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Vox y Ciudadanos: los amigos de mis amigos son mis amigos

Marín desvincula a Vox del acuerdo PP-Cs para el Gobierno andaluz, que "con toda probabilidad" tendrá once consejerías

Ya lo decía la llamada Doctrina Reagan (ex presidente de EEUU) en política exterior: "los enemigos de mis amigos son mis enemigos". Ciudadanos puede intentar convencer a su electorado de que “los populistas no han entrado en el Gobierno”, como dijo Marín este miércoles. Vox no formará parte del nuevo Gobierno andaluz, es cierto. Tampoco querían hacerlo (como habían ya manifestado Francisco Serrano o Javier Ortega). Nada de “sillones” para una fuerza que quiere exhibirse como “contraria” a lo que hay. Pero será clave prácticamente en cada una de las decisiones que se tomen en el Parlamento andaluz. A pesar de lo que dice Marín, el nuevo Ejecutivo gobernará con un socio: Vox.  Y el nuevo Gobierno va a ser el suyo.

La formación naranja lleva haciendo malabares para que no se la ligue al partido de extrema derecha desde el 2 de diciembre, cuando se dibujó la posibilidad del fin de los mandatos socialistas en la comunidad autónoma. “Yo no tengo ningún acuerdo ni he negociado con Vox”, dijo Juan Marín. No ha firmado, ha evitado estar en la foto, no se ha sentado. Pero los de Rivera tendrán que ver cómo gestionan su presencia en un Consejo de Gobierno cuyo presidente sí tiene un acuerdo con una fuerza de extrema derecha que ha conseguido meter discurso y programa en un documento, y que, previsiblemente, los de Abascal no tardarán mucho en reivindicar y exigir. 

Previsiblemente, Marín será vicepresidente de un Gobierno que no sería sin el voto directo de Vox (y un voto que no es gratuito), y  que ha comprado muchos de sus postulados. No sólo ahora. Ya se vio durante la campaña electoral.  Fuentes del PP aseguran que Cs se siente bastante cómodo con el 90% de los pactado con Vox, que de las 37 medidas, unas 22 coinciden con las firmadas entre PP y los naranjas. Pero, ¿qué pasará cuando se promueva una norma de acuerdo entre PP y Vox que no compartan? ¿Votarán en contra de su propio Gobierno? ¿Será su relación con Vox siempre en diferido? ¿Cómo se explica un Gobierno de centro derecha con respaldo extremo?

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Andalucía espera a los bárbaros

Moreno logra el apoyo de Cs y Vox para su investidura en primera votación al frente de un gobierno PP-Cs

El gran teatro del mundo sigue siendo la política. Durante las últimas semanas, en ese pacto andaluz que se ha llevado a cabo en diferido desde Madrid, hemos asistido a una tragicomedia de bulevar en la que los actores principales entraban y salían de escena augurando un final feliz para las tribulaciones de Juan Manuel Moreno Bonilla. El presidente del Partido Popular andaluz estaba fuera de foco y no tanto como un deus ex machina sino como Romeo, que buscaba maridar con la Julieta andaluza, mientras capuletos y montescos fraguaban en la distancia los pertinentes acuerdos matrimoniales.

En la tarde del miércoles 9 de enero de 2019, el futuro presidente de la Junta rompió a hablar una vez que se alcanzaba el tercer acto de la función. El primero fue el de la presentación de los personajes: desde la derecha, la derecha extrema y la extrema derecha al PSOE, que la voz en off de los medios de comunicación y de las redes sociales nos presentan, en general, como un malevo que ambicionaba que los protagonistas fracasaran en el intento para que se convocaran nuevas elecciones y las hordas rojas conquistaran de nuevo las urnas. Con el auxilio, eso sí, de Adelante Andalucía, eternos meritorios en este trance.  Más temprano que tarde, la izquierda toda tendrá que preguntarse qué ha hecho mal para merecer esto. Y, sobre todo, para evitar hacerlo en el futuro.

El desenlace de la función, al que ahora asistimos, se vio precedido del nudo gordiano del día anterior en que a Vox le faltó pedir protección institucional para las carreras de sacos y la demolición urgente de la parte islámica de la mezquita catedral de Córdoba.

