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Pasó

Mapa de España tras las elecciones generales.

La mañana empezó bien, en general, la participación anticipaba unos resultados inciertos pero,al menos, de un alto compromiso de la ciudadanía. Todo no era fiesta, las noticias desde Andalucía a las 14 horas eran decepcionantes. Afortunadamente, tenemos a Lourdes Lucio que salió al paso de la decepción que representaba que en Andalucía no se votara tanto como en el resto del Estado. En efecto, la participación no era alta pero no había que referirlas a las generales, que ya fueron altas, sino a las autonómicas de diciembre; por ahí íbamos bien. Una gran periodista como Lucio nos sacó del lado oscuro.

La derecha no ha ganado, los temores de vuelta a la España más gris se han conjurado. Habrá Gobierno progresista, pero hasta eso es lo de menos. Lo más importante es que la derecha extrema franquista no decidirá nuestro destino. El discurso de la crispación y del enfrentamiento no ha sido aceptado por la gente.

El PSOE, Pedro Sánchez, gobernará, seguramente sin cheques que pagar; sólo los razonables. Es previsible una coalición progresista y, además, sensata. Otra cosa no lo entendería el esfuerzo de la ciudadanía apostando por un futuro mejor.

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Si mi madre no vota, vota tú por ella

Más de 6,5 millones de andaluces están llamados este domingo a ejercer su derecho al voto.

Mi madre no lo sabe pero está a un paso de Vox. Es decir, está tan cabreada, tan indignada, tan desengañada de tantas cosas que nos están pasando, que se está planteando no ir a votar. Y eso es como estar a un paso de Vox.

Mi madre ha votado en todas las elecciones desde la restauración de la democracia, en el 77, y además, ha celebrado el día de las urnas antes, durante y algunas veces después (otras no). Ella creía en “la fiesta de la democracia”, como lo llamaban antes desde la literalidad y hoy desde el cinismo. Mi madre tenía 25 años la primera vez que votó. Mi abuela tenía 50 años la primera vez que pudo votar. Yo voté al cumplir los 18 años, cuando ya era la edad mínima legal para hacerlo.

Mi abuela fue la segunda hija de ocho hermanos, nunca pudo estudiar ni aprendió a leer ni a escribir. Nadie le enseñó a reivindicar sus derechos como ciudadana y, mucho menos, nadie le enseñó a reivindicar sus derechos como mujer. Mi abuela trabajó para que su hija aprendiera a leer y a escribir hasta llegar a la Universidad, conseguir un trabajo y no depender económicamente de un hombre. Mi abuela no sabía que era feminista. Mi madre entonces no sabía que su madre era feminista, que le había enseñado (casi sin darse cuenta) a reivindicar sus derechos como mujer. Y a tener la fuerza del conocimiento y del trabajo propio para pelear por esos derechos. 

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Subestimar al adversario

Moreno y Serrano

Subestimar a un adversario político es algo que ocurre con demasiada frecuencia.Y no suele traer nada bueno. "Estos no son Le Pen", decía un alto dirigente del PP andaluz cuando se le preguntaba por Vox. Lo hacía justo después del acuerdo firmado con los de Abascal para propiciar la investidura como presidente de la Junta de Andalucía de Juan Manuel Moreno Bonilla.

De hecho, ponía de ejemplo el modo en el que se había negociado. Ese día en el que el partido de extrema derecha lanzó en las redes un documento de exigencias que el PP no tardó en calificar de "intolerable" pero sin levantarse de la mesa de negociación, para después cerrar un acuerdo más difuso, en el que se habían eliminado notables peticiones polémicas como la supresión de la ley contra la violencia de género, pero manteniendo otras más ambiguas como la relacionada con la Ley de Memoria Histórica. Los populares habían logrado "domar" a Vox, transmitían entonces para lanzar un mensaje de tranquilidad. Y además "no son Le Pen", "son votantes de los nuestros que se nos escapan por la derecha". 

