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La fascinante historia del organillero de El Palo

Filántropo, ornitólogo, entrenador de perros policía y empresario turístico. Ésta es la sorprendente historia de Jörg Perleberg, que toca el organillo en el paseo marítimo de Málaga para ayudar a jóvenes con discapacidad de un pueblo de Polonia

El organillero Jörg Perleberg en El Palo, Málaga.

El organillero Jörg Perleberg en El Palo, Málaga. Foto: Álvaro Cabrera

Acaban de dar las doce del mediodía. En la terraza de La Casita, uno de los locales más populares del paseo marítimo de El Palo (Málaga), hay mesas donde todavía se desayuna y otras en las que las cañas comienzan a amontonarse. La banda sonora no viene del bar sino del mismo paseo: una peculiar mezcla entre el suave batir de las olas, el chirrío, por fortuna lejano, de una bandada de cotorras argentinas invasoras y la música que procede de un bonito organillo de madera. 

Un niño rubio, muy pequeño, se acerca al hombre que toca el instrumento. Le han llamado la atención las letras doradas que forman las palabras ‘Orgelbau Stüber Berlin’ (Constructores de órganos Stüber) grabadas sobre la madera. Uno se imagina, por la edad del organillero, que debe ser un jubilado alemán que completa su pensión con las monedas que le dan los turistas. Pero, como suele suceder con los juicios apresurados, esta imagen se aleja por completo de la realidad.

El organillero Jörg Perleberg en el puente de Arroyo Jaboneros en El Palo.

El organillero Jörg Perleberg en el puente de Arroyo Jaboneros en El Palo. Foto: Álvaro Cabrera

Lo primero que sorprende al visitar a Jörg Perleberg en su casa de la calle Quitapenas de El Palo es encontrarlo trabajando delante del ordenador. A sus 75 años dedica entre tres y cuatro horas al día a ocuparse de su negocio turístico en Alemania, que fundamentalmente consiste en captar clientes y organizar paquetes turísticos completos (con excursiones en barco, meriendas y exposiciones) para grupos de visitantes de todo el mundo que quieren conocer los canales y el elevador de barcos doble de Scharnebeck, situado en el distrito de Lüneburg, en la Baja Sajonia (a 50 kilómetros al sur Hamburgo), un prodigio de la ingeniería.

La razón de que viva medio año en Málaga y medio año en Alemania es bastante sencilla. Por una parte, el estrés que acumulaba en el pasado, cuando tenía más negocios en Alemania, le pasó factura en forma de infarto, así que decidió cambiar su modelo de negocio, reducirlo y adaptarlo a lo que verdaderamente podía llevar sin agobios. Por otra parte, había conocido Málaga en uno de sus largos viajes en moto por Europa, otra de sus pasiones, y tuvo claro que quería vivir en El Palo.

Y así lleva diez años ya en Málaga, donde se ha convertido en un vecino más e incluso en un atractivo turístico para la zona.

El organillero Jörg Perleberg en El Palo.

El organillero Jörg Perleberg en El Palo. Foto: Álvaro Cabrera

Benefactor de un centro de día de discapacitados

Tocar el organillo por el paseo de El Palo no solo es su momento de ocio y relajación cuando acaba con sus compromisos laborales del día, sino hay una causa benéfica detrás. Todo el dinero que recauda en sus paseos lo destina a un centro de día para jóvenes con discapacidad ubicado en Kolo, Polonia. Un lugar que conoció gracias a un amigo y con el que lleva una década colaborando. Es más, hay una cuenta bancaria abierta llamada ‘Katarynka’, que significa organillo en polaco, donde muchos amigos de Perleberg y otros filántropos hacen donativos. Con los ojos emocionados muestra al visitante algunos regalos, como dibujos y pequeñas manualidades, que ha recibido de los chavales del centro.

Suele llevar un platillo para los donativos sobre el órgano, pero, a un lado del instrumento, también hay colgado un saco de terciopelo que sostiene un peluche en forma de monito. Es un guiño al pasado de la profesión. Antaño los organilleros llevaban un mono atado al organillo con una cuerda o una correa. Solía un pequeño tití al que vestían con diminutas ropas, y que era el encargado de recoger las monedas del público. Una práctica que, afortunadamente, ya no está permitida.

