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De cómo hacer visible lo (IN)VISIBLE y de cómo la violencia se convierte en normalidad

La cineasta y directora de (IN)VISIBLE, Estela Cubilla, durante la entrevista realizada en la librería La habitación propia, en Xixón.

Elena Plaza

11 de marzo de 2026 11:53 h

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“Cómo nos presenta la prensa y la televisión cómo es la juventud, pero cuando les das espacio, tienen capacidad respuesta muy interesante”. La que afirma así es Estela Cubilla Medina, cineasta con mirada feminista, autora de (IN)VISIBLE, un documental producido para la Radio Televisión del Principado de Asturias (RTPA), que pone el foco en las violencias que operan bajo el radar de lo cotidiano. En él, a través de las voces de adolescentes y expertas, se analiza cómo la cultura de la violación y la pornografía moldean el deseo y el consentimiento en lo social y digital.

Señala Cubilla Medina que se trata de un documental, pero “también de una herramienta educacional” que cuenta además con una serie de diez capítulos para redes sociales y que surgen, al mismo tiempo, como material para utilizar en el aula.

Se trata de un diálogo necesario entre adolescentes, especialistas y activistas donde no hay un guion ni una jerarquía, sino una conversación cara a cara donde, desde la lejanía de las cámaras, se busca favorecer esa conversación sin cortapisas, con el respeto a las opiniones y los turnos de palabra. Es una confrontación entre personas que se miran de frente, que se expresan libremente y con preguntas muy abiertas para que se pueda desarrollar las respuestas con total libertad. “Y está claro que, cuando das espacio para hablar a los jóvenes y adolescentes, saben de lo que hablan”, incide la directora del documental.

En la descripción del documental señalan el tránsito por “los espacios donde se construyen los imaginarios: desde la privacidad del hogar hasta la exposición en las redes sociales”; y se cuestiona “cómo el consentimiento se diluye en contextos marcados por la presión social y las dinámicas de poder, ofreciendo una narrativa visual potente que interpela directamente a la persona espectadora”. Hay cuatro temas clave que se tratan, y son la cultura de la violación; el impacto de la pornografía; los límites y el deseo; y la violencia digital.

Blanqueo

Acompaña a Estela Cubilla Emma González González, ayudante de dirección en el documental, doctora en Género y Diversidad y experta en intervención integral con víctimas. Ambas coinciden en señalar en el blanqueamiento de Only Fans, una plataforma de pornografía utilizada también por menores, y de la que hablan en el capítulo 3, El porno no es una clase. Señalan la falta de comunicación, de conversación en las familias y los centros escolares, y de lo fácil que es el acceso a través de un teléfono móvil, sin control.

“El porno es la puerta a la violencia sexual contra las mujeres. Los vídeos más vistos son violaciones en grupo. De eso no se habla, y los menores piensan que esto es el sexo. Y luego nos extrañan las violaciones a edades tempranas”, reflexionan ambas.

Apunta Emma González que el documental no aborda estos temas desde una perspectiva adultocéntrica, sino que “está bien ver y oír para tener un diagnóstico y poder prevenir. Ver cómo se naturaliza la violencia dentro de una cultura de la violación y el consentimiento”.

Los espacios

Importantes en este relato son los espacios elegidos para el desarrollo de las conversaciones. Porque las imágenes también hablan sin palabras. Espacios cargados de simbolismo, como el cementerio, que representa el fin último del silencio; es el espacio de la memoria, pero también de lo que queda enterrado; es el silencio que, mientras se habla de violencia, ayuda a entender la gravedad de lo “invisible”.

O la sala de despiece, donde los cuerpos se convierten en mercancía y se fragmentan, es la metáfora de la deshumanización, simboliza el mercado de la carne, del sexo mercantilizado. O la sala de pinturas de La Laboral, espacio de creación de imágenes, a veces irreales, a veces idealizadas, que influyen en la percepción de las personas adolescentes. Es la falsa estética en las redes sociales.

