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Dailos González Díaz

Nacido en 1985. Licenciado en Historia y activista en distintos movimientos sociales.

  • Reacciones a sus artículos en eldiario.es: 2

‘Cuidemos nuestra isla’ (reflexiones sobre turismo e isla-escaparate)

En varias ocasiones he escuchado a nuestros mandatarios insulares hablar de distintos bienes culturales o naturales de nuestra isla como un "recurso turístico". Bien mirado resulta algo terrible, cuestiones que deberían ser un bien por sí mismo, tanto para la isla y sus habitantes, como para el conjunto de la humanidad y el planeta (y no olvidemos que por algo somos Reserva de la Biosfera) es contemplado como un recurso del cual sacar una rentabilidad económica, en términos de economía monetaria (la economía también es la planta de da sus frutos para consumo de las personas aunque no entre en los circuitos mercantiles, es algo que suele olvidarse, el dinero es sólo una parte de la economía). 

Esta concepción es la que termina atentando contra nuestro patrimonio cultural y natural, así vemos como centros de interpretación arqueológicos pasan a ser gestionados por el área de Turismo en vez de Cultura, lo importante es lo que pueda ser atractivo para el turismo, en vez de contribuir a que los palmeros y palmeras conozcan su cultura y realidad. Y por supuesto que es mejor que las personas que vengan de turismo a conocer la isla se imbuyan de su realidad, la conozcan, a que se limiten a tomar un par de fotos y se quemen al sol en complejos hoteleros que igual podrían estar aquí que en cualquier otro territorio del mundo con similares condiciones climáticas, pero para ello es necesario que quienes vivimos en la isla apreciemos lo que tenemos, que apreciemos lo que tenemos no con el fin de enseñarlo y mostrarlo al turismo, no a fin de convertirnos en bufones y extras para alegrar la visita de quienes aquí llegan por unos días, sino a fin de que cuidemos la casa donde vivimos y la leguemos a las futuras generaciones. 

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El alivio

A veces en mis artículos he abusado de las divagaciones acerca de asuntos teóricos, aunque referidos a la realidad, pero en los que puede perderse el sentido inicial de lo que intento expresar. En esta ocasión voy a ser claro y diáfano, valga la redundancia, más que artículo es una sencilla reflexión en la que no descubro la pólvora.

En nuestras calles y carreteras se realizan obras de reforma, de saneamiento, de empichado, de peatonalización, se amplían arcenes, se crean rotondas, etc. Algunas de estas actuaciones son urgentes, otras son necesarias, aunque no tan urgentes, otras son innecesarias e incluso puede darse el caso de que algunas sean contraproducentes, es decir, que sea peor el remedio que la enfermedad. Pero, en cualquiera de los casos, durante la ejecución de las obras se dan una serie de inconvenientes y de incomodidades para los vecinos y vecinas o para toda aquella persona que quiera transitar por la zona. El ruido de las obras, la necesidad de reestructurar el tráfico o de buscar rutas alternativas, dificultades de acceso a viviendas, servicios y establecimientos, e incluso cortes de luz y agua. Cuando la duración de las obras se alarga en el tiempo, la sensación de incomodidad es mayor, pareciera como si la actuación se estuviera eternizando. Pero una vez terminan las obras, independientemente de que estas hayan sido innecesarias o imprescindibles, lo más natural es que las personas experimentemos una sensación de alivio o que, incluso, expresemos cosas como “¡ahora sí que da gusto!”. Efectivamente, se percibe una clara mejoría, pero esta está más en relación con el momento en que se estaban realizando las obras que antes del inicio de la actuación. Esta sensación de alivio contribuye a que la actuación termine siendo percibida, al menos en un primer momento, de una forma más positiva incluso por parte de las personas que, al principio, la veían innecesaria. ¿O acaso no hemos escuchado la expresión “pues no quedó tan mal”? Pero a medida que va pasando el tiempo y se normaliza la situación, la percepción positiva se va diluyendo incluso para las personas que veían la actuación como necesaria. En fin, que el momento clave, para unas y otras personas, es ese momento de alivio en el momento en que terminan las obras. Pues bien, todo esto era simplemente para reflexionar sobre algo que mucha gente ha pensado ya. ¿No estarán haciendo coincidir el momento del “alivio” con fechas cercanas a las elecciones?

