Las partes contratantes
La parte contratante de la primera parte de Sumar decidió no entrar en el Consejo de Ministros y Ministras si no le echaban cuenta desde la otra parte contratante y se incluían medidas sobre vivienda entre las previstas, provocadas por la guerra de Israel. No me atrevo a llamarlo salseo como hizo el presidente, Pedro Sánchez, el PSOE, lo he escrito varias veces, siempre es desconsiderado con sus socios de gobierno, pero sí creo que se trata de una interpretación coreográfica que podría corresponderse con una pieza teatral cercana al sainete.
Sin que sepamos el director o directora de la citada pieza porque, al menos, sobre el papel y las ondas de todo tipo, Sumar no tiene líder porque la que hubo se ha retirado y solo es invitada permanente en el núcleo mandarín. Tampoco sabemos si estaban dispuestos a no entrar llegado el caso, y eso es lo importante; si el PSOE no hubiera tenido esa mínima consideración si se hubieran retirado del Gobierno y crisis gorda. Porque eso sí es serio, lo demás, un pasillo de comedia.
La prensa se ha dividido entre tomárselo a choteo o señalar la debilidad del Gobierno o, en la otra banda, adornar la función con una piadosa crítica a la valerosa izquierda que unos dicen confederal y otros alternativa.
El desconcierto llega incluso a certificar que a estas alturas terminales de la legislatura nadie de los señalados quiere asumir el liderazgo
Lo cierto es que, de momento, sin mejores noticias del divino canal, esto no hay quien lo arregle. Las encuestas no sitúan al otrora ilusionante movimiento más allá de diez escaños. Una auténtica perdición para el PSOE, que a duras penas se sostiene. Incluso desde las sospechas de opinión que siempre provoca el socio mayor, se enteran que también los mayores aspiran a absorberlos aunque los traten con un cierto cuartelillo para ver si respiran. El desconcierto llega incluso a certificar que a estas alturas terminales de la legislatura nadie de los señalados quiere asumir el liderazgo.
En los alrededores, el chachachá continúa mantenido por los animadores de la unidad, omito a las bienintencionadas y desesperadas bases y sociedad civil que clama y trabaja por el reencuentro de los divergentes. Gabriel Rufián, el defensor civitatis, sigue siendo la estrella pero esta es una obra con muchos protagonistas y nadie quiere soltarse en tiempos venideros de hambruna de la posibilidad de seguir en la troupe. El primer encuentro de los unitarios no hizo sino constatar el entusiasmo por las preguntas y el desconcierto por las respuestas. Sin embargo, soy un sano pesimista.
Me da que todo va a seguir muy igual, sin descartar el anuncio –ya está ocurriendo– de la emergencia de nuevas pymes que aparenten gordura de los líderes periféricos empecinados pero poco más
Ahora, el animador de la unidad, se enfrenta al reto de su propia organización, ERC, que lo ha invitado a contar a sus bases sus ideas, sin que aún sepamos si lo de Rufián puede ser sin los independentistas y felizmente republicanos. Pero el próximo zamarreo es el encuentro de Gabriel Rufián con Irene Montero, izquierda ni confederal ni alternativa sino puñetera izquierda. Cuando los primeros escarceos, se supuso que Podemos no entraría en la ecuación por soberbia individualista, y de eso fue acusado, ahora, el encuentro se saluda con unos “ni muertos con Irene” que hasta eso he oído. El periodismo presente y comprometido en estas lides, sin militar se supone, arde depende de los costados de sus predilecciones. Por no hablar de los analistas, esto último un error propio no forzado, es decir, qué pintan los analistas en las lides y saraos orgánicos.
Me da que todo va a seguir muy igual, sin descartar el anuncio –ya está ocurriendo– de la emergencia de nuevas pymes que aparenten gordura de los líderes periféricos empecinados pero poco más. De la divergencia a la convergencia pasando por escisiones y fusiones de menor cuantía hasta la derrota final, eso sí con una escenografía grouchomarxista que ya ni sorprende ni convence a nadie.