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Beatriz Gimeno

Responsable del área de Igualdad de Podemos en la Comunidad de Madrid y diputada en la Asamblea. Escritora, activista feminista y lesbiana, blogera, expresidenta de la FELGTB. 

La culpa es de las abolas

Decía ayer Gabriela Wiener en un artículo-exabrupto que la culpa de todo es de las abolas. Nunca dejará de sorprenderme la ira que se gastan algunas contra nosotras y que jamás vemos aflorar ante la noticia, casi cotidiana, de la policía rescatando a mujeres esclavizadas o ante las filas de puteros abriendo sus braguetas para que una mujer depauperada y con la mirada perdida les chupe la polla en una rotonda. Ni ante los negocios que se cierran en prostíbulos, ni ante los niñatos que acuden en manada a los puticlubs y que luego dejan en las páginas web sus calificaciones sobre las bocas y las vaginas de las "perras", ni ante los políticos que se premian unos a otros con volquetes de putas, por no hablar de los países cuyas mujeres y niñas pobres literalmente no tienen más opción vital que ser prostitutas. Eso nunca genera la misma ira en las regulacionistas que la que generamos las abolicionistas. Es, como poco, extraño.

En su exabrupto, lleno además de inexactitudes, Gabriela Wiener descubre con pasión a la puta; a esa figura fantasmática que recorre la literatura y que tantos y tantos escritores y pensadores han descubierto antes que ella. La puta como esa figura romántica, libre, empoderada, destinada a derribar las barreras de la moral conservadora que todas las feministas denostamos. Esa figura mítica y consoladora (en todos los sentidos) destinada, en realidad, a servir de pantalla para ocultar a las verdaderas putas.

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A vueltas con la prostitución

Como a estas alturas el debate sobre el sindicato de “trabajadoras sexuales” ya habrá desgranado todos sus argumentos, intentaré aquí aportar algo que no se refiera sólo a la cuestión del sindicato que está en liza. Pero comenzaré diciendo que yo me enteré de la creación de este sindicato cuando me escribieron dos prostitutas para pedirme que intentara hacer público que este es un sindicato de proxenetas. Yo no lo conozco, pero basta leerse sus estatutos. En todo caso esta información me sirve para denunciar que este es el nivel en el que ciertos defensores de la prostitución se mueven siempre, los medios incluidos.  Si tiene que ver con la prostitución ya no se investiga, no se va más allá, no se relaciona con nada, prohibido sospechar, la realidad desaparece oculta tras un cartel de neón que dice “Prostitución” o mejor “sexo”, una de las mercancías más vendibles, si no la que más. Y eso ya lo tapa todo. Siempre me ha sorprendido la capacidad de muchos para no ver, sólo cuando hablamos de prostitución, la enorme cantidad de dolor humano, de mujeres, que está justo delante nuestro.

Sorprende también la ingenuidad o mala fe de quienes no se extrañan de que no haya nunca proxenetas en los debates tratando de inclinar la balanza hacia sus intereses.  ¿Estamos ante la única industria multimillonaria en la que los empresarios nunca aparecen y nadie se pregunta dónde están? ¿Nadie se pregunta cuáles son sus intereses ni sospecha cuando estos coinciden con los de algunas asociaciones? ¿Y cuando comparten abogados? Pues, aunque suene raro, no. Si trata de prostitución, ese sector defensor a ultranza defiende a los empresarios diciendo que son “compañeros” (sí, como Amancio Ortega de las trabajadoras de Zara). Este sector siempre se pone del lado de las mujeres con acceso a la voz pública, con infraestructura y con fácil acceso a los medios. Pero jamás escuchan a esas otras que no son partidarias de que su actividad se regule y tiene buenos motivos para ello. Incluso en algunos países se han asociado para exigir al estado que no regule. A estas nunca las verás en un debate y si llegan al mismo, se encontrarán con que el sector izquierdista pro prostitución desconfía de su testimonio, no quiere escucharlo y las desprecia. Por algún motivo solo se escucha a las putas felices.

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Putas, putas

Ya soy mayorcita, la palabra puta no me asusta, no me da morbo, no me parece guay, ni sexy. He superado la etapa juvenil de espantar a los conservadores contando hazañas sexuales. No quiero hacerme la moderna, ni la guay, contando mis prácticas sexuales, que son muy raritas (uy, ya lo he dicho), porque creo que no viene al caso.

