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Mi querida hermana

Hace justo un año, en el mismo tren que se dirige a Murcia y en el que hoy escribo estas lineas, recibí una llamada que recordaré toda la vida. La hija de Doris Valenzuela, llorando desconsoladamente, solo acertó a decirme unas breves palabras: mi padre ha matado a mamá.

La defensora de derechos humanos, Doris Valenzuela

La defensora de derechos humanos, Doris Valenzuela

A partir de ese momento, terribles sensaciones se apoderaron de mi. Hoy solo recuerdo la confusión, el estupor, el deseo de solucionar algo sin saber qué. La única realidad es que cuando ocurre un hecho así, poco se puede hacer, salvo confirmar la noticia, asegurar que el hijo y las hijas están atendidos, preparar una nota de condolencia, una nota en la que volcar toda mi repulsa... Ante lo terrible, no hay posible solución: Doris había sido asesinada y nada podía cambiarlo.

Una vez más me encontraba de frente con la dura realidad que viven las mujeres defensoras de derechos humanos. No sólo se enfrentan cada día al acoso, las amenazas y los ataques de los perpetradores de violaciones, poderosos y sin escrúpulos. También se enfrentan a un entorno más cercano, que las agrede simplemente por un hecho: ser mujeres.

En los últimos años hemos sido testigos de cómo valientes mujeres como Doris lo pierden todo por defender a los demás. Cuando nos toca vivirlo tan de cerca, la pregunta que no abandona nuestra cabeza es otra: ¿Quién las defiende a ellas?

Doris Valenzuela

Doris Valenzuela

Doris esquivó a las balas en varias ocasiones y tuvo que enfrentarse a la peor pesadilla de una madre: perder a sus hijos. Dos de ellos murieron en sus brazos, víctimas de la violencia armada que desangra Colombia, tanto por parte de la guerrilla como de los grupos paramilitares. No puedo imaginar el enorme dolor que debió de sufrir en esos momentos.

Esa misma muerte que otras veces logró esquivar, le vino a visitar cuando todo parecía empezar de nuevo para ella: una nueva vida, una nueva ciudad, por fin la paz para una luchadora que tanto sufrió. Si a la injusticia se le pudiera poner medida, la que sufrió Doris superaría lo imaginable.

Esta noche las hijas y el hijo de Doris celebran una misa por la memoria de su madre. Y me han dicho que les gustaría que estuviera con ellos. Cuando veo a estos chavales, tan jóvenes y con tanto sufrimiento cargado a sus espaldas, se me parte el corazón. Pero cuando ríen, con la misma sonrisa que tenia su madre, inacabable, sé que ella vive a través de ellos.

Doris seguirá viva no solo en la sonrisa de sus hijos. Doris seguirá viva mientras la recordemos y mientras continuemos su lucha por un mundo más justo en el mismo punto en el que la obligaron a dejarla. Una lucha que nunca evitó, valiente como era, inmensamente valiente.

Guardo el último mensaje que me mandó al teléfono, un mes antes de morir, cuando vine a visitarles. Fue la última vez que la vi. En este mismo tren, de regreso a Madrid, después de varias horas conversando, me envió un hermoso texto: “Si me preguntan si quisiera tener otro hermano, te elegiría a ti”. En ese momento se me encogió el corazón, feliz de contar con su amor sincero, fraterno, y recíproco. Ha pasado un año y hoy, en este mismo tren que tantas veces me llevó hasta la sonrisa de Doris, lloro al volver a leer sus palabras. Fui afortunado de conocerla, de compartir momentos con ella, de querernos. Siempre te recordaré, hermana. Siempre estarás viva entre nosotros.

Quién era Doris: Doris Valenzuela, fue parte integrante de Comunidades Construyendo Paz en los Territorios (Conpaz), una organización colombiana de afrodescendientes, indígenas y campesinos de la región de Buenaventura, en el oeste de Colombia, que defiende la justicia social y ambiental. También formó parte del espacio humanitario Puente Nayero, también en Buenaventura. Un espacio libre de actores armados ilegales en contexto urbano, apoyado por la Comisión Intereclesial Justicia y Paz y otras organizaciones nacionales e internacionales.

En 2017 tuvo que salir de Colombia tras la vigilancia, persecución y múltiples amenazas de muerte de las que tanto ella como su familia fueron objeto. Murió asesinada por su marido el pasado 11 de abril de 2018 en Murcia.

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