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Entre el arte y el hogar: una muestra une en Zaragoza la sensación de pertenencia con la experiencia de la migración

Antonio Miranda, uno de los artistas que participan en la muestra, a la entrada de la exposición.

Beatriz Elizagaray

20 de junio de 2026 23:03 h

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‘Fugar vagar llegar’ es el título de la nueva exposición de Alberto Monreal, que acoge La Casa de los Morlanes hasta el 16 de agosto en la capital aragonesa. Un título inspirador con el que, a través del videoarte, la instalación y la creación performativa, el artista zaragozano pretende que los visitantes conecten con la idea de ‘hogar’. La muestra está diseñada para que, desde la entrada, las personas dejen de ser simples espectadores y se conviertan en parte de la obra, respondiendo para sí mismos qué es hogar: para Monreal, “cada cual llama hogar a lo que siente”.

La idea central sobre la que se desarrolla la exposición viene de la experiencia personal del autor desde que era estudiante, cuando vivió etapas que, como él bien dice, “no son ni buenas ni malas, simplemente suceden”. “Yo he vivido siempre con la sensación de tener hogares, desdoblados y múltiples”, incide. Para él, esta dinámica no ha sido un problema, sino una manera de vivir.

En cuanto a la creación de cada obra, existe un evidente sentido de la cooperación: se trata de la participación conjunta de otro artistas locales para realizar las instalaciones. Una metodología que suele usar el artista en sus trabajos: “No concibo el arte como algo individual, desde el principio esta exposición tuvo un carácter colectivo, hay muchísimos artistas implicados”. De hecho, en la inauguración hubo poesía y danza butoh, donde destacó el bailarín y coreógrafo Gonzalo Catalinas.

Los colaboradores son personas con las que ha convivido y convive el artista principal: Noelia Blesa, Bea al Mar, Neo Fénix, Lucía Ruiz de Temiño y Esther de la Parra, quien ha editado el catálogo, toda la cartelería y el gráfico del evento. En el caso de la fotografía ha estado presente Carlos Colás y su compañera de viaje Ainara García, con la que vivió la experiencia del Camino de ‘Compostera’, como prefirieron llamarle a su experiencia y de la cual surgió la instalación del mismo. Se trata de mostrar todos los residuos que iban generando y recogiendo en un depósito hecho por ellos mismos durante el recorrido hacia Santiago de Compostela.

Otro de los espacios de la muestra.

En consonancia con esta metodología, Alberto Monreal decidió crear una instalación colectiva para dar espacio a otros artistas con experiencia en migración. Fueron invitados Antonio Miranda (Cuba), Ebby (Ghana), Maryiem (Marruecos), Nickole Valeria y Rafael Dangong (Colombia), Lucy (Uganda), Uno (Uruguay), Xema (Uganda) y Rosalía de León (Mexico). “Desde el principio, el proceso fue muy fluido gracias a la gran proactividad creativa del grupo y a la disposición de cada participante para aportar sus conocimientos y habilidades”, destaca el director artístico.

Uno de ellos, Antonio Miranda –Tony– asegura que colaborar con artistas de otros países para crear Varidágene “ha sido una experiencia enriquecedora”. “Aquí el arte se ha convertido en un lenguaje universal. Es mi primera exposión fuera de Cuba. Y es un agradecimiento infinito a Alberto, que también me ha permitido crear redes. Esto es algo muy importante para un emigrante, porque las redes son como esos espacios seguros que encuentras, es prácticamente tu nueva familia”, añade.

Por otro lado, Monreal se pregunta: “¿Cómo echas raíces si no hay tierra?”. Desde el punto de vista social, la obra es una llamada a conectar con las raíces, la naturaleza, el medio físico que rodea el espacio personal más allá del uso de los recursos digitales. “Nuestros hábitos giran en torno a pantallas de cristal, espacios virtuales y redes sociales. Es muy difícil arraigarse y está sucediendo a nivel mundial”, expresa Alberto. “El fenómeno de la globalización repercute en los procesos migratorios, con los históricos problemas de las fronteras y la propiedad de la tierra, que ocasiona que muchas personas quieran buscar vida en otro lugar, donde a lo mejor no te dan la bienvenida, y es un factor que afecta a la vida entera de una persona”, desgrana. Desde esta perspectiva, el artista invita a mirar más de cerca a esta problemática social.