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La banalización del facha

Hay 400.000 ciudadanos que han votado a Vox. Todos no son fascistas. Las políticas esgrimidas por Vox sí lo son. A lo mejor no sabían que votaban eso. Puede ser. En las próximas elecciones nadie podrá decir ya eso. Introduzcamos la papeleta en la urna por cabreo con el sistema, con la vida, con nuestros sueños rotos, o metamos la papeleta buscando seguridad e identidad frente al diferente, lo que metemos es un voto al pasado, al que le gusta conjugar en imperativo, en las instituciones que rigen nuestro presente y nuestro futuro.

Como estamos cabreados, le damos el pin de nuestro cajero a uno más cabreado que dice que sabe qué hacer. Uno que lleva toda la vida con sueldo público pero que habla ahora de chiringuitos. Como buscamos identidad frente a los vecinos nuevos, queremos echarlos de la comunidad aunque paguen el recibo. Y como creemos que la mujer salió de donde no debía, queremos que vuelva a donde siempre tuvo que estar: su casa, pero por protegerla. Criada en cautividad.

En definitiva, que somos liberales y creemos en emprender, libertad para el dinero, ¡es el mercado¡ Pero para los derechos y libertades, para la intimidad, entonces, moralidad. La que diga él, claro.

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Pedir un empleo a los Tres Reyes Magos… o al Three Party Andaluz

Los secretarios generales del PP y Vox, Teodoro García Egea y Javier Ortega Smith, al firmar el acuerdo de Mesa del Parlamento andaluz.

Un puesto de trabajo es lo que los adultos más anhelan mientras los niños piden bicicletas, videojuegos y muñecos. Conseguir un empleo, o salir de la precariedad con uno de salario digno, o conservar la suerte, si se es un privilegiado en el segundo país, tras Grecia, con más paro de la Unión Europea (15,3%). Peor en Andalucía, con un 22,9% de desempleo que se dispara a 46% entre menores de veinticinco años. Pero este 2019, en el sur andaluz, mantiene la ilusión del milagro, hasta del ascenso, incluso pasados los Reyes Magos. Porque quienes durante cuarenta años han esperado que los suyos llegaran a San Telmo y les señalasen con su dedo mágico contienen ahora el aliento para que Moreno Bonilla, Juan Marín y Santiago Abascal no les quiten el regalo de las manos.  

El tradicional parón político de Navidad se ha vuelto este año en frenesí de llamadas y reuniones, pulsando, abriendo, considerando opciones. Igual que hacen los pequeños, mayores de todas las profesiones –con, quizá, una llamativa cantidad de periodistas- recapitulan en listas sus buenas obras que merecen recompensa de las majestades de la estrella del Three Party. Han sido muchas décadas como para ahora resignarse a que pase, fugaz cometa, rumbo a una repetición electoral.

Jamás estuvo en la carta de deseos que el cambio de gobierno implicara sanear de verdad el acceso a la función pública. Esas tonterías de la regeneración en serio son para los ingenuos, buenistas que creen todavía. Progres, la mayoría. A esos se les planta una diadema con dos orejas de burro y la etiqueta “radical de izquierda” y, como todos estos años, a la esquina castigados. De lo que se trata es de “quítate tú para que ponga yo a los míos a hacer lo que os criticamos: servir al partido en vez de a los ciudadanos”. La cantidad de “criaturas” –en términos del ex Dr. Gral. de Empleo, Fco. JavierGuerrero, hacedor de la pax social de Chaves y Griñán a golpe de gin tonics, falsos EREs y, según su chofer, noches de nieve- que se frotan las manos. Pongamos que un periodista, por informar con pulcra ecuanimidad, ahora llega a jefe de prensa de un consejero. Pues su hueco es cubierto por otro igualmente imparcial. Ganan dos pájaros de un tiro.

