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Montero, Moreno y el reparto del dinero
El reparto del dinero en cualquier casa ha sido casi siempre fuente de conflicto: hermanos enemistados de por vida y querellas en tribunales de larga resolución son algunas consecuencias. También ha provocado disputas que desde tiempos prehistóricos derivan en tragedias, desde Caín y Abel hasta la matanza de Puerto Hurraco. La codicia y el resentimiento familiar han sido de gran atractivo para la literatura, desde los dramas de Esquilo o Sófocles a Federico García Lorca pasando por Shakespeare y Calderón de la Barca.
Si es algo que está en la historia y el ambiente de muchas casas, díganme cómo evitar la gresca en cuanto se discute el reparto del dinero de las comunidades autónomas y el Gobierno de España sin lazos de sangre por medio siquiera. De esto, del reparto del dinero de la hacienda pública que es la casa de todos es de lo que trata el críptico nombre de la financiación autonómica, de nuevo en candelero por la reforma del sistema planteado por la vicepresidenta primera del Gobierno María Jesús Montero.
Solo por haber diseñado y propuesto un modelo de reparto de ese dinero en el que todos ganan y ninguno pierde como una familia bien avenida, a María Jesús Montero se le debería tener una gran consideración, o al menos comprensión. Primero, porque el actual sistema lleva caducado desde 2014 y no ha habido hasta ahora capacidad o voluntad de renovarlo. Entonces gobernaba el PP de Mariano Rajoy, que mareó la perdiz todo lo que pudo para no acometer una propuesta en sus casi siete años en la Moncloa. Segundo, porque varias de las comunidades, gobernadas por el PSOE y PP estos años, han clamado por un cambio dado que el modelo ideado en 2009 por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero derivó en desigualdad y dejó a varias con menos recursos de los que les correspondía; las comunidades que más han protestado por infra financiadas son las del arco mediterráneo, entre ellas Andalucía, primero con gobiernos socialistas y ahora del PP.
Tercero, porque la población española ha crecido, lo cual es una buena noticia, pero si a la infrafinanciación se suma la superpoblación, la sensación de que el dinero no alcanza es mayor. Andalucía pasó de 8,3 a 8,7 millones de habitantes en la última década. Y cuarto, lo más importante: los gobiernos autonómicos gestionan los servicios primordiales en la vida de las personas, desde la sanidad, la educación, la dependencia o la vivienda, entre otros. Las carencias graves que denunciamos en todos ellos se deben en parte por la gobernanza deficiente, pero también porque el dinero no llega.
La propuesta, que regala el 70% de 21.000 millones de euros a los gobernantes del PP en las comunidades, desmonta sobre todo que sea un modelo para beneficiar a Cataluña en detrimento de las demás autonomías. Ni cupo a la vasca ni siquiera financiación singular para Cataluña. Al PP se le cae su artillería electoral de que Pedro Sánchez roba a las regiones para dárselo a Cataluña
Por todo ello, insisto, la propuesta sobre el nuevo modelo de financiación autonómica de la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda merece, no digo un aplauso, porque llega tarde, pero sí comprensión, consideración y a tener en cuenta. Nada de ello se prevé que María Jesús Montero obtenga este miércoles en el Consejo de Política Fiscal y Financiera donde expondrá a las comunidades su reforma. La gran mayoría de las regiones, no solo Andalucía, están gobernadas por el PP, cuyo líder, Alberto Núñez Feijóo, las arrastrará a todas a un ‘no’ escénico en pro de su obcecada guerra a muerte contra Pedro Sánchez.
Sin embargo, ninguna razón de peso les asiste. La propuesta, que regala el 70% de 21.000 millones de euros a los gobernantes del PP en las comunidades, desmonta sobre todo que sea un modelo para beneficiar a Cataluña en detrimento de las demás autonomías. Ni cupo a la vasca ni siquiera financiación singular para Cataluña.
Al PP se le cae su artillería electoral de que Pedro Sánchez roba a las regiones para dárselo a Cataluña. Sus barones tenían las catapultas y el aceite hirviendo preparados para lanzarlos conta la muralla en el asedio sin cuartel a la Moncloa. Montero propone un reparto en el que todas las comunidades mejoran y si acaso sale alguien perjudicado es el Gobierno central, que renuncia a 21.000 millones de euros de su caja para añadírselos a las de las regiones a partir de 2027. La propuesta ha recogido por ahora el aval de la prestigiosa agencia Standard &Poors, que aplaude que la reforma reduzca las inexplicables diferencias de financiación entre las comunidades.
