Azcón y el gran sapo
Como sabes, ya hay acuerdo en Aragón: lo dieron a conocer este miércoles los dos primeros espadas del PP y Vox en Aragón. Y si la cara es el espejo del alma, el rostro de Jorge Azcón y también de su equipo reflejó en varios destellos lo que sin duda estaba pensando el líder popular: que lo más difícil no era el trance negociador de las semanas previas, que lo verdaderamente complicado empieza ahora.
Los aragoneses estrenarán dentro de unos días el gobierno que sin duda votaron el pasado 8 de febrero, es obvio. Pero tendrán –o tendremos– que convivir con medidas que en su mayoría no aprueban. Porque Vox ha impuesto su agenda ultra no solo al PP, sino a ese 34% de votantes que dieron su apoyo a los populares. Y por supuesto a todos los que no lo hicieron. La 'prioridad nacional', un término de ecos lepenistas. Azcón se ha tenido que tragar su gran sapo.
Es evidente la incomodidad con la que gran parte de la cúpula del PP en Aragón, un partido de corte liberal conservador pero alejado de extremismos –más allá de que la estrategia política les haya llevado a adoptar determinadas posiciones en el pasado–, ha recibido ese “el español primero” que quiere imponer Vox. Que no solo quiere imponer: que se convierte en uno de los ejes de gobierno en la comunidad para los próximos cuatro años. Una realidad impensable hace pocos años. Pero la que tenemos.
Para Azcón, como te digo, ahora empieza lo más complicado.
Como administrar la comunidad junto a un socio que, aunque más profesionalizado que en 2023, mantiene su carácter caprichoso e incontinente, algo que encarna su portavoz, Alejandro Nolasco.
Como lidiar con medidas que no dependen del Gobierno autonómico y que colisionarán con la acción del Estado, como la limpieza de los ríos o la reforma del padrón.
O, más importante todavía, con la aplicación de un pacto de tintes xenófobos, que margina a un amplio sector de la población como el de los migrantes, a los que casi sitúa en la categoría de parias.
A cambio de garantizar la gobernabilidad –habrá que ver hasta qué punto–, presupuestos autonómicos incluidos, Vox obtiene también una vicepresidencia y tres consejerías: Servicios Sociales y Familia; Agricultura, Ganadería y Alimentación, y Medio Ambiente y Turismo. Que, traducido, supone el control de las áreas ideológicamente claves para la extrema derecha: la inmigración, la lucha contra el Pacto Verde comunitario y el freno a las energías renovables.
Solo esta fotografía hace que retrocedamos varias décadas respecto a lo logrado. Un Aragón reaccionario: con eso nos toca convivir. Lo que no necesariamente supone que debamos hacerlo callados. Y aprovecho para decirte que en elDiario.es seguiremos ahí: denunciando las injusticias sociales y todo lo que socave los valores democráticos, en especial cuando estos movimientos provengan del poder.
Por cierto, ¿sabes cuántas referencias hay a la cultura y a la ciencia en el acuerdo de gobierno PP-Vox? Así es: cero. Aunque, visto lo visto, casi mejor.
La indignidad de castigar al indefenso
Como si de una tenebrosa premonición se tratara, la casualidad ha querido que el pacto autonómico PP-Vox se firme la misma semana en la que los zaragozanos hemos sido testigos de una situación indigna por la gestión que ha hecho el equipo de gobierno de Natalia Chueca de la regularización extraordinaria impulsada por el Gobierno central.
La orden expresa a las juntas de distrito para que dejaran de llevar a cabo los trámites de empadronamiento que gestionan a diario y que los derivaran a las oficinas de la plaza del Pilar supuso el colapso y generó colas interminables a las puertas del ayuntamiento, con decenas de migrantes esperando al sol mientras el interior del edificio permanecía casi vacío.
Esta decisión, sin embargo, se topó con la 'rebeldía' de muchos funcionarios municipales en esas mismas juntas de distrito: acordaron de manera informal que continuarían haciendo lo que siempre hacen. Primero porque son trámites sencillos, segundo por el bienestar de los propios migrantes y tercero por sus compañeros y compañeras de la plaza del Pilar. “Las medidas adoptadas por este Gobierno no contribuyen a aligerar el colapso, sino a incrementarlo”, dejó escrito una empleada del Registro General. Tremendo.
Una lección de dignidad entre tanta sombra.
El miércoles, la contestación social se tradujo en una concentración a las puertas del consistorio para denunciar el cuello de botella impuesto por los gestores municipales con la centralización de los certificados de vulnerabilidad. “El problema no es la falta de personal, sino que no se les deja trabajar”, denunció una representante sindical.