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Marcos Valsera, de campeón de España de tenis de mesa con síndrome de Down a soñar con el Mundial: “No me rindo”

Sara Rojas

Jaén —
5 de septiembre de 2026 21:46 h

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Marcos Valsera nunca se rinde. A sus 14 años, este jiennense se ha convertido en el campeón de España de tenis de mesa más joven en la categoría para deportistas con síndrome de Down y ya tiene claro es su próximo objetivo: “Ser campeón del mundo”.

Lo dice con la confianza de quien ha crecido superando barreras. Con ocho años prácticamente no llegaba a la mesa. Hace tres se rompió la cadera y tuvo que pasar 40 días sin apoyar un pie en el suelo. Convive además con más de diez dioptrías en cada ojo, hipotiroidismo e hipotonía muscular. Pero Marcos insiste: “Mi frase es no me rindo”.

El problema es que su mayor rival no está en la pista. “Marcos compite en desventaja y no por tener un cromosoma de más”, sostiene su padre, Javier Valsera. Este verano tenía la oportunidad de hacer historia como el primer deportista español con síndrome de Down en disputar un Campeonato de Europa de tenis de mesa. Tras meses de gestiones por parte de su familia, consiguió la licencia internacional y fue convocado para representar a España. Sin embargo, al no contar con ayudas públicas que cubrieran los costes, la familia tuvo que renunciar.

“El talento no entiende de discapacidad, pero las oportunidades sí entienden de recursos”, resume su padre desde Jaén. Javier está convencido de que “el talento lo tenemos, solo necesitamos apoyo para que siga creciendo”. Esa es la otra cara de esta historia. La de una familia que no quiere ponerle límites a su hijo, pero que se encuentra con que seguir avanzando no depende únicamente de su esfuerzo.

Un reto que traspasa el deporte

Cuando Marcos empezó a jugar, sus padres no imaginaban hasta dónde podría llegar ni que la mayor dificultad que se iban a encontrar durante el camino sería el dinero. El tenis de mesa empezó casi como una extensión de su vida familiar. Sus padres estaban vinculados al club y Marcos comenzó a asomarse a los entrenamientos. Pronto descubrió allí algo más que una mesa, una pala y una pelota: le gustaba competir, entrenar y, sobre todo, “estar con la gente”.

Desde sus inicios, destacó por su alto nivel de coordinación. Pese a las limitaciones físicas con las que convive, demostraba una capacidad de movimiento y de reacción que podía marcar la diferencia frente a otros jugadores. Hace tres años empezó a tomarse en serio los entrenamientos, alentado por los ánimos de su entorno. La evolución fue rápida, aunque no estuvo exenta de obstáculos. A los pocos meses se rompió la cadera, pero la lesión no frenó su progresión.

Pronto empezó a competir y los resultados confirmaron lo que ya intuían quienes lo habían acompañado durante los entrenamientos. En 2024, con solo 12 años, terminó quinto de España. Un año después se subió al podio como tercero. Y este 2026 empezó el verano proclamándose campeón en un campeonato absoluto en el que se enfrenta a jugadores de todas las edades.

A lo largo de ese camino también apareció una de sus principales virtudes: “la resiliencia” que destaca su hermano mayor Samuel: “Tiene talento, pero lo mejor es esa capacidad de no rendirse y esa energía que le lleva a poder estar horas jugando al tenis de mesa”, asegura. A ello se le suma que tiene “mucho amor propio”, como añade su padre, quien recuerda que ha ganado algunos partidos después de llegar al quinto set, en un deporte en el que la concentración y la gestión de la frustración pueden ser tan determinantes como la técnica.

De hecho Marcos no solo ha trabajado el saque o el revés, sino que ha tenido que aprender a perder, a esperar, a gestionar sus emociones y a seguir intentándolo cuando las cosas no salen como le gustaría. Y ahí es donde el tenis de mesa empieza a trascender el terreno de juego. Para su familia, el deporte ha supuesto un impulso enorme para su autoestima, su capacidad de concentración y sus habilidades sociales. También le ha permitido viajar, relacionarse y enfrentarse a retos que, fuera de la pista, tienen la misma importancia que cualquier trofeo.

Eso es lo que muestran sus redes sociales, gestionadas por sus padres, donde junto a sus medallas y logros deportivos comparte pequeñas conquistas cotidianas como aprender a atarse los cordones. “Necesitamos que la sociedad los entienda y vea que las personas como él también pueden, sin visibilidad no se pueden cambiar las cosas ni conseguir avances”, defiende su padre en nombre de toda la familia, que es también un equipo.

Siguiente objetivo: ampliar el equipo

Para Marcos y su familia el Campeonato de España no era una meta, sino el punto de partida. El siguiente objetivo pasa por cruzar la frontera, pero también por abrir un camino que hasta ahora prácticamente no existe para los jugadores con síndrome de Down en el tenis de mesa español. “Nosotros como padres podríamos conformarnos ya, pero vemos los beneficios que tiene para él y queremos que siga creciendo en este deporte mientras la salud se lo permita, ¿por qué tenemos que ser nosotros quienes le pongamos límites?”, se pregunta Javier.

De ahí que se pusieran en marcha para gestionar los trámites con distintas federaciones y conseguir que Marcos representara por primera vez a España en el Campeonato de Europa, celebrado este verano en Polonia. Aunque lograron la licencia, el coste económico hizo imposible el viaje. “El problema es que no existe categoría paralímpica para síndrome de Down en tenis de Mesa y Marcos no recibe ayudas del Estado, mientras que otros países como Portugal, Francia, Inglaterra o Polonia sí ayudan a sus deportistas con síndrome de Down”, explica su padre.

El resultado es que este joven jiennense —pese a ser Campeón de España y a tener la pasión y el nivel necesarios para dar el salto internacional— “se queda fuera de esos campeonatos por falta de recursos”. Y eso “da mucha rabia”, como expresa el padre de la familia Valsera Cobos. “Las instituciones, la estructura del mundo, agotan porque no encuentras facilidades y al final todo se reduce al dinero”, reconoce Javier con la mirada empañada de impotencia.

“Es triste porque la andadura es ilusionante, pero a la vez frustrante y más allá de las dificultades que tiene Marcos, al final el mayor hándicap que encontramos es el dinero”, apostilla. Pero si algo han aprendido de Marcos es precisamente a no rendirse. Y esa actitud, reconoce su hermano, acaba contagiándose al resto. “Ante las dificultades, hay que luchar, y si lo haces en equipo es mejor”, reflexiona Samuel, que siempre acompaña a su hermano en los partidos.

Ese equipo en su familia ya existe. Ahora necesitan ampliarlo. Para ello buscan patrocinadores y han lanzado un crowdfunding con el que poder afrontar las próximas competiciones internacionales, con la mirada puesta en el Campeonato de Europa y el Mundial en Egipto de 2027. En el fondo, no se trata únicamente de financiar un viaje: quieren sostener un proyecto deportivo que lleva tres años creciendo y que aspira a seguir abriendo camino.

Ya como deportista de alto rendimiento reconocido por la Junta de Andalucía, Marcos sigue entrenando tres días a la semana para acercarse a su sueño de ser campeón del mundo. Mientras tanto, su familia seguirá haciendo lo que ha hecho desde que empezó esta aventura: acompañarlo, porque no están dispuestos a detenerse. “Vamos a pelearlo todo lo que podamos y no nos vamos a cansar porque en esta casa somos peleones”, garantiza Javier. Y, si quedaba alguna duda, Marcos tiene clara la respuesta: “Yo nunca me rindo”.