Andalucía es la más beneficiada, 4.846 millones extra frente a los 4.686 de Cataluña (la segunda en habitantes) en un modelo que cuenta con la población protegida como reclamó siempre; más 965 millones de un nuevo fondo de compensación para las comunidades con menos capacidad tributaria, más otro porcentaje alto de los mil millones destinados a los territorios más afectados por el cambio climático. En total, 5.800 millones extra, muy por encima de los 4.000 millones que en 2017 pidió Andalucía en un pacto capitaneado por la propia María Jesús Montero, entonces consejera de Hacienda, y al que se sumó Juan Manuel Moreno, entonces líder de la oposición.
Poco ha podido balbucear en contra el ahora presidente de la Junta de Andalucía. Ha seguido el ordeno y mando de Feijóo, pero con argumentos tan pobres como criticar las formas, porque Pedro Sánchez comunicó la propuesta primero al líder de ERC Oriol Junqueras, para tenerle contento y que apoyase a Salvador Illa en Cataluña. Con esa foto de Sánchez con Junqueras en la puerta de la Moncloa, Moreno quiere rescatar el viejo agravio de Cataluña. “¡Números, números...!”, le ha espetado Montero, que se ha dejado las pestañas en cuadrar esos números para mejorar a todos y sobre todo Andalucía.
Moreno tendrá difícil explicar en la larga campaña de las andaluzas que se avecina por qué renuncia a 5.800 millones de euros para oxigenar la maltrecha sanidad pública, fortalecer las universidades y construir viviendas para jóvenes. Sabe que no puede creerse la promesa de Feijóo de que cuando gobierne solucionará en un año la financiación de las autonomías
Moreno ha replicado a su vez calificando de “electoralista” la propuesta de Montero, ya que esta es la candidata del PSOE a rivalizar con él en las elecciones andaluzas de este año. Qué manera tan equivocada de menospreciar la inteligencia de su principal adversaria. Como si sus incentivos fiscales a tenedores de perros que van a veterinarios o su paseo real en la Cabalgata de Sevilla no fueran electoralistas. ¿Qué esperaba? Mientras Moreno tiraba caramelos como Rey Mago y se sentía feliz como un niño con móvil nuevo, María Jesús Montero ha llenado su alforja electoral con 5.800 millones de euros para mejorar la vida a los andaluces. Y avisa a Moreno, serán para los servicios públicos, nada de llenar los bolsillos de los negocios privados de la sanidad y la universidad.
Moreno tendrá difícil explicar en la larga campaña de las andaluzas que se avecina por qué renuncia a 5.800 millones de euros para oxigenar la maltrecha sanidad pública, fortalecer las universidades y construir viviendas para jóvenes. Sabe que no puede creerse la promesa de Feijóo de que cuando gobierne solucionará en un año la financiación de las autonomías.
Lo sabe porque su entonces consejero de Hacienda Juan Bravo, posible ministro del ramo en un hipotético gobierno de Feijóo, ya reunió bajo su consentimiento a los consejeros autonómicos del PP en San Telmo en 2020 para armar una postura común y pudo constatar las diferencias entre ellos sobre financiación. Las de Galicia, entonces con Feijóo de presidente, y Andalucía, con Moreno en la Junta, eran irreconciliables. Es decir, no ya los lazos de sangre, tampoco los ideológicos salvan las trifulcas y rencillas en cuanto se habla de reparto del dinero.
La propuesta de Montero solo tiene dos pegas. Una, que está diseñada para tiempos de bonanza y no para un clima de recesión; Y otra, que será difícil que se apruebe con el voto en contra de todos los consejeros del PP y sin el consenso de los independentistas hasta ahora. Por todo lo demás, es una gran oportunidad, sobre todo para Andalucía. El presidente andaluz, lejos de apenarse por que Montero sea ministra de Hacienda y candidata, debería alegrarse. Tiene una oportunidad de oro para poner en práctica su manual de concordia y convencer a su partido de negociar e incluso votar a favor de la reforma.
Lo sé, es un sueño ilusorio como el de la Cabalgata, pero la verdad es que para un gobernante que aspira a seguir siéndolo, será difícil una ocasión igual.