La realización del documental respeta los silencios, los gestos de incomodidad, las dudas. Esas mismas que surgen cuando la reflexión se abre camino, cuando los chicos, fundamentalmente ellos, no son tan conscientes de las violencias pero que en esa reflexión acaban reparando en sus privilegios.

La cineasta Estela Cubilla, con formación en perspectiva de género, reconoce el reto que supuso grabar un documental como éste.

Quiénes hablan

En un lado jóvenes de entre 15 y 23 años con una paridad por sexos y también por representación rural/urbana. Ambas realizadoras reconocen la dificultad para conseguir que estas personas participaran. Hay quien dijo sí, y después dijo no. “Esto habla de las vulnerabilidades. Al final sale quien puede y quien está en condiciones. Para este tipo de trabajos no hay que tener miedo a la cámara, saber expresar los motivos. Pero dimos en la tecla. Yo creo que hasta agradecieron que se les diera un espacio”.

En el lado de enfrente las psicólogas del Centro de Crisis para Víctimas de Agresiones Sexuales del Principado, Noelia Fernández Briz y Ofelia García Menéndez; la enfermera especialista en Salud Mental Eva Friera Cáceres; la asesora en coeducación del Instituto Asturiano de la Mujer Marian Moreno; la experta en coeducación Laura Viñuela; la coeducadora y experta en formación de grupos Chusa Méndez; la educadora social y responsable de género de Luar Raquel Alonso Menéndez; y la propia Emma González González.

Precisamente es esta última quien señala que “algo que nos gustó mucho es reconocer que necesitamos diálogo, información y espacios donde hablar. Esto nos habla de la necesidad de una coeducación transformadora e igualitaria. Esa conclusión sale en casi todos los capítulos”.

Unas conversaciones que también ponen el foco en el lenguaje corporal de las personas que intervienen; en los temas en los que focalizan la juventud de 15 ó 16 o lo que interesa a la de 20 ó 22.

Estreno

El documental, de 58 minutos de duración, se estrena este miércoles 11 de marzo a las 22.30 horas en la TPA. La serie para redes sociales está compuesta por 10 capítulos de entre 3 y 5 minutos de duración, más enfocado a la adolescencia pero que cuenta con un apoyo narrativo a través de porcentajes y datos.

Ese mismo día, a las 22.00 horas, se contempla una mesa de debate previa con parte de las personas que participaron en la realización de esta producción promovida por la RTPA, el Instituto Asturiano de la Mujer y el Gobierno del Principado.

Un tema que remueve

Si algo señalan tanto Estela Cubilla como Emma González, es que las grabaciones les “revolvió las entrañas mucho”. Hizo falta un tiempo posterior para asimilar todas las conversaciones. Remueve mucho también oír hablar de temas “que igual nunca habían verbalizado, pero que se abordaron por esa comodidad procurada”. Cubilla señala que “por una parte me siento una afortunada por poder transmitirlo, y por otra muchísima responsabilidad. Son personas que están formándose y abriéndose en canal con tanta intimidad”.

Los mismos sentimientos refiere González que habla del “procuro en la exposición”, del cuidado. “Pero también salíamos con un gran subidón, con una energía”, añade, “por haber creado un espacio de cuidados, de responsabilidad, de respeto. Y creo que la chavalada acababa también así en lo alto. Y muy afortunadas porque nunca tuvimos que gestionar nada más allá por lo que pudiera salir, porque fluyó todo”.

Y es en ese fluir donde dice la directora del documental que es donde queda evidente que “los temas tratados hacen ver que todo forma parte de la misma estructura”, y se sigue emocionando cuando recuerda estos momentos. En el preestreno del documental, al que también acudieron las familias de las personas jóvenes, éstas se mostraron “muy agradecidas. Se dieron cuenta de muchas cosas. Y ése era el objetivo. Es un relato desde los iguales, y esto cambia la perspectiva”.

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