Soy una mujer adulta y feminista, no más que nadie, pero tampoco menos que nadie. Y me gustaría que fuéramos capaces de hablar de la prostitución sin decir simplezas y complejizando la cuestión como se merece. Esto es, entre otras cosas, sin apelar siempre y casi de manera exclusiva a la experiencia individual. Porque eso es lo que solemos hacer cuando hablamos de cualquier otra institución política, dejar a un lado, o dejar para otro debate, la experiencia individual. Al menos eso es lo que hacemos las personas que creemos que los problemas políticos deben abordarse desde lo social y lo estructural, y no desde lo individual, como quiere el neoliberalismo y como hacemos cuando hablamos de prostitución.

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Juana y el derecho de las mujeres a la desobediencia

“En Estados Unidos y en otros países capitalistas, las leyes contra la violación fueron originariamente formuladas para proteger a los hombres de las clases altas frente a las agresiones que podían sufrir sus hijos e hijas. Habitualmente, los tribunales han prestado poca atención a lo que pudiera ocurrirles a las mujeres de clase trabajadora, y por consiguiente, el número de hombres blancos procesados por violencia sexual infligida a estas mujeres es extraordinariamente reducido”.

Ángela Davis. 'Mujeres, clase y raza', 1981.  

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El juicio contra la manada de San Fermín es histórico

La violación sexual de mujeres por parte de los hombres tiene una larga historia de legitimación en nuestra cultura. Muchos mitos fundacionales están basados en violaciones de mujeres, aunque lo cierto es que no han sido considerados tales hasta hace relativamente poco tiempo, como bien nos explicó Georges Vigarello en su Historia de la Violación. La función principal de la violación siempre es la misma, ser una fuente de intimidación permanente de las mujeres, ya que ningún sistema de dominación puede existir sin la violencia y el miedo. Vigarello nos enseña que la violación tiene una historia y que está sometida a cambios para ser siempre funcional al patriarcado. De estar completamente normalizada y ser considerada nada más que una expresión de las necesidades naturales de los hombres, siempre provocadas por la concupiscencia femenina (la simple presencia en el espacio público), a haberse convertido, como explica muy bien Rita Segato, en un mandato de masculinidad, muy necesario en una sociedad en la que las masculinidades tradicionales se encuentran cada vez más fragilizadas.

Y, además, como sigue explicando la antropóloga brasileña, a esta perentoria necesidad de reafirmar una masculinidad tradicional acosada en todos los espacios gracias al empuje del feminismo, se une ahora un determinado proyecto histórico muy vinculado al capitalismo. Dice Segato: "Para esta fase del capital es indispensable que las personas se vuelvan menos empáticas, que sean menos vinculadas. Que el sufrimiento del cuerpo que tengo al lado no vibre en mí. Que se anule la solidaridad que es consecuencia de la empatía. Nos están entrenando para ser menos empáticos y tolerar el presente". Si tenemos en cuenta que el patriarcado está basado en la consideración de las mujeres como esa Otra que nunca es igual, la suma de ambos sistemas de dominación da como resultado lo que Lagarde ha definido como un proceso de "brutalización del patriarcado".

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Vientres de alquiler y género

En la disputa sobre los vientres de alquiler y a pesar de que sólo se embarazan mujeres, ellas parecen estar ausentes. Cierto que a veces aparecen mujeres en algún reportaje, pero lo que sí parece ausente del debate es la cuestión del género, a tal punto que parece que todos y todas hablamos desde el mismo lugar.

El otro día en un debate político sobre el tema mencioné de pasada lo perturbador que resulta que de un asunto que afecta exclusivamente a los cuerpos de las mujeres sean mayoritariamente hombres los que se posicionan en una postura, y mayoritariamente mujeres las que se posición en la otra. Y todo el mundo dijo que eso no tenía nada que ver.

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Desinforma, que si es acerca de la prostitución seguro que cuela

El lunes pasado se publicó un artículo de Peter Singer a favor de la prostitución. El artículo iba de eso, de estar a favor de la prostitución, aunque, como ocurre tantas veces, dicho estar a favor de la prostitución se enmascarase en estar a favor de que las trabajadoras sexuales tengan más derechos, ¿quién puede estar en contra? Y como pasa siempre también, se puede decir cualquier cosa acerca de la prostitución, aunque sean mentiras, medias verdades o tonterías, que pasarán por ser cosas muy sesudas y pensadas a las que ese progresismo proprostitución se adherirá sin pensar; encantados ellos de que se pueda estar a favor de la prostitución y seguir pensándose como feminista o de izquierdas.