Cuando llegó al Palo hace diez años, Perleberg tocaba todos los días de la semana pero ahora ha reducido las salidas a tres o cuatro veces porque los años no pasan en balde y se cansa más. Con todo, toca nada menos que tres horas cada vez que sale.

Su lugar preferido para instalarse y tocar con el organillo es el puente que cruza el Arroyo Jaboneros. “Tengo el mar de frente, la montaña detrás, y el cielo y el sol sobre mi cabeza. No puedo pedir más”, dice con una gran sonrisa.  La ruta comienza en su casa en la calle Quitapenas y recorre, sobre todo, la zona de Echevarría de El Palo y va hasta Pedregalejo. También lo contratan para bodas y cumpleaños en las colonias alemanas de Torrox y Torre del Mar.

El cariño de todo un barrio

Su llegada a El Palo hace una década fue observada con curiosidad por sus vecinos, en su mayoría paleños de toda la vida, pescadores, obreros u hosteleros. De la curiosidad pasaron al acercamiento. Un vecino, Antonio, llamó un día a su puerta con un plato de pescado y un cuenco de sopa. Fue una cálida bienvenida que llega hasta hoy.

Aunque en la entrevista está presente su amigo Andy, para ayudar con la traducción del alemán, Jörg Perleberg dice alto y claro y con orgullo: “Soy paleño y este es mi barrio”. También subraya, con la intención de que aparezca en el artículo, que es “padre orgulloso de dos hijas”, una directamente implicada en el negocio turístico familiar, mientras que la otra es una experta en comunicación de centros hospitalarios, con varios premios y un gran reconocimiento en Alemania.

Adiestrador de perros, entrenador de caballos

Pero Jörg Perleberg tiene mucho más que contar. Ha sido adiestrador de perros policía, entrenador de caballos para las Olimpiadas (por sus manos pasó Halla, una famosísima yegua que ostenta el récord de haber ganado tres oros olímpicos en salto) y también ha sido motociclista, con varios campeonatos en su haber. Un accidente, que le sesgó tres dedos de su mano izquierda, le obligó a dejar algunas de sus pasiones.

Entrenando perros policía.

Entrenando perros policía. Archivo personal Jorg Perleberg

No le ha obligado, sin embargo, a abandonar su afición por la ornitología, otra de sus facetas. Visita con frecuencia la Serranía de Ronda para observar pájaros con el experto Juan Oñate y sus amigos. “Algunas de las grullas anilladas que están aquí parte del año luego están muy cerca de donde yo vivo en Alemania. Tengo el mismo ritmo migratorio que las grullas”, bromea.

 Su organillo también le ha proporcionado no pocas amistades en el mundo de la música, desde los cantantes Jimmy Green y Georges Baker, al director de orquesta José d’Aragón que simplemente un día se paró a hablar con él. También se hizo amigo del director de cine malagueño Fran Guijarro, que grabó una pieza sobre la corrupción para La Sexta con el organillo de Perleberg como banda sonora.

 

Un instrumento que requiere cierto ritmo

Jörg (Jorge, para los paleños) Perleberg insiste en que el órgano de barril “no es una máquina de música sino un instrumento musical”. “Requiere que alguien lo toque manualmente y con un cierto ritmo, no es una máquina autónoma de música”, explica con la ayuda de Andy. 

Su instrumento, que adquirió hace 17 años de segunda mano, combina dos diseños de los constructores Bacigalupo y Frati. No sabe exactamente la fecha de la fabricación. “El único cambio que le han hecho con respecto a los antiguos es que los tubos eran de metal y ahora son de bambú, lo que proporciona un sonido más suave y agradable. Es pura mecánica, nada electrónico”, subraya el organillero.

Interior del organillo con un rodillo.

Interior del organillo con un rodillo. Foto: Laura Ferrer

El instrumento funciona con rodillos, que son como bobinas. Cada rodillo lleva uno o varios temas perforados de entre cinco y ocho minutos de duración. Cuando se termina el rodillo, Perleberg tiene que rebobinarlo manualmente. Tiene unos 200 rodillos en España, lo que pueden ser unas 1.200 canciones. La mayoría son versiones cortas de temas de música clásica. Mucho de Mozart, Schubert, Strauss, Vivaldi... pero también canciones populares como ‘La cucaracha’, que es el tema que suena a las doce del mediodía, junto a La Casita de El Palo.

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