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Domingo de libros y pocos ramos

Sevilla, sin trajecitos oscuros, sin olor a bolillas de alcanfor y azahar, en un Domingo de Ramos, es como la China revolucionaria sin traje Mao.

La US lleva la exposición sobre Chaves Nogales a la Universidad de Newcastle

Portada de una exposición sobre la obra de Chaves Nogales

Es como para no creer, se asoma uno al balcón y ni un traje. Sevilla sin trajecitos oscuros, sin olor a bolillas de alcanfor y azahar en un Domingo de Ramos, es como la China revolucionaria sin traje Mao. La pandemia se ha llevado por delante la uniformidad sacra.

Era Jueves Santo, en abril de 1810, el rey José I estaba de nuevo en Sevilla, -a la que hubiera hecho capital de su reino-. Como sabía de comunicación política, José, como un sevillano más, primero figura, pavonea para ser visto, con sus mejores galas  entre la solemnidad de la Capilla Mayor de la Catedral. Blanco White, también sevillano, concede que "el culto catedralicio no cede en magnificencia a ninguna otra ceremonia del culto moderno". Luego, el rey visita los sagrarios de cinco Iglesias. Muy sevillano.

Para el Viernes Santo, el rey se había empeñado en que hubiera procesiones, difícil tarea porque los conventos habían quedado malparados por la agitación política y de ellos salían la mayoría de las cofradías. Todas las hermandades se negaron, alegando falta de tiempo y de cera y ya se sabe, que no hay más que la que arde. Aún así- todo esto lo cuenta el gran historiador sevillano de Osuna, Francisco Luis Díaz Torreón- salieron el Prendimiento, la Carretería y el Gran Poder.

Para nada, porque al final, José hizo mutis por el Alcázar, se reservó para el Domingo de Resurrección. ¿Toros? No, tampoco estaban en auge. Manuel Godoy, que no era catalán, cargó con el muerto de la prohibición del Borbón Carlos IV; el rey José apenas podía reconstruir el gusto popular por falta de toros y toreros. Lo suyo fue más ilustrado, un baile de gala en los salones del Archivo de Indias. Antes había abierto el Teatro de Sevilla, censurado y clausurado por la carcunda hispalense.

Otro sevillano nos habla de la Semana Santa, en otros tiempos. En un artículo publicado por Manuel Chaves Nogales en Ahora, en marzo de 1935, cuenta cómo en 1933, los republicanos conservadores de la ciudad se empeñaron en que hubiera Semana Santa. Los monárquicos no querían. ¿Habéis traído la República? Pues se acabaron las cofradías ¿no sois laicos? Ellos- escribe Chaves Nogales- unían su monarquismo a la Semana Santa y pretendían que las procesiones y la religión fueran patrimonio exclusivo de los monárquicos. Al final, salió la Estrella de Triana, una de las más humildes. "Fue un desastre", escribió. De ello sacaron partido los críticos con la República.

Pero, no solo estamos en Semana Santa, se ve a la gente y sus penurias, trabajando y yendo y viniendo a trabajar. El periódico, no bolchevique, The Washington Post, ha publicando una columna en donde Desmon Brown afirma, previa aclaración de que no es comunista: "O muere el capitalismo salvaje, o muere la civilización humana". Duro decirlo en los EEUU, rodeado de tiburones y de más economistas paleoliberales que en nuestros confines televisivos, que ya es decir, y confinamiento forzoso. Algo está pasando más allá de nuestros balcones, en algunas calles, púlpitos de la extrema derecha garrochista derribista.

Tampoco es que sea muy nuevo el pronóstico. En la misma ciudad de Sevilla,     Manuel Chaves Nogales, que era republicano y no comunista, contaba como en el aún crudo siglo XX , "la gente de los barrios se ha rebelado, como es posible en estos tiempos  y se niega a pagar la renta de las casas. La ciudad siente la necesidad de una vida mejor , y para conseguirla, sigue la fórmula de la intervención". La revuelta acabó trágicamente, como siempre suele ocurrir con los perdedores.

Chaves Nogales no podía saber en aquellos tiempos que se inventarían los fondos buitres, de los que aquellos pajarracos de Sevilla eran precursores. Tampoco nosotros podemos imaginar que esos rebeldes a los que se refiere Chaves, eran los  habitantes míseros hacinados en corrales de vecinos , ya presas de la especulación inmobiliaria.

Nota bene: me ha llegado una foto trasera de una rueda de prensa de M. Rajoy, con plasma y sin preguntas. Se puede advertir la identidad, solo por sus tonsuras, calvas y moños de muchos de los periodistas que hoy protestan contra las ruedas de prensa insólitas del gobierno actual.

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