El cocinero que cambió Zaragoza por Trasmoz: un pueblo de 60 habitantes rodeado de leyenda

La pandemia provocó el cierre de cuantiosos establecimientos comerciales y hosteleros en todo Aragón. Santiago Mur Iglesias, cocinero profesional de 47 años, fue uno de tantos afectados. Él y Elena Madalina Neacsiu, compañera en el trabajo y en la vida, se vieron obligados a cerrar la puerta de su bar ubicado en el corazón de la Romareda, una de las zonas más emblemáticas de Zaragoza. “Soy cocinero desde 1989, estudié hostelería y fue muy duro tener que bajar la persiana de mi negocio”, explica Santiago, que ahora cuenta su historia con unas cristaleras a su espalda a través de las que se divisa un paisaje bucólico; el monte que anuncia que el Moncayo está cerca. 

Este cocinero de vocación, y Elena, camarera con raíces y acento de Rumanía, hicieron las maletas y viajaron hasta Trasmoz, uno de los pueblos con más encanto y misterio de Aragón. Llegaron a la localidad “por casualidad” dice Santiago, “una de nuestras proveedoras nos comentó que buscaban a alguien que se hiciera cargo del bar del pueblo y vinimos”. De esto, ha pasado un mes, y aunque no es mucho tiempo, esta pareja nueva ha recibido el calor y los consejos de los menos de 60 habitantes de Trasmoz. “Sobre todo, lo que más falta les hacía en el pueblo era un servicio de comidas, almuerzos y cenas, de calidad, pero asequibles para todos”, apunta Santiago. 

El establecimiento, reformado hace tres años y con unas maravillosas vistas al monte y al cielo limpio, en los últimos años no había ofertado comida ni para la vecindad, ni para los muchos turistas que cada fin de semana se acercan, incluso en autobuses, a visitar el famoso pueblo de las brujas. Pensando cómo dar solución a esta necesidad, Santiago y Elena, han diseñado una carta con un menú de diario y otro de fin de semana, también ofrecen bocadillos, almuerzos y comida para llevar por encargo “lo que más nos piden son asados, paella y fideuá”, añaden. Los habitantes de Trasmoz están contentos “porque ahora la gente se puede quedar en el pueblo, no tienen que irse deprisa y corriendo a Tarazona a comer”, apuntan, y esto les permite disfrutar del pueblo y de su encanto unas horas más. 

También Santiago y Elena han aprendido a disfrutar del pueblo y de la zona, desde la tranquilidad que les ha proporcionado salir de la capital. “Nunca hasta ahora había podido salir a pasear una tarde, en un día entre semana, esto es algo nuevo para nosotros”, cuenta Santiago, y añade “antes íbamos de casa al trabajo y a la inversa. Aquí, hemos ganado en calidad de vida al cien por cien”. 

Las brujas de Trasmoz

Este fin de semana Santiago y Elena celebran su primer mes de actividad en el pueblo, al mismo tiempo que Trasmoz vivirá de nuevo la Feria de brujería del Moncayo, en pausa durante la pandemia. Esta será la XX edición de una fiesta declarada de Interés Turístico de Aragón, que tendrá a la actriz Luisa Gavasa como bruja de honor, y en la que se podrá disfrutar de un aquelarre de brujas, el mercado esotérico y exhibiciones de magia. “Estamos expectantes, unos vecinos nos dicen que pueden llegar a venir 3.000 personas, otros que pueden ser hasta 5000. Pase lo que pase, nosotros estamos preparados” y también ilusionados, confiesa el cocinero, que va a vivir su primer contacto con la leyenda de las brujas de Trasmoz. 

La última bruja de Trasmoz de la que se tiene noticia murió despeñada as mediados del siglo XIX después de ser linchada por las gentes del pueblo (el suceso tuvo lugar en 1860). De ella, que era conocida como la Tía Casca –Joaquina Bona-, decían que echaba el mal de ojo, que era capaz de emponzoñar el agua y gustaba de atormentar a los niños; hoy sabemos que Joaquina era sólo una mujer sabia que conocía el poder curativo de las plantas del bosque. Bécquer oyó de primera mano los relatos de sus vecinos y de ellos supo que el alma de la Tía Casca seguía merodeando las frondas y cañadas asustando a los pastores y atormentando a los viajeros. La publicación en ‘El Contemporáneo’ de las cartas del poeta elevó el lugar al estatus de mito popular: el pueblo maldito por la iglesia; el pueblo de las brujas. Trasmoz sigue excomulgado. Ningún Papa se tomó la molestia de retirar el ‘castigo’ de los abades de Veruela. Pero a los vecinos y vecinas del pueblo la situación no les importuna lo más mínimo.