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Los Reyes Magox

Queridos Reyes Magox:

Este año he sido muy bueno, sobre todo como ciudadano, pues por fin me he animado a trasladar a la sociedad todo lo que pensaba y sentía como hombre. Quizás el único reproche que pueda hacerme ha sido en el comportamiento que he tenido con mi hermana, que es una pesada. Lo digo porque a pesar de que ya somos mayores de edad no para de meterse conmigo diciéndome que ponga la mesa, que luego la quite, que haga la cama, que mi madre no es mi criada ni ella tampoco, que por qué dejo la ropa en el suelo del cuarto de baño cuando me ducho… y tontería de esas. Porque claro, luego, cuando hay que ir a por una caja de cervezas al súper o subir los cartones de leche, entonces no dice nada de hacerlo ella.

El otro día sin ir más lejos, en plena cena de Nochevieja, le tuve que dar una bofetada porque me dijo que era un machista. Y todo porque le solté la verdad a la cara, y expliqué que como las mujeres no tienen la misma capacidad ni profesionalidad que los hombres, tienen que salir medio desnudas para llamar una atención que no captarían si fuesen vestidas decentemente. ¿A ver cuántos hombres han salido cantando o presentando un programa en bañador o con poca ropa?

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Segunda vuelta contra la extrema derecha

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Valls rechaza acuerdos con Vox

No, no es que me haya pasado a la crónica pelotera. Son cosas de Emmanuel Valls. Según el político catalán, en Francia se pudo resistir a la extrema derecha gracias a la perfección del sistema electoral francés, es decir, ça veut dire, a la segunda vuelta. Así fue: los partidos galos vieron amenazados los valores republicanos y se conjuraron contra la amenaza ultraderechista de Le Pen.

Valls anda predicando contra la alianza de los suyos, Ciudadanos, con la extrema derecha en Andalucía. Se teme lo peor, es decir, que de ella se vaya al traste. Pero poco caso le hacen los riveritas; de hecho, acaban de nominar a Garicano, vicepresidente de los liberales europeos, candidato a las europeas por el partido catalán de origen.

La idea del candidato a la alcaldía de Barcelona ha sido comprada al momento por la mayoría de los analistas, miembros de gabinetes, cabilderos y politólogos en activo. Oxígeno. Empezando por Susana Díaz. La lideresa andaluza se da otra oportunidad. Si no remonta en las municipales de primavera, se planteará retirarse.

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La prisión de los nacionalismos

Santiago Abascal, líder del partido de extrema derecha Vox

Ya no hay duda, la política andaluza se ha contagiado. Por mucho que Ciudadanos se empeñe en disimularlo, la extrema derecha acaba de entrar de lleno en la política española de la mano del ex juez Francisco Serrano, líder de Vox en Andalucía. Su influencia va ya más allá de su capacidad para imponer su presencia en la Mesa del Parlamento andaluz, o para condicionar la acción de gobierno de un posible pacto entre el PP y Ciudadanos en Andalucía. Vox ya condiciona los discursos de todo los partidos españoles, sean estos de derechas o de izquierdas.

La política española ya no se entiende, como hasta ahora, sin la extrema derecha. La sombra de Vox ya oscurece las inminentes campañas electorales locales, autonómicas, generales y europeas. Nada de lo que ocurra en Andalucía en los próximos días y semanas en las negociaciones para conformar un nuevo Gobierno del Parlamento y de la Junta podrá entenderse sin Vox, que también compite para buscar su lugar junto al sol en la cascada de elecciones que se nos viene encima.

De ahí el espectáculo de la lucha postelectoral de los partidos con mensajes cada vez más radicalizados, que encierra a Andalucía, y por ende a España, en la misma cárcel en la que el auge de los nacionalismos ha encerrado a democracias antes tan alabadas como las de Reino Unido, Estados Unidos, Francia, Alemania...

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Andalucía, primer día del año 1 del cambio

Juan Marín (Cs) y Juanma Moreno (PP) en la sesión constitutiva del Parlamento andaluz de la XI legislatura

Otros años, por estas fechas, el Parlamento de Andalucía se convertía en un micro mundo feliz donde los diputados compartían polvorones y mantecados; copitas de cazalla y anís; se felicitaban las Pascuas; intercambiaban sonrisas, fuertes apretones de manos y abrazos sinceros; cantaban villancicos juntos, mientras el PSOE tumbaba una a una las más de un millar de enmiendas presentadas por los grupos de la oposición al Presupuesto de la Junta de Andalucía.

