eldiario.es

9

Síguenos:

Boletines

Boletines

Menú

Josué González Pérez

Activista LGTBI y feminista, trabajador social y magister en estudios interdisciplinares de género.

  • Reacciones a sus artículos en eldiario.es: 101

Otras verdades incómodas

En los últimos días, desde diferentes instancias se ha puesto el grito en el cielo ante la emergencia de una organización de prostitutas llamada OTRAS. Hemos recibido con gran sorpresa la reacción de un gobierno que se pretende feminista y que se entiende a sí mismo como heredero de los últimos acontecimientos protagonizados por tantas y tan distintas mujeres en los últimos tiempos. No es la primera organización de prostitutas que ve la luz pero sí es cierto que es la primera vez que nos encontramos ante un gobierno que, por un lado, desautoriza a un grupo de mujeres que alzan la voz para la defensa de sus derechos más básicos y que expulsa a las mujeres al lugar al que el patriarcado les ha asignado siempre, esto es, a la exclusión de la ciudadanía.  

Desde hace muchos años, las trabajadoras sexuales organizadas en todo el mundo han recogido las herramientas que el movimiento feminista –en el que se incluyen, guste o no – ha tejido desde su nacimiento. Hablamos de acontecimientos políticos como, entre otros, el encierro de cientos de prostitutas en las iglesias de Lyon en 1975 para protestar contra la violencia sexista; pero también de la configuración de organizaciones sindicales, de corte feminista, en no pocos países del mundo, como EEUU con COYOTE o en Francia con STRASS, con el apoyo de prestigiosas feministas tales como Judith Butler, Raquel Osborne, Gayle Rubin, Silvia Federici o Angela Davis. Sin duda hablamos de la articulación de identidades colectivas, de un poderoso nosotras que ha interpelado históricamente a las instituciones, a las propias feministas y, en suma, a la sociedad en su conjunto.  

Seguir leyendo »

Qui té por de les prostitutes?

Per bé o per mal, no sembla senzill evitar que els anomenats "ajuntaments del canvi" estiguin situats en el punt de mira dia sí i dia també. Aquesta vegada, és l'ajuntament de Barcelona per la decisió valenta del seu equip de govern sobre la prostitució al carrer. A diferència de l'anterior govern de CiU, Barcelona en Comú trenca amb l'estigmatització en reconèixer les treballadores sexuals com a subjectes polítics amb autonomia per decidir responsablement sobre les seves vides.

Així doncs, la demanda dels col·lectius de prostitutes contra un tracte de "segona" per part dels poders públics comença a veure's satisfeta. És lògic pensar que no hi ha raons reals per negar aquesta correspondència, però en determinats sectors socials subsisteixen posicions que tanquen aquestes dones en categories abstractes que, al final, acaben caricaturitzant-les fins al punt de la deshumanització. Bona part d'aquesta oposició respon a enfocaments feministes coneguts habitualment com a "abolicionistes". D'aquí que algunes jutgem imperiosa la crítica al nucli del seu discurs, tot i que comptant amb alternatives al mateix.

Seguir leyendo »

¿Quién teme a las prostitutas?

Para bien o para mal, no parece sencillo evitar que los llamados “ayuntamientos del cambio” sean situados en el punto de mira día sí y día también. Esta vez, es el ayuntamiento de Barcelona por la valiente decisión de su equipo de gobierno sobre la prostitución callejera. A diferencia del anterior gobierno de CiU, Barcelona en Comú rompe con la estigmatización al reconocer a las trabajadoras sexuales como sujetos políticos con autonomía para decidir responsablemente sobre sus vidas. Así pues, la demanda de los colectivos de prostitutas contra un trato de “segunda” por parte de los poderes públicos comienza a verse satisfecha. Es lógico pensar que no existen razones reales para negar esa correspondencia, pero en determinados sectores sociales subsisten posiciones que encierran a estas mujeres en categorías abstractas que, al final, terminan caricaturizándolas hasta el punto de la deshumanización. Buena parte de esta oposición responde a enfoques feministas conocidos habitualmente como “abolicionistas”. De ahí que algunas juzguemos imperiosa la crítica al núcleo de su discurso, si bien contando con alternativas al mismo.

En estas últimas semanas, la prensa ha disparado las alarmas: Ada Colau quiere regular la prostitución. Y como siempre, el relato mediático dista bastante de las intenciones reales del equipo de Ada Colau, máxime cuando las competencias para esa labor son inexistentes. Por el momento, el ayuntamiento es contrario a la normativa actual que cobija la criminalización de las trabajadoras sexuales, por lo que