya que a pesar de sufrir una sequía recurrente y una crisis alimentaria atroz, han abierto sus fronteras y sus corazones a los refugiados.

Desgraciadamente, la inmensa mayoría de estos refugiados son mujeres y niños. Los hombres han permanecido en sus hogares para cuidar del ganado y de los pocos bienes que poseen, y están siendo víctimas de todo tipo abusos por parte de los rebeldes, cuando no asesinados.

Un primer cálculo de la ayuda que se precisa, teniendo en cuenta el número de refugiados y sus necesidades básicas, nos da una cifra enorme: 119 millones de dólares. Y hace falta de todo, pero lo más urgente es agua potable. Porque la desesperación empuja a los refugiados a beberla de cualquier lugar o a obtenerla a cualquier precio: incluso teniendo que recurrir a la prostitución. Agua que además, al estar contaminada, es el origen de las enfermedades diarreicas que causan la muerte de miles de niños al día en todo el mundo.

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Ayudando a los refugiados

Niño en un campo de refugiados de Congo

El fenómeno de los refugiados y de los desplazados del siglo XX comenzó a principios de 1912 con las guerras balcánicas, asumiendo dimensiones más preocupantes con la revolución rusa y el fracaso de la contrarrevolución de 1917. En esa época, la asistencia a los refugiados y desplazados estaba en manos de organismos humanitarios, como la Liga de las Sociedades de la Cruz Roja.

Fue después de la Segunda Guerra Mundial cuando se creó ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados), el 14 de diciembre de 1950, para ayudar a las personas desplazadas por el conflicto en Europa (1,2 millones de refugiados europeos que se quedaron sin hogar tras el conflicto). Parece increíble pero ACNUR comenzó trabajando en Europa.

Se creó con un mandato de tres años, de una manera optimista, para completar su trabajo y luego disolverse. El año siguiente, el 28 de julio, fue adoptada la Convención de las Naciones Unidas sobre el Estatuto de los Refugiados, el fundamento jurídico para la protección de los refugiados y el principal instrumento en guiar la labor del ACNUR. Sin embargo, al multiplicarse las crisis de refugiados por todo el mundo su mandato fue prorrogándose.

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