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Francisco J. Palazón

Soy Licenciado en ADE, Máster en Economía Bancaria por la ENAE, trabajo en Justicia y soy un activo seguidor de divulgación científica, técnica y humanística.

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Coronavirus y capitalismo

La crisis del COVID-19 está poniendo al aire nuestras vergüenzas como sociedad y nuestras debilidades como sistema. A la pregunta de por qué China ha vencido (al menos de momento) y Occidente no, hay muchas respuestas, pero suelen referirse a que:

A) Son una dictadura y tienen un control sobre la población que nosotros no. Pero, si esa es la respuesta, ¿por qué Irán, dictadura teocrática, no ha tenido el menor éxito? Y, es más, ¿por qué Australia o Corea del Sur, democracias consolidadas, parecen haberlo logrado hasta la fecha? Y no olvidemos que además Australia tiene vínculos muy estrechos con China, y en las primeras semanas de la crisis fue de los países que más casos importados registró.

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Goebbels y el cambio climático

La emergencia climática lo es porque el cambio climático se ha visto de lejos como algo que sí, que está ahí, pero que ya lo abordaremos algún día. Sin embargo, desde la década de los setenta legiones de expertos multidisciplinares llevan avisando por activa y por pasiva con evidencias, cada día más sólidas, contundentes y mejor construidas, sobre observaciones y predicciones que, incluso siempre intentando no alarmar para no ser machacados por los lobbies energéticos, entre otros, han demostrado quedarse muy cortas. 

El Grupo Internacional de Expertos sobre Cambio Climático de la ONU (IPCC), tan atacado por los negacionistas (los de verdad, no los Martínez cualquiera que logran algo de fama pasajera entre cerveza y cerveza repitiendo como papagayos la enésima simplificación burda y obscena que han oído), desde hace dos décadas está dando análisis y predicciones que, con el paso de los años, se han demostrado increíblemente certeras, en sus rangos medios y altos de predicción, y con un nivel de precisión que hace que su lectura sea un excelente ejercicio de vacunación ante la manipulación para cualquier ciudadano.

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Pin “parriba”, pin “pabajo”

No sé a qué viene tanto escándalo con el asunto éste del pin parental. No es para tanto. Y, de hecho, no lo es tanto que, para que los insignes gobernantes de la huerta de Europa se sientan arropados, yo propongo una recogida masiva de firmas, con un change.org o una ILP, para que se institucionalice la figura y, ya puestos, se incluya su blindaje en la Constitución. Eso sí, también respecto a aquello más sensible y protegido, como es la libertad de credo y culto o, lo que viene a ser lo mismo, que cada vez que en clase, fuera de ella, o en la rotonda cerca del colegio, se vaya a mencionar a Cristos, curas, Vírgenes, Santos, Navidad, u otra parafernalia del culto vaticano, yo tenga que ser previamente requerido de autorización para no ofender mi libertad sobre la conciencia del niño (que no su libertad de conciencia).

Pongamos así las cosas en un plano de igualdad, y sin rencores, amigos, que no pasa nada por censurar, pero eso sí, censuramos para todos lados. Y si hay algún padre terraplanista, que pueda también hacer que su hijo no dé clase de geografía. Que en vez de terraplanista es animalista radical, pues nada, que no se pueda mencionar la existencia de nuestro pasado de cazadores paleolíticos salvo autorización expresa. Y así podríamos seguir un rato.

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Retirada sostenible

Aún sobrecogidos por la gota fría que nos ha golpeado con dureza, llega el momento, pasada la emergencia inicial, de recapitular.

Hacía algunas semanas que barruntaba qué hacer para aportar algo, por mínimo que fuera, a la creciente indignación y la movilización al alza contra los desmanes que nos han llevado al punto límite climático en que nos encontramos. Durante años, puede que más bien décadas, veía lo que estaba por venir y mi aportación se reducía a quejarme a amigos, familia y a quien se dejara. Sin embargo, en los últimos meses, mi cinismo habitual y misantropía, dio paso a una ilusión renacida y esperanza que, a mis cuarenta pasados, ya no esperaba. Y esa esperanza tiene nombre; una niña, Greta, que ha desatado un terremoto con su tenacidad y decisión, y que también me sacudió sacándome de la inacción.

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