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¿Cómo nos quiere el patriarcado?

Hace unos días que la cara sonriente, feliz, ilusionada, de la adolescente Lucía Pérez me ronda por la cabeza. Hubiera preferido no ver su cara, ni su sonrisa. Hubiera preferido no poder imaginarla, no poder imaginar que estuvo viva, que sonreía, que era feliz (a ratos, supongo) y que le quedaba toda la vida por delante. Hubiera preferido no encarnar ese dolor, no ponerle cara, ni sonrisa al horror. Pero el horror nos llegó con la sonrisa de Lucía y ahora a mí me es imposible quitármela de la cabeza. Un hombre y su hijastro la raptaron, la drogaron, la violaron anal y vaginalmente y finalmente le metieron un palo por el ano. Ella murió de un paro cardíaco producido por el dolor y el miedo.

Y yo no soy capaz de quitarme de la cabeza ese dolor y ese miedo. No puedo. Me levanto y la veo, me siento a comer y la veo, la veo en toda esta semana en que se celebran manifestaciones en todo el mundo contra la violencia machista.

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El burkini o la complejidad

El debate del burkini no debería haberse producido tal como lo ha hecho por varias razones: creo que una forma muy extendida de racismo, de desprecio por culturas diferentes, es confundir todo lo que nos parece raro: todo es taparse, todo es lo mismo. Y así, lo mismo es el hiyab (pañuelo o velo) que el burka, todo es "velo". El hiyab no tiene que ver con el burka, sino que es un pañuelo que cubre la cabeza y con el que se puede hacer una vida completamente normal. Que las mujeres adultas tienen derecho a llevar hiyab, está fuera de dudas.

El derecho a llevar la cabeza cubierta y a ocultar las formas corporales, por más sexista que sea, está protegido por la libertad religiosa y por el derecho a la propia imagen. El burkini es un traje muy parecido a los que viste la gente que hace surf. Exactamente ¿qué derecho o que norma se está vulnerando al vestirse toda entera de neopreno al ir a la playa? La respuesta a esta pregunta creo que es importante.

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La ciudadanía que menstrúa, que pare, que cría

Las opiniones que expresó el otro día la diputada de la CUP Anna Gabriel sobre la crianza son perfectamente corrientes en el feminismo. Y las anteriores sobre la menstruación, también. Los medios se lanzaron a convertirlas en hilarantes como suelen hacer con las cuestiones feministas que no entienden o que rechazan de plano. Cuando hablo de feminismo hago referencia a un movimiento social del que se sienten partícipes millones de mujeres y que ha cambiado el mundo; hago referencia también una teoría crítica de la sociedad que se habla de tú a tú con otras teorías críticas como el marxismo o el ecologismo, que está presente en las universidades, en la política, en las instituciones, en la cultura. Y en la que discutir, teorizar, escribir, hablar, sobre los modelos de crianza es no sólo normal, sino necesario en tanto que éste es un asunto fundamental para las mujeres. Y además las mujeres somos más de la  mitad de la población  de cualquier país, por lo que los asuntos que afectan a nuestras vidas son, deberían ser, asuntos de consideración general para el conjunto de la ciudadanía. Naturalmente no es así.

Como ya han puesto de manifiesto las teóricas feministas el feminismo siempre ha estado en tensión con la democracia en tanto que desde su mismo origen el sujeto de la misma, que es el ciudadano, es eso, ciudadano,  y no ciudadana. El feminismo ha puesto de manifiesto que la ciudadanía que se construye en la Ilustración es una ciudadanía exclusivamente masculina (y blanca, y heterosexual, y capacitista…). La Ilustración, que proclamó la universalidad de los derechos del hombre, excluyó explícitamente de esta supuesta universalidad a la mitad de la humanidad, aunque fue, al mismo tiempo, la condición de posibilidad de su reivindicación. Quienes se atrevieron en aquel momento a hacer constar la paradoja y contradicción de la proclamación de unos derechos y de una ciudadanía vinculada a los mismos que se proclaman universales al tiempo que excluyen a la mitad de la humanidad, se dejaron mucho, incluso la vida, en el empeño.

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