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El compromiso Casero

Seguimos teniendo una preocupante falta de energía y reivindicación en la sociedad civil. El futuro lo construye el Pueblo a base de compromiso y valores, nadie lo hará por nosotros, seguro

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Paco Casero

Paco Casero

El tiempo mitiga el dolor. Tenemos esa virtud; cuando nos alejamos de los momentos duros, los suavizamos, cuando el bache se prolonga, nos adaptamos. Las ganas de vivir, el afán de logro se impone. La distancia, sin embargo, no debería hacernos olvidar lo mal que lo pasamos, los fallos que cometimos, tenemos la obligación de aprender.

En febrero de 2014, los andaluces y andaluzas llevaban a sus espaldas más de siete años de lo que se ha dado en llamar crisis económica, aunque esta faceta no sea más que los síntomas de mayores y poderosas carencias, sociales e institucionales. Si la aterrizamos en las consecuencias de la vida diaria, como paro, carencias, deterioro de servicios públicos, conflicto social, desigualdad, emigración, cuando no en marginación, pobreza, dolor, es indiscutible que los últimos diez años han supuesto mucho daño para la sociedad andaluza.

La falta de reacción, de adopción de medidas de mitigación por parte de entidades públicas y privadas, había derivado en 2014 en un clima de indignación social que no desembocó en grave conflicto social gracias a la conciencia colectiva, a la solidaridad de vecinos y familiares. A pesar de ello, las manifestaciones se sucedían, los colectivos profesionales se unían y rebelaban, las corrientes populares se colaban por todas las redes sociales, el pesar andaba a sus anchas por las calles. Otros ingredientes como la partitocracia, la corrupción, los recortes, la burocracia aderezaban la sensación de abandono de la sociedad civil, de las pequeñas empresas.

El deterioro institucional alcanzaba unos niveles insospechados, el ciudadano no se identificaba con sus representantes públicos, las trabas burocráticas aplastaban cualquier iniciativa, cualquier idea o proyecto. Se producía un deterioro acelerado que hacía crecer la pesadumbre, la frustración.

Adoptar decisiones que revertiesen el proceso se hacía urgente. Era hora de actuar, cada uno en su ámbito de trabajo, en el marco de sus competencias, pero incomprensiblemente, muy pocos parecían tener verdadera conciencia de esta situación. Francisco Casero da un paso que tiene vocación de ejemplarizante. Un chispazo que pretende hacer reaccionar a muchos. Una toma de tierra que active resortes demasiado oxidados. Casero, el 12 de febrero de 2014, en la Venta El Rayo, un lugar que representa netamente el rasgo fundamental del territorio y la sociedad andaluza, anuncia que se declara en huelga de hambre.

Dada las experiencias previas, lo había hecho ya en 35 ocasiones, todos lo tomaron en serio desde el primer momento. Un gesto de tan serias repercusiones alertó a propios y extraños. Casero, durante los 25 días que se prolongaría su huelga, hizo más de 7000 kilómetros, tuvo casi 60 actos públicos, se reunió con decenas de personas y colectivos. Empresarios, estudiantes, profesores, ganaderos, agricultores, políticos, juristas, profesionales. Abriendo debates, favoreciendo encuentros, realizando propuestas, denunciando carencias.

Zamarrear conciencias, generar actitud, activar soluciones siendo referencia y ejemplo a seguir desde el máximo compromiso. Casi un mes que fue una constante odisea y una fuente de aprendizaje vital para todos los que tuvimos la fortuna de participar de tan valiosa y singular gesta.

No importaba la relevancia del puesto ocupado, la edad, la especialidad, el lugar de residencia o la solvencia económica. La invitación era a coger el testigo, a formar parte de la solución en vez de quedarse en el problema. Hacer luz en el compromiso de cada uno, tomando los valores como palanca de acción.

Una huelga de hambre es la más poderosa reivindicación. Desde la decisión y compromiso personal, bajo la bandera del pacifismo, apostando la vida a un objetivo plenamente solidario y generoso. Una postura que no deja indiferente a nadie, que nos expulsa de nuestra zona de confort, que nos obliga a tomar parte.

La decisión, el compromiso de Paco Casero con la sociedad andaluza retumbó en todo el territorio. Desequilibró el sillón de los que estaban inexplicablemente acomodados en un momento en que era necesario el esfuerzo de todos. Quizá no se le pueda atribuir el mérito de algunas cosas que han mejorado en los últimos años, pero como la lluvia, su acción, regó el campo y germinó muchas semillas latentes.

No debemos entender estos cuatro años como un aniversario de algo que no debería haber llegado a producirse. La semilla que puso en la sociedad y las instituciones tiene que seguir creciendo en forma de reflexión y compromiso. No tenemos que permitir que se tengan que producir situaciones tan extremas como las que llevaron a Paco a tomar tan drástica decisión. No podemos dejar que la cerilla nos queme los dedos para gritar. Seguimos teniendo una preocupante falta de energía y reivindicación en la sociedad civil. El futuro lo construye el Pueblo a base de compromiso y valores, nadie lo hará por nosotros, seguro.

Una importante carencia de la sociedad del siglo XXI, urbana y tecnológica, es la ausencia de referentes. De personas íntegras, honestas y generosas en su compromiso, en su esfuerzo, en sus principios y valores. Paco Casero lo es, un hombre faro que guía.

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