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Las Pymes y sus matices

Quisiera recuperar un viejo artículo escrito en noviembre de 2014, hace ya cuatro años, incorporando nuevos datos actualizados. Considero pertinente introducir este debate, puesto que en los discursos políticos de muy diverso signo es frecuente escuchar hablar constantemente de las pequeñas y medianas empresas. Pero ¿Es lo mismo una pequeña empresa que una mediana empresa? ¿De qué hablamos exactamente? Y lo más importante ¿representan acaso a la mayoría de la población? 

Existe una extraña tendencia del trabajador autónomo o de las personas que llevan un pequeño negocio a identificarse a sí mismas como empresarios con los mismos intereses que un gran empresario e incluso los que pudiera tener Amancio Ortega o cualquier empresa del IBEX 35 o las representadas por la CEOE. Tanto más es preocupante cuando algunos llegan a culpar de sus problemas no a determinadas cargas impositivas, alquileres, etc. sino a unos supuestos privilegios de trabajadores y trabajadoras. Así vemos cómo, precisamente cuando más derechos laborales ha perdido la clase trabajadora y peor es su situación, una gente que no es dueña de ninguna multinacional, y cuya situación económica no es tampoco para tirar voladores, defendería eliminar salarios mínimos, seguridad social, indemnización por despidos y pagar unos sueldos de miseria. Unos pequeños empresarios que, en muchos casos, han sido también trabajadores asalariados en algún momento, pero cuyo sistema de valores suele ser contrario a la defensa de los derechos de la mayoría social.

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Sobre ejes, consensos y contradicciones

El siguiente texto corresponde a una serie de reflexiones que realicé los meses de abril y mayo del presente año. Pocos meses después, nos encontramos ante un nuevo contexto, con la moción de censura que ha llevado a Pedro Sánchez a la Presidencia del Gobierno, y las reacciones exageradas por parte de una derecha que, cuando pierde el gobierno, muestra su lado más oscuro, que marca una concepción de la política según la cual el país es de ellos. 

También estos días ha surgido un interesante debate entre Alberto Garzón y Daniel Bernabé a raíz de la publicación por parte del segundo del libro La trampa de la diversidad. Aunque he seguido con interés dicho debate, en parte relacionado con los temas que trato en ese texto, no he podido aún leerme el libro, pero sí los artículos e intervenciones por una y otra parte. Insuficiente, en todo caso, obviamente, para reflexionar por mi parte sobre el contenido de esa obra. 

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Sobre la elección de los miembros de la Comisión Evaluación

La experiencia en estos dos años y medio en las instituciones me ha mostrado una de sus grandes contradicciones: si por un lado, como ya se venía denunciando desde hace años por parte de los movimientos críticos y de izquierda, buena parte de las decisiones políticas han pasado a estar en manos de supuestos expertos o técnicos, especialmente economistas (lo que algunos han denominado “tecnocracia”), lo cual supone una merma en la democracia, por el otro lado, en ocasiones, somos los representantes públicos quienes vemos que tenemos en nuestras manos la toma de decisiones sobre asuntos que sí serían de carácter más técnico. Así tenemos a técnicos haciendo el trabajo de políticos y a políticos haciendo el trabajo de técnicos. 

Hay asuntos como la planificación donde, aunque contengan muchos aspectos de carácter técnico, el aspecto político resulta esencial. Detrás de una determinada planificación hay un determinado modelo de relación del ser humano con el territorio, como también hay un determinado modelo económico; aunque no es algo puramente ideológico, en estos asuntos no se puede ser neutral. El propio hecho de que se plantee una iniciativa en materia de infraestructuras o de urbanismo, implica muchas cosas más, y se haya inserta dentro de unas lógicas que van mucho más allá del esquematismo quasi matemático de si cumple o no determinados parámetros. Ahora bien, más allá del posicionamiento político, fundamentado o no, ante cada proyecto o propuesta, también se requiere un análisis técnico o científico que estudie tanto si resulta o no adecuado y cómo debería hacerse y llevarse a la práctica. Poniendo un ejemplo práctico: un representante político puede tener una buena idea acerca de la necesidad de construir un hospital, pero no puede ponerse a diseñarlo sin los conocimientos en arquitectura o sin contar con el propio sector sanitario que conocerá de primera mano sus necesidades. 

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La patologización del posicionamiento del adversario. Sobre el referéndum de Cataluña.

Uno de los peores relatos que pueden emitirse desde el periodismo, la política o la historia es aquel que patologiza determinados posicionamientos, fundamentalmente, el posicionamiento del adversario, es decir, presenta al adversario o a las personas que mantienen un determinado posicionamiento ideológico o moral como si fuesen meros enfermos. No se trata sólo de que, partiendo de este relato, se hace completamente imposible cualquier diálogo o debate, sino que se omite o rechaza cualquier análisis serio y riguroso acerca de las causas y orígenes de dichos posicionamientos. 

