El gran bocazas supera la catatonia y rinde Zaragoza a sus pies: Morrissey ha vuelto
Once años, dos frustrantes cancelaciones, un reguero interminable de polémicas en el camino y la sensación de que el ocaso se hacía inevitable. Pero definitivamente mereció la pena: Morrisey está de vuelta en España. Y cómo, en qué estado. En su primera visita a Zaragoza, ante 1.500 fans que habían consumido en pocos minutos la taquilla, uno de los mayores mitos del pop del último medio siglo confirmó que el gran bocazas ('bigmouth') ha regresado para golpear fuerte. Con una voz en plena forma, las dosis de histrionismo que siempre le acompañan y superada ya su reciente catatonia, el exlíder de The Smiths presentó en el Auditorio de la capital aragonesa su nuevo disco, 'Make-up is a lie', y llevó en volandas a los asistentes con algunos de sus grandes clásicos: 'Everyday Is Like Sunday', 'Suedehead', 'First of the Gang to Die' o, por supuesto y antes de apagar al salir, 'There Is a Light That Never Goes Out'.
La expectación fue máxima hasta el último suspiro: hasta que Steven Patrick Morrissey subió al escenario para disipar las dudas sobre su presencia, tras la espantada 48 horas atrás en Valencia. En ese momento todos olvidaron sus coqueteos con la extrema derecha, su nacionalismo en ocasiones rancio o la impresión de que los mejores años quedaron atrás, de que un autobús de dos pisos se lo había llevado por delante. Y más en un escenario como el Auditorio de Zaragoza, preparado para los trazos más sinfónicos y donde los cinco instrumentistas –dos guitarras, bajo, batería y teclado– desplegó un sonido apabullante, en especial la electricidad en la guitarra de la italiana Carmen Vandenberg.
De rosa descamisado, con pantalón abolsado y mocasines, el artista británico abrió el concierto con el acelerado homenaje a Melville llamado 'Billy Bud' y mantuvo el tono rockero con 'I Just Want to See the Boy Happy'. Y entonces llegó el primer himno, un tema con casi 40 años de vida –se dice pronto–: 'Suedehead'. Y la cerilla prendió.
A continuación, los dos primeros temas de su nuevo disco, 'Notre-Dame', del que mejor pasar por alto las conspiranoicas ideas de su letra, y Make-Up Is a Lie, con su triple sentido y su grandilocuencia de vieja escuela. Para compensar dos canciones –especialmente la primera– que no lograron conectar con la misma intensidad con su audiencia, dos clásicazos de tono muy distinto: del cabaretero 'A Rush and a Push and the Land Is Ours' a la enérgica y reivindicativa 'Irish Blood, English Heart'; del “creo que estoy enamorado” a “escupir sobre el nombre de Oliver Cromwell”.
Pañuelo en mano para secarse el sudor llegaron 'Now My Heart Is Full' y –segunda llamada a The Smiths– 'How Soon Is Now?', ese himno tembloroso y eterno. Tras la poética 'I'm Throwing My Arms Around Paris', Morrissey volvió a activar su modo reivindicativo con una canción de obvio simbolismo en España: 'The Bullfighter Dies', con sus referencias a Madrid, Barcelona y Sevilla, bajo imágenes de sangrientas corridas de toros, contrapunto a la bandera española de la batería.
Uno de los temas más intensos y destacados de 'Make-up is a lie', 'The Monsters of Pig Alley', precedió a una huida sucinta de Morrissey del escenario poco antes de cumplirse la hora de concierto. ¿Volvería? Lo hizo: tenía que responder al teléfono, se dirigió al público: una llamada de la “prensa local” que le calificaba de “¡bastardo, bastardo, bastardo!”.
Dos himnos generacionales, 'Half a Person' y 'First of the Gang to Die', sirvieron para recuperar con plenitud la conexión con el público, entregado a un Morrissey pletórico y melodramático a partes iguales. Y otro clásico, este con tintes de angustia vital: 'Last Night I Dreamt That Somebody Loved Me' con sus silencios densos: “Sin esperanza, sin dolor; solo otra falsa alarma”. A continuación, 'Jack the Ripper' envuelta en humo londinense, con su dosis justa de teatralidad gótica y sumar dramatismo a la noche.
'Everyday Is Like Sunday' hizo del Auditorio de Zaragoza un eco unánime puesto en pie: no, no todos los días son “silenciosos y grises”; definitivamente, este no lo fue. 'World Peace Is None of Your Business' rebajó el tono y anticipó un breve descanso: su regreso, enfundado en ahora en una camiseta blanca, trajo uno de los clásicos que nunca van a envejecer, 'There Is a Light That Never Goes Out', la canción que ha acompañado a una generación entera, arrollada por ese camión de diez toneladas llamado 'The Smiths' y con Morrissey como capitán. Nunca es una buena noche para morir; pero, si tiene que ser, que sea a tu lado. Lo canta el gran bocazas.
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