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Tiempo de amapolas

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“En los campos de Flandes

crecen las amapolas.

Fila tras fila

Entre las cruces que marcan nuestras tumbas.

Y en el cielo aún vuela y canta la valiente alondra,

Su voz apagada por el fragor de los cañones.

Somos los muertos.

Hace pocos días vivíamos,

cantábamos auroras, veíamos el rojo del crepúsculo,

amábamos, éramos amados.

Ahora yacemos, en los campos de Flandes.

Contra el enemigo proseguid nuestra lucha.

Tomad la antorcha que os arrojan nuestras manos exangües.

Mantenedla bien en alto.

Si faltáis a la fe de nosotros los muertos,

jamás descansaremos,

aunque florezcan

en los campos de Flandes,

las amapolas“.

Los versos del poeta y teniente coronel médico canadiense, John McCrae, son citados en muchos países en el Día del Recuerdo, en memoria de los compatriotas que murieron por la libertad y en defensa de los valores democráticos en las dos grandes guerras mundiales. McCrae los escribió destrozado por la muerte de un amigo en la batalla de Ypres (Bélgica) en 1915.

El simbolismo de las amapolas, que estos días están brotando en nuestros campos, puede extenderse también a la conmemoración del Día de Europa. Un 9 de mayo de 1950 se firmó la Declaración Schuman por la paz, la cooperación y la unidad europea. La iniciativa del ministro de Asuntos Exteriores francés Robert Schuman, que calificaba como inconcebible la guerra entre las naciones europeas, puso la semilla de la actual Unión Europea (UE) regada con la sangre de decenas y decenas de millones de muertos, muchos de ellos jóvenes.

Este 9 de mayo han coincidido los 80 años del final de la II Guerra Mundial, de la derrota del nazismo, y los 75 años de la Declaración Schuman. Y el próximo 12 de junio se cumplirán 40 años de la firma del Tratado de adhesión de España y Portugal a la UE.

Con motivo del Día de Europa también se han movilizado organizaciones europeístas que, con una guerra en suelo europeo, la presidencia de Trump y el avance electoral de la extrema derecha y de los populismos extremistas, ven peligrar un modelo de vida, sin duda el mejor del mundo, basado en superar el nacionalismo excluyente, en el respeto a la dignidad humana se haya nacido donde se haya nacido, en la justicia social, en la libertad y en la paz.

La concentración y el Manifiesto que se leyó ayer por la tarde en la plaza de España de Zaragoza quiso ser un acto de reafirmación en esos valores, un compromiso de hacer pedagogía para emocionar a las jóvenes generaciones (los programas Erasmus han sido muy valiosos desde la década de los 80) y una exigencia de más Europa. Quiso ser también un llamamiento para superar la dependencia de otros países, para defendernos y para ser capaces de valernos por nosotros mismos.

Todo eso, incluida la cooperación educativa, científica y el impulso a plataformas tecnológicas propias, se concentra en el término autonomía estratégica para la cual sería imprescindible una defensa colectiva, no 27 defensas, y una potente inversión en ciberseguridad porque el espacio digital ya es un auténtico campo de batalla entre democracia y autoritarismo.

Esta última expresión es del ministro de Asuntos Digitales de Polonia, un país de 37 millones de habitantes fronterizo con Rusia que va a destinar 930 millones de euros a reforzar su seguridad digital. El domingo 18 de mayo está convocada en ese país la primera vuelta para elegir presidente entre un candidato del partido Ley y Justicia, una organización euroescéptica de extrema derecha, y otro, el alcalde de Varsovia, europeísta en sintonía con el primer ministro Donald Tusk.

En Polonia hay mucho en juego para el futuro de la UE, más después de que el ministro Gawkowski haya denunciado “un intento sin precedentes, por parte de Moscú, de interferir en las elecciones difundiendo desinformación en combinación con ataques híbridos a infraestructuras críticas para paralizar el funcionamiento del Estado”. Presuntos sabotajes que se habrían dirigido a empresas de agua y alcantarillado, centrales térmicas y eléctricas y organismos de la administración pública.

El mismo domingo está convocada la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Rumanía, el sexto país más poblado de la UE con más de 19 millones de habitantes. Rumanía, que como su vecina Polonia también pertenece a la OTAN, está atravesando una difícil situación económica con un elevado déficit y el temor ciudadano a las subidas de impuestos.

La primera vuelta la ganó con el 41 por ciento de los votos el candidato ultraderechista, euroescéptico y prorruso. Son unas elecciones que se repiten porque el Tribunal Supremo rumano anuló las de noviembre pasado por injerencias rusas. En la actual campaña ya se han producido denuncias de redes secretas de Tik Tok, que han tenido que ser eliminadas, y de hackeos a webs de los ministerios de Interior, Justicia y Exteriores. En España se han empadronado más de 600.000 rumanos. Es la tercera comunidad en número de inmigrantes después de Marruecos y Ecuador.

Para finalizar, no olvidemos que en Hungría y Eslovaquia hay gobiernos que rechazan la ayuda militar a Ucrania y las sanciones económicas a Rusia. No olvidemos que los servicios secretos alemanes han llegado a calificar al partido de extrema derecha AfD (Alternativa para Alemania) de extremista incompatible con la democracia por extender una idea del pueblo basada en los orígenes étnicos “que devalúa a grupos enteros de población en Alemania y viola su dignidad humana”. Una afirmación que, a la espera del fallo de los recursos de ese partido ante los tribunales, nos trae a la memoria la ausencia de moralidad de los orígenes del nazismo.

Es tiempo de reafirmarnos y de movilizarnos en defensa del modelo europeo. No caigamos en la insensibilidad de vivir como si nada pasara a nuestro alrededor, en la normalidad de una sociedad en la que avanza electoralmente el odio a otros seres humanos.

Ningún europeísta puede quedarse cruzado de brazos. No podemos fallarles a los muertos de las dos guerras mundiales, a los muertos de Ucrania, a los muertos de Gaza y Cisjordania, a los muertos de todos los genocidios y guerras. Tampoco a los muertos de los campos de Flandes. Mientras florecen las amapolas en esta exuberante primavera, mantengamos bien en alto la antorcha.