Para poner en marcha la iniciativa, el propio artista principal decidió dar un paso atrás y limitarse a proporcionar el contexto general de la exposición, permitiendo que fuera el resto de integrantes del equipo quienes desarrollaran libremente sus propuestas: “De manera natural fueron surgiendo ideas y recursos: algunas personas aportaron fotografía, otras escenografía, pintura, poesía o elementos multimedia interactivos”. Por ejemplo, se escribieron poemas para que el público pueda llevarse consigo. Este detalle convierte la obra en una experiencia tangible para el público, ya que se puede entrar físicamente en la instalación y recoger los poemas, implicándose así en las historias y biografías que la obra representa.

La instalación fue titulada ‘Varidágene’, y aborda las experiencias de la migración a través de un lenguaje multidisciplinar que combina poesía, fotografía, pintura, multimedia y otros recursos artísticos. Entre los elementos que la componen aparecen referencias visuales al viaje, al desplazamiento y a la búsqueda de pertenencia, invitando a reflexionar sobre lo que significa encontrar un lugar propio o habitar uno que inicialmente se percibe como ajeno. Se fusionan en una pieza: maletas, una manta térmica de refugiados, las rocas de la orilla del mar, la soledad de un lugar que no es tuyo, y más.

La interacción con el público es uno de los ejes fundamentales del proyecto. Monreal rechaza la idea de un espectador pasivo y apuesta por experiencias que inviten a la participación directa. “Hay una intención de generar espacios donde quien quiera pueda habitar la obra”, explica.

Las instalaciones proponen diferentes formas de implicación: algunas invitan a recorrer la exposición con una pregunta personal, otras obligan a tumbarse en el suelo para apreciarlas o a dedicar tiempo a observar los cambios que se producen. También hay piezas que pueden tocarse o que conectan físicamente con otras obras presentes en la muestra. “La decisión está siempre en el visitante”, matiza el artista, aunque reconoce que existe una voluntad clara de romper con la comunicación unidireccional entre creador y público.

Poemas para regalar.

La elección de la Casa de los Morlanes como sede de la exposición no fue casual. Para Monreal, el edificio forma parte de su propia historia personal y está estrechamente ligado al concepto de hogar que vertebra toda la muestra. Además, el artista reivindica el valor arquitectónico del espacio expositivo, especialmente de las antiguas bodegas que hoy albergan las salas de arte. “Me parece una maravilla reaprovechar espacios existentes en lugar de construir otros nuevos”, afirma. Esa filosofía ha influido directamente en el montaje de la exposición, que evita ocultar las huellas del edificio y de las muestras anteriores. Agujeros y marcas permanecen visibles como parte de una propuesta que entiende el espacio como un lugar habitado y con memoria.

Esa relación con la arquitectura se aprecia especialmente en una de las instalaciones, formada por proyecciones de manos que recorren muros y fachadas. Las imágenes se adaptan a las texturas originales de las bóvedas de ladrillo, reforzando el diálogo entre la obra y el lugar que la acoge. “Ha habido todo el rato un reclamo de esa cosa originaria y de no tener que generar un cubo blanco cada vez que mostramos arte”, explica.

Lejos de buscar una reacción concreta en el visitante, Monreal defiende una experiencia abierta, basada en la curiosidad y la interpretación personal. “No quiero que nadie se lleve una sensación determinada”, asegura. Por ello, la exposición propone desde el inicio una participación activa: cada persona puede escribir una pregunta sobre qué significa para ella el hogar, llevarla consigo durante el recorrido y dejarla al final de la muestra junto a las de otros visitantes.

Más que ofrecer respuestas cerradas, el artista aspira a que cada persona encuentre sus propias preguntas. “Cada cual va encontrando la manera de vivir que tiene coherencia con lo que le ha sucedido en la vida”, reflexiona. Una idea que atraviesa toda la exposición y que, en última instancia, reivindica la diversidad de experiencias y la necesidad de respetar distintas formas de entender el mundo.

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