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Dos tortugas bobas vuelven al mar Cantábrico tras recuperarse en el Acuario de Gijón

Una de las tortugas bobas recuperada en el Acuario de Gijón

EFE

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Dos tortugas bobas (Caretta caretta), una de ellas restablecida de una embolia gaseosa y que han sido atendidas en el Centro de Recuperación de Animales Marinos de Asturias (CRAMA) del Bioparc Acuario de Gijón, han sido reintroducidas este jueves al mar Cantábrico, a unas cinco millas al norte del cabo Peñas, tras completar con éxito su recuperación.

A través de un comunicado, el acuario gijonés ha explicado que uno de estos dos ejemplares de tortuga boba atendidos en el CRAMA fue encontrado el pasado 1 de julio en la playa de Llumeres, en Gozón, con signos compatibles con un síndrome de descompresión.

La segunda tortuga que ingresó en el centro el 15 de mayo, después de ser localizada en la playa gijonesa de Poniente, presentaba un cuadro de estupor por frío, una alteración asociada a una exposición prolongada a bajas temperaturas que puede provocar debilidad y afectar al funcionamiento normal del organismo, además de otras lesiones.

Ambos animales serán trasladados hasta Luanco y serán depositados posteriormente en una embarcación de la Dirección General de Pesca Marítima para ser reintroducidos en aguas del Cantábrico.

En la reintroducción participará personal de Bioparc Acuario de Gijón junto con personal de la Consejería de Medio Rural y Política Agraria del Principado de Asturias y del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

La tortuga encontrada en Llumeres llegó al CRAMA con un peso de 1,925 kilogramos y una longitud de 25 centímetros.

Desde su ingreso, el equipo veterinario ha realizado un seguimiento continuado de su evolución hasta constatar la desaparición de los signos compatibles con la embolia gaseosa y actualmente el animal pesa 2,180 kilogramos, con un estado físico y clínico adecuado para regresar al medio natural.

Su seguimiento ha permitido documentar el proceso de recuperación de una patología todavía poco descrita en tortugas marinas en el Cantábrico.

Durante su estancia en el CRAMA, la segunda tortuga ha evolucionado favorablemente hasta superar la debilidad y la infección secundaria asociadas al cuadro de estupor por frío, así como las lesiones que presentaba en las aletas delanteras y el cuello.

A su llegada pesaba 2,974 kilogramos y medía 30 centímetros y, cuatro meses después, alcanzaba los 4,387 kilogramos, con un estado físico y clínico adecuado para regresar al mar.

La responsable veterinaria del CRAMA de la Fundación Bioparc, Susana Acle, ha remarcado que cada animal que llega al centro de recuperación aporta información “muy valiosa” para perfeccionar los cuidados, los protocolos de recuperación y de reintroducción al mar. 

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