Desde la cocina, también hacemos pueblo

Una de las cosas que Santiago Mur tenía claras era la necesidad de introducir en la elaboración de sus platos alimentos y productos de la zona. “Es una forma de diferenciarse del resto y de añadir un plus a la cocina que preparamos” dice, y por eso están ya en contacto con varios productores de la zona que les suministran los ingredientes de uno de sus platos estrella; el almuerzo, que invita al paladar con embutidos de la zona, huevos fritos, patata de Vera de Moncayo, queso de Trasmoz, trufa del Moncayo y panes artesanos. 

También han querido hacer un guiño a las brujas y para ello están diseñando un menú de tres platos inspirados en su leyenda. “No podemos desvelar todavía cuáles van a ser, pero sí adelantamos que habrá una tapa, un plato de cuchara y un postre especiales” dice el cocinero, mientras deja caer que las bachocas, una variedad de judías del Moncayo, y el queso de Trasmoz no faltarán en estas elaboraciones mágicas. “Queremos que la gente que venga a comer se vaya feliz y con un bonito recuerdo del pueblo y de nuestra gastronomía”, explica este cocinero de vocación, nacido en el Somontano de Barbastro. 

Entre paseos y pequeñas excursiones al pantano, por los caminos y montes de las faldas del Moncayo, Santiago y Elena, profesionales de la hostelería, hacen balance de su drástico cambio de vida y concluyen que “en los pueblos, con menos, se puede vivir con calidad” y sienten que, “al menos de momento”, su llegada a Trasmoz, “ha merecido la pena”. 

La pandemia provocó el cierre de cuantiosos establecimientos comerciales y hosteleros en todo Aragón. Santiago Mur Iglesias, cocinero profesional de 47 años, fue uno de tantos afectados. Él y Elena Madalina Neacsiu, compañera en el trabajo y en la vida, se vieron obligados a cerrar la puerta de su bar ubicado en el corazón de la Romareda, una de las zonas más emblemáticas de Zaragoza. “Soy cocinero desde 1989, estudié hostelería y fue muy duro tener que bajar la persiana de mi negocio”, explica Santiago, que ahora cuenta su historia con unas cristaleras a su espalda a través de las que se divisa un paisaje bucólico; el monte que anuncia que el Moncayo está cerca. 

Este cocinero de vocación, y Elena, camarera con raíces y acento de Rumanía, hicieron las maletas y viajaron hasta Trasmoz, uno de los pueblos con más encanto y misterio de Aragón. Llegaron a la localidad “por casualidad” dice Santiago, “una de nuestras proveedoras nos comentó que buscaban a alguien que se hiciera cargo del bar del pueblo y vinimos”. De esto, ha pasado un mes, y aunque no es mucho tiempo, esta pareja nueva ha recibido el calor y los consejos de los menos de 60 habitantes de Trasmoz. “Sobre todo, lo que más falta les hacía en el pueblo era un servicio de comidas, almuerzos y cenas, de calidad, pero asequibles para todos”, apunta Santiago. 

El establecimiento, reformado hace tres años y con unas maravillosas vistas al monte y al cielo limpio, en los últimos años no había ofertado comida ni para la vecindad, ni para los muchos turistas que cada fin de semana se acercan, incluso en autobuses, a visitar el famoso pueblo de las brujas. Pensando cómo dar solución a esta necesidad, Santiago y Elena, han diseñado una carta con un menú de diario y otro de fin de semana, también ofrecen bocadillos, almuerzos y comida para llevar por encargo “lo que más nos piden son asados, paella y fideuá”, añaden. Los habitantes de Trasmoz están contentos “porque ahora la gente se puede quedar en el pueblo, no tienen que irse deprisa y corriendo a Tarazona a comer”, apuntan, y esto les permite disfrutar del pueblo y de su encanto unas horas más. 

También Santiago y Elena han aprendido a disfrutar del pueblo y de la zona, desde la tranquilidad que les ha proporcionado salir de la capital. “Nunca hasta ahora había podido salir a pasear una tarde, en un día entre semana, esto es algo nuevo para nosotros”, cuenta Santiago, y añade “antes íbamos de casa al trabajo y a la inversa. Aquí, hemos ganado en calidad de vida al cien por cien”. 