Lo estamos viendo en determinados discursos, incluyendo algunos que son presentados como profundos análisis, sobre el referéndum del 1 de octubre en Cataluña, y resulta más inquietante cuando son sectores pretendidamente progresistas los que terminan asumiendo posicionamientos que serían propios de Vallejo-Nágera, el psiquiatra franquista que identificaba a la izquierda como una enfermedad mental. 

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El Cabildo de La Palma o cómo conducir en línea recta

El pasado viernes 7 de abril hubo pleno extraordinario en el Cabildo Insular de La Palma. El tema más importante, y que generó más debate fue la Ordenanza Reguladora del procedimiento para la toma en consideración y la declaración del interés insular por esta corporación de las iniciativas de los instrumentos de Planificación Turística, promovidos al amparo de la Ley 2/2016, de 27 de septiembre, es decir, una ordenanza que regularía uno de los puntos de la mal llamada Ley de Islas Verdes que sustituiría a la 6/2002. 

Como denuncié en el propio pleno, no se me llegó a remitir por correo electrónico la convocatoria de la comisión del pasado miércoles 5 de abril, por lo que no tuve conocimiento de la misma con antelación. Este asunto reviste especial gravedad, dado que actualmente carezco de despacho ni tener ya dedicación exclusiva, las convocatorias a un consejero no pueden realizarse exclusivamente por medio de un papel en el casillero; la cuestión se torna más problemática cuando, en otras ocasiones, desde otras áreas del Cabildo me manifestaron que trataron de ponerse en contacto conmigo mediante el teléfono fijo de un despacho hoy inexistente. Habiéndome transmitido sus disculpas el presidente del Cabildo Insular, se celebró una Comisión de Planificación extraordinaria durante un receso en el Pleno. 

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Las guaguas tienen vulva y los micros tienen pene

La reciente polémica a raíz de la campaña tránsfoba de la organización extremista HazteOír, por medio de una guagua que pretende circular por distintas ciudades del Estado español, me ha llevado a escribir las siguientes reflexiones: 

Por supuesto que se trata de un ataque hacia las personas transexuales que han vivido, y siguen viviendo, discriminación y un no reconocimiento de sus derecho, y tanto más grave aún cuando las personas que están sufriendo esta discriminación y no reconocimiento de sus derechos e identidades están en la infancia. 

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La culpa es de Podemos

Ante una evidente traición a sus votantes, es curioso cómo el PSOE está tratando de comunicar un relato según el cual su abstención para permitir el gobierno de un Partido Popular envuelto en numerosos escándalos de corrupción es responsabilidad, ni más ni menos, que de Podemos.

En el Estado español cada partido había ido formándose en torno a sí mismo una identidad, independientemente de cuál fuera su praxis política, y si Coalición Canaria había pretendido para sí el monopolio de la canariedad, el Partido Socialista Obrero Español, más allá de determinados símbolos y una idea de progresismo, había formado una fuerte identidad por oposición al Partido Popular. Así, muchas personas votaban al PSOE como garantía de que así podían evitar un gobierno del PP con sus nefastas políticas para la mayoría social. Este discurso funcionaba en tanto en cuanto aún funcionaba el voto útil, y servía a su vez para arremeter contra otras fuerzas que, teóricamente, podían disputarle su espacio político pues, en la práctica (según esta concepción) estarían haciendo el juego a la derecha

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Eppur si muove

(Gracias a Manuel González Mauricio por sugerirme el título) 

Es evidente que los resultados electorales no han sido los esperados, quizás nos dejamos deslumbrar por las encuestas, incidimos demasiado en la idea de sorpasso, pero tampoco debemos caer en el desánimo, tampoco ha sido un fracaso. Nos hemos mantenido como tercera fuerza política con 71 diputados y diputadas, pensemos que hace tan sólo tres años ni nos hubiéramos imaginado un escenario como el actual, no debemos dejar que nos inserten la idea de un fracaso inexistente, más cuando ese mensaje parte de partidos que sí han perdido diputados. Pero también se hizo evidente lo que mucho temíamos, y era natural que esto sucediera. La repetición de las elecciones generó hastío en mucha gente, que probablemente simpatizaba con Unidos Podemos, pero que esta vez decidió quedarse en casa. Posiblemente, yendo por separado, los resultados habrían sido peores. 

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