La sensación general que parecía querer el cogobierno entre Ciudadanos y PP era, para los primeros, que ellos no tenían nada que ver con lo que pactasen los populares y por tanto nada que ver con Vox. Los segundos, que la cuestión estaba controlada y que los que les llaman "la derechita cobarde" en realidad son más perros ladradores que mordedores. Querían hacer creer a la ciudadanía que Vox en realidad ni pincha ni corta. 

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Andalucía como espantajo

La doble ración de debate entre los cuatro candidatos a la presidencia del Gobierno acabó en empacho. Suele pasar cuando te lo comes todo de golpe, que sienta mal, y en lugar de disipar indecisos, lo más probable es que brotaran algunos nuevos. Ya se verá. Salvo Cataluña, la España de las comunidades estuvo ausente, y Andalucía apareció como decorado teatral; una vez más, el marco folclórico de la refriega, como aquellos de cartón piedra de las películas donde los protagonistas dirimían sus diferencias tentándose la faca. Es una cruz.

El dúo mal avenido de Casado y Rivera no dejó de descerrajar cifras desquiciadas de fraudes de todo pelaje, mientras Sánchez, mirando a cámara, citó a Andalucía como ejemplo de lo que ocurrirá si dan los números para un pacto con la extrema derecha. Le faltó la música de "Psicosis". Todo muy de pasada, pues ninguno parecía saber de qué diablos le hablaba el otro. La cuestión es que a ambos bloques les sirvió como espantajo, un prodigio de versatilidad que en realidad revela el desconocimiento y la frivolidad con la que nuestros próceres apuntan invariablemente a esta tierra.

Si iban a darse con Andalucía en la cabeza, ya podían haberse aplicado un poquito, en lugar de abundar en la leyenda del territorio ignoto y pintoresco donde es creíble una cosa y la contraria. Como siempre, demostraron no tener la menor idea ni ganas de tenerla. Para que los andaluces salgamos así, mejor estar desaparecidos, igual que el medio ambiente, que si es para hacer de tarascada siempre hay tiempo de quedarse fuera del plató. Que se busquen otros figurantes.

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Español medio frente a molinos de viento

Semana de doble debate. La previa a las elecciones el domingo 28A. Doble oportunidad de oír a los candidatos. Será sin el neofascista Vox que, por ley, no puede acudir porque carece de diputados, como el animalista PACMA, pero que en la táctica de otros neofascistas como Bolsonaro usa la exclusión para ir de víctimas mientras rechaza debates –andaluces- a los que sí puede asistir. Los debates son una conquista democrática para forjarse criterio. Me cuesta creer, sin embargo, que la alta tasa de indecisos se deba a que no esté claro el gran desafío a los ciudadanos.

Alguien nada anti-sistema ni revolucionario como la OCDE, "el club de los 36 países ricos", alerta de la reducción de la clase media. Un retroceso en el nivel de vida general, simultáneo al enriquecimiento de las rentas más altas. Dentro de la Unión Europea, el país más afectado por la reducción de la clase media es España, subraya el New York Times con datos de la OCDE y de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Aquí el 1% más rico gana 10% más que hace diez años mientras el resto se resiente.  

Llevan al papel nuestra experiencia de cómo desde la crisis de 2008 y la estafa de recortes y austericidio para dar el dinero de los contribuyentes a los banqueros, ha empeorado la vida de los trabajadores de tantos sectores: construcción, automoción, sanidad, educación, periodismo, justicia, investigación, agricultura, ganadería, pesca… Un suma y sigue que se extiende por el turismo, los seguros y amenaza hasta a los empleados de la banca rescatada. Empeoran salarios y horarios, se destruyen puestos de trabajo, se deterioran los que quedan: más temporales, a media jornada, por horas, falsos autónomos, freelance.

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El debate del siglo

Hace una legislatura, tuvo lugar en Atresmedia el debate del otro siglo. Era para tanto, se jugaba tanto, que no fue ni Mariano Rajoy. Mandó a su vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, entonces todopoderosa y con futuro igual de todopoderoso. No recuerdo tanto furor periodístico por aquel debate, tanta libertad crítica desaforada, quizá porque en la RTVE mandaba el PP, en el PP, Soraya, y en la relación con los medios, también. Las ubicaciones tácticas de destacados periodistas y opinadores, así como de sus empresas, no permitieron la crítica florida, el desgañitado y voluntarioso aprecio por la libertad de expresión perdida o en riesgo de desaparición.