Las brujas de Trasmoz

Este fin de semana Santiago y Elena celebran su primer mes de actividad en el pueblo, al mismo tiempo que Trasmoz vivirá de nuevo la Feria de brujería del Moncayo, en pausa durante la pandemia. Esta será la XX edición de una fiesta declarada de Interés Turístico de Aragón, que tendrá a la actriz Luisa Gavasa como bruja de honor, y en la que se podrá disfrutar de un aquelarre de brujas, el mercado esotérico y exhibiciones de magia. “Estamos expectantes, unos vecinos nos dicen que pueden llegar a venir 3.000 personas, otros que pueden ser hasta 5000. Pase lo que pase, nosotros estamos preparados” y también ilusionados, confiesa el cocinero, que va a vivir su primer contacto con la leyenda de las brujas de Trasmoz. 

La última bruja de Trasmoz de la que se tiene noticia murió despeñada as mediados del siglo XIX después de ser linchada por las gentes del pueblo (el suceso tuvo lugar en 1860). De ella, que era conocida como la Tía Casca –Joaquina Bona-, decían que echaba el mal de ojo, que era capaz de emponzoñar el agua y gustaba de atormentar a los niños; hoy sabemos que Joaquina era sólo una mujer sabia que conocía el poder curativo de las plantas del bosque. Bécquer oyó de primera mano los relatos de sus vecinos y de ellos supo que el alma de la Tía Casca seguía merodeando las frondas y cañadas asustando a los pastores y atormentando a los viajeros. La publicación en ‘El Contemporáneo’ de las cartas del poeta elevó el lugar al estatus de mito popular: el pueblo maldito por la iglesia; el pueblo de las brujas. Trasmoz sigue excomulgado. Ningún Papa se tomó la molestia de retirar el ‘castigo’ de los abades de Veruela. Pero a los vecinos y vecinas del pueblo la situación no les importuna lo más mínimo.

Desde la cocina, también hacemos pueblo

Una de las cosas que Santiago Mur tenía claras era la necesidad de introducir en la elaboración de sus platos alimentos y productos de la zona. “Es una forma de diferenciarse del resto y de añadir un plus a la cocina que preparamos” dice, y por eso están ya en contacto con varios productores de la zona que les suministran los ingredientes de uno de sus platos estrella; el almuerzo, que invita al paladar con embutidos de la zona, huevos fritos, patata de Vera de Moncayo, queso de Trasmoz, trufa del Moncayo y panes artesanos. 

También han querido hacer un guiño a las brujas y para ello están diseñando un menú de tres platos inspirados en su leyenda. “No podemos desvelar todavía cuáles van a ser, pero sí adelantamos que habrá una tapa, un plato de cuchara y un postre especiales” dice el cocinero, mientras deja caer que las bachocas, una variedad de judías del Moncayo, y el queso de Trasmoz no faltarán en estas elaboraciones mágicas. “Queremos que la gente que venga a comer se vaya feliz y con un bonito recuerdo del pueblo y de nuestra gastronomía”, explica este cocinero de vocación, nacido en el Somontano de Barbastro. 

Entre paseos y pequeñas excursiones al pantano, por los caminos y montes de las faldas del Moncayo, Santiago y Elena, profesionales de la hostelería, hacen balance de su drástico cambio de vida y concluyen que “en los pueblos, con menos, se puede vivir con calidad” y sienten que, “al menos de momento”, su llegada a Trasmoz, “ha merecido la pena”. 

La pandemia provocó el cierre de cuantiosos establecimientos comerciales y hosteleros en todo Aragón. Santiago Mur Iglesias, cocinero profesional de 47 años, fue uno de tantos afectados. Él y Elena Madalina Neacsiu, compañera en el trabajo y en la vida, se vieron obligados a cerrar la puerta de su bar ubicado en el corazón de la Romareda, una de las zonas más emblemáticas de Zaragoza. “Soy cocinero desde 1989, estudié hostelería y fue muy duro tener que bajar la persiana de mi negocio”, explica Santiago, que ahora cuenta su historia con unas cristaleras a su espalda a través de las que se divisa un paisaje bucólico; el monte que anuncia que el Moncayo está cerca. 

Este cocinero de vocación, y Elena, camarera con raíces y acento de Rumanía, hicieron las maletas y viajaron hasta Trasmoz, uno de los pueblos con más encanto y misterio de Aragón. Llegaron a la localidad “por casualidad” dice Santiago, “una de nuestras proveedoras nos comentó que buscaban a alguien que se hiciera cargo del bar del pueblo y vinimos”. De esto, ha pasado un mes, y aunque no es mucho tiempo, esta pareja nueva ha recibido el calor y los consejos de los menos de 60 habitantes de Trasmoz. “Sobre todo, lo que más falta les hacía en el pueblo era un servicio de comidas, almuerzos y cenas, de calidad, pero asequibles para todos”, apunta Santiago.