Eso fue en el pleistoceno, utilizando la unidad de medida temporal que emplea Susana Díaz para referirse a su derrota en las primarias socialistas en la primavera de 2017. A mediodía de este jueves, en pleno invierno de 2018, el año 1 del cambio político en Andalucía dio comienzo tras 36 años y medio de gobiernos ininterrumpidos del PSOE.

Primera foto. Desde las nueve de la mañana, el antiguo Hospital de las Cinco Llagas, sede del Parlamento, era un ir y venir de gente. Diputados, familiares de parlamentarios, cargos políticos, periodistas, asesores, invitados, Gobierno saliente y en funciones, ujieres, miembros de la seguridad privada y trabajadores de una Cámara que han visto de todo (hasta al fantasma de sor Úrsula), menos la alternancia política en Andalucía.

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El PP armó el Belén

Playmobil en el Museo de Belenes de Mollina

El Partido Popular felicitó la Nochebuena con una inocentada, la de preguntar si el Gobierno "es partidario de respetar las tradiciones navideñas de los españoles en los espacios públicos de su competencia”. Pedro Sánchez vendría a ser como Nerón y Pablo Casado como Constantino, que convirtió al cristianismo en la religión oficial del Imperio Romano. En la misma línea que José María Aznar, que pretendía incluir la raíz cristiana de Europa en la Constitución comunitaria que nunca pudo ser, quizá porque no quisieron los apóstoles del euroescepticismo.

En un país en donde desahucian a diario a la Virgen María, a San José y al Niño Jesús, a los conservadores les inquieta que los ministros socialistas no envíen tarjetas navideñas con motivos cristianos sino con poemas de autores habitualmente ateos como son los escritores desde que Unamuno jugara a ser Dios en 'Niebla'.

En la misma España nacionalcatólica donde los obispos tienen categoría de notarios e inmatriculan propiedades a su antojo, la bancada de los charranes, por boca de Silvia Valmaña, diputada por Guadalajara, usa el nombre de Dios en vano para reprocharle al PSOE que prohíba los belenes en los ministerios y estaciones de trenes como un atentado a la libertad religiosa y una persecución encubierta hacia los creyentes en Jesucristo, en los pastorcitos y en los Reyes Magos.

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Un pueblo pequeño

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Vecinos de El Campillo (Huelva) rompen el cordón policial y gritan "asesino" a Montoya en la reconstrucción del crimen

“Un pueblo pequeño”, ese ha sido una de las expresiones que más se han utilizado a la hora de referirse al lugar donde se ha producido el asesinato de Laura Luelmo, para luego vincularla a la idea de "pueblo tranquilo", porque El Campillo, efectivamente, es un pueblo pequeño en la provincia de Huelva donde viven tranquilamente sus, aproximadamente, 2000 habitantes.

Esos comentarios trasladan la idea de que ese tipo de hechos no forman parte de la "normalidad" de un pueblo "pequeño y tranquilo", y que lo ocurrido, por tanto, es algo excepcional y extraño, incluso hay quien se ha referido al asesinato como producto de la "mala suerte" como si hubiera caído un rayo o se hubiera producido un encuentro fortuito entre víctima y asesino, cuando en realidad ha sido un crimen premeditado atendiendo a las circunstancias en que vivía Laura.

Todo ello no es casual, sino que forma parte del argumentario de una cultura que trata de destacar los contextos en los que se produce la violencia contra las mujeres, para así ocultar la presencia estructural del machismo que la caracteriza. Ahora ha sido el “pueblo pequeño, pero cuando no es el tamaño del pueblo se habla del alcohol, de las drogas, de la enfermedad mental o el trastorno psíquico del agresor; o de la situación que envuelve los hechos, desde la recurrida “fuerte discusión” al “arrebato” o la pérdida de control porque “se le fue la cabeza o la mano”.

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