Lo cierto es que el debate se produjo y algunos medios, sin exuberancia crítica, entonces, señalaron cómo Rajoy había contemplado el debate desde su residencia palaciega de Doñana, adonde llegó andando, claro. Desde su plácido descanso  certificó la victoria de su ahijada. Y ya se sabe: Roma locuta, causa finita. Eran tiempos de plasma, la prensa sinfónica se lanzó de inmediato a señalar lo propio y  luego advirtió que a Rajoy no le hacía falta. ¿Qué era eso de un debate con un presidente? De hecho, ganó las elecciones, la libertad de información, quizá, se vio algo dañada, sobre todo desde el lado de los electorales, defraudados, pero ni en un ápice se dañó la libertad de impresión, en manos de unos impresores que sabían muy bien a quién se debían.

Los debates, dicen los expertos, son consustanciales a la comunicación política, identifican las cualidades de liderazgo y muestran las habilidades intelectuales de los candidatos. Es, por eso, un derecho de los electores. De ellos y de todos, desde luego, pero sobre todo de la ciudadanía. Pero ocurre que el periodismo y sus empresas creen que el derecho de información y la libertad de expresión les pertenece.   Ciertamente no es así; la libertad de expresión es un derecho exigible por los ciudadanos que tienen el derecho a ser informados de manera veraz y plural. Este derecho adquiere una dimensión más amplia en un proceso electoral.

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La victoria del fajín

Ocurra lo que ocurra el 28 de abril, la historia la está ganando la caverna. En ocho años, la España de la indignación ha dado paso a la que pone en duda el aumento del salario mínimo interprofesional, el cambio climático, el no de las violaciones y la violencia de género. Gane quien gane en las próximas elecciones generales, en los bares ya ha ganado el tute del imaginario aquellos que aplauden que se destinen más millones de euros de los que ya se brindaba a las procesiones y se racanee los presupuestos para la búsqueda de los cristos enterrados en las cunetas.

Afortunada y remotamente lejos de la locura homicida de los yihadistas, ¿quién no sintió alivio cuando supimos que a Notre Dame de París no la habían quemado los muyaidines? Cuando predicamos democráticamente en contra de los estados teocráticos, olvidamos a menudo que el nuestro mantiene restos arqueológicos del nacional-catolicismo. Pero, esa es su victoria, a nadie parece importarle ya semejantes minucias y vamos todos con flores a María en lugar de, y yo el primero, por la senda de la Constitución.

El fajín de Franco en una cofradía sevillana, ante la atenta mirada de Juan Antonio Zoido y José María Aznar, es la fotografía antípoda del balcón de Ferraz el 28 de octubre de 1982, disputándose Alfonso Guerra y Felipe González el clavel de una utopía que no hicieron posible. El Valle de los Caídos, Queipo en la Macarena, siguen siendo los símbolos de esa doble victoria en la que los herederos de los vencedores del 39 siguen venciendo a los herederos de los vencidos.

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"Decisiones generales"

¿Hay problema más grave en nuestro país que el asesinato anual de 60 mujeres por parte de sus parejas o exparejas? ¿Qué clase de sociedad tenemos para que cada año surjan 60 hombres nuevos desde la "normalidad", que terminan asesinando a las mujeres con las que mantienen o han mantenido una relación de pareja?

Votar no es elegir, sino decidir. Quizás de esa confusión surgen muchos de los problemas que luego no resuelven unas elecciones, y otros tantos que aparecen a partir de ellas cuando las promesas se apagan como las luces tras la feria, y las calles se humedecen en la madrugada del nuevo despertar para no dejar testigos de los hechos ni indicios de lo ocurrido.

"Elegir", según la RAE,  es "escoger", mientras que "decidir" es "formar juicio resolutorio", "formar propósito de hacer algo", "hacer que algunos formen propósito de hacer algo"… Y es cierto que en una convocatoria electoral se elige entre los diferentes partidos que se presentan, pero si no se decide antes a quién se elige el resultado será una selección pasiva, no un posicionamiento firme que comprometa a implicarse en la decisión adoptada, y a exigir ese compromiso en quienes han sido los elegidos por su decisión.

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Normalizar la monstruosidad

Cartel que pide el "voto fiel" desde una asociación que patrimonializa el cristianismo en su web contra la eutanasia, el aborto y el feminismo pero que obvia el drama que sufren los migrantes.

La campaña electoral más polarizada y agresiva todo lo eclipsa. El boicot antidemocrático al PP en Cataluña y Ciudadanos en el País Vasco, que condeno, no deja de ser buscado por la derecha radicalizada que cuenta como puntal de su estrategia, ahora que el procés aburre, con la mentira de que batasunos y etarras sostienen a Pedro Sánchez. La desafección hacia la política crece. Uno de los consensos más transversales es el descrédito de dirigentes por tapar sus vergüenzas para lograr votos. Pero los ciudadanos no somos figurantes sin responsabilidad. Una sucesión de horrores estos días alerta sobre la normalización de la monstruosidad.

En el colegio María Auxiliadora de Jerez, los padres de un niño de 12 años, con Asperger, denuncian que un docente, según avisaron compañeros del chico, lo humillaba, ataba a la silla y amordazaba con cinta adhesiva. ¿Respuesta oficial? La Junta de Andalucía, la Inspección y Delegación de Educación de Cádiz afirman que, al ser un centro concertado, la Consejería no puede sancionar al profesor, ni aunque el juzgado considere los hechos probados. Y el colegio dice que abrió expediente, ¡todo ha prescrito al pasar 6 meses! y han quitado al profesor ¡de la clase del niño!

Otro alumno, este de 16 años, del instituto Ciudad de Jaén (Madrid), se suicidó el 6 de abril dejando una carta donde vincula su sufrimiento con el acoso de un compañero al que no se atreve a nombrar ni ante la muerte. En ese instituto ya hubo, en 2015, el suicidio por bullying de otra alumna, Arantxa. La madre del ahora malogrado Andrés anuncia acciones legales, pero el centro, la Consejería y Fiscalía reaccionan negando responsabilidad. Esgrimen (en 00.42.20 Telediario TVE1) que el protocolo anti-acoso no era procedente pues requiere: desequilibrio entre acosador/acosado, voluntariedad del daño y más de tres meses de suplicio. En paralelo la autoridad saca una norma para obligar a los alumnos que vean maltrato a denunciar.

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Un país de faltones

El rey Felipe VI

Hemos tenido tal avalancha de másteres y títulos  falsos que alguno ha llegado a afirmar que este era un país aquejado de titulitis. No es para  tanto. La gente vive sin títulos perfectamente y, cuando los tiene, es porque se los ha trabajado. En campaña se habla, aunque poco, del abandono escolar, pero de lo que no se habla -verdadera plaga escolar- es de "la rabona" o saltarse las clases. Quiero pensar que la pertinaz costumbre de cagarla tiene más que ver, no con la intención malvada del "caganer" sino con una prolongada trayectoria escolar y universitaria rabonera que ha permitido que se perdieran la mayoría de las clases. Y sus padres, señores bien, sin enterarse.

En plena celebración del 88 aniversario de la proclamación de la II República, escribía estas líneas tratando aún de digerir la última: una "fake news" dirá, del candidato Pablo Casado. Según el líder de la derecha mayoritaria, tenemos un jefe de Estado, el rey, que hemos votado todos. Es verdad que hay monarquías electivas, pero esta, precisamente, no; es hereditaria hasta que la biología mande. Su origen no está en una votación ad hoc, sino en otra camuflada y rogada de la propia institución monárquica. Y después, el espermatozoide regio. Tal vez a Casado le han brotado sus ancestros visigodos sin contaminar por ocho siglos de presencia moruna.

Se lo podría haber explicado Suárez Illana, pero me da que su segundo no iba ni a las clases de su padre, don Adolfo, que le hubiera dado los máximos detalles de cómo llegamos a una monarquía constitucional de raíz preconstitucional.

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