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Jaime Palomera

Doctor e investigador en vivienda (IGOP, La Hidra). Sindicato de Inquilinos e Inquilinas

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El recinto ferial de Montjuïc: oportunidad para destinar suelo público a vivienda asequible y combatir la crisis urbana

Los diez años de orgía inmobiliaria entre 1997 y 2007 dejaron un reguero de paisajes devastados. En 2011, entre grúas oxidadas y desiertos de hormigón, el Estado registraba 3,4 millones de casas vacías. Desde entonces, ha calado la idea según la cual no hace falta seguir construyendo para solucionar la crisis de la vivienda. “¿Para qué más ladrillo si hay suficientes casas para todo el mundo?”, se pregunta mucha gente. Sin embargo, sucede que la realidad actual de algunas ciudades ya no encaja con esa hipótesis.

Según el último censo, el Ayuntamiento de Barcelona encontró 10.052 pisos vacíos el pasado marzo. Una cifra mucho más baja que la publicada en 2011. Ciertamente, ahora hay que contar con un número muy alto de viviendas que operan como hoteles clandestinos (9.613 con licencias turísticas) o que se destinan a usos comerciales, muy distintos de aquellos para los que fueron planificadas. Y sin duda, es fundamental que la Generalitat tome medidas contundentes para incorporarlas todas al parque de vivienda. También que el Gobierno del Estado regule los precios del alquiler, vinculándolos a los salarios y ahuyentando la especulación. Ahora bien, tenemos que empezar a asumir que ninguna de estas medidas bastará: disculpen la tautología, pero si Barcelona quiere tener un sistema de vivienda público de nivel europeo, tendrá que hacer mucha más vivienda pública. Y si no quiere fomentar la segregación, deberá construir en los pocos espacios céntricos cuyo suelo sigue siendo público. En ese sentido, hay una zona de la ciudad que se está convirtiendo en objeto de debate, por sus importantes dimensiones: los terrenos municipales que ocupa el recinto ferial de Montjuïc. ¿Deben seguir siendo un recinto cerrado para mega-eventos, o pueden acoger un barrio abierto y diverso con miles de viviendas públicas? Es la pregunta que lanza La Fira o La Vida, plataforma integrada por más de sesenta organizaciones de la sociedad civil. Y no podría ser más pertinente. Dado que la mayoría de las actividades de la Fira de Barcelona se han mudado al nuevo recinto de l’Hospitalet (entre los diez mayores de Europa) y teniendo en cuenta la profundidad de la crisis habitacional, cabe preguntarse cuál es el sentido de seguir regalando 27 hectáreas de suelo público (equivalente a 21 manzanas del Eixample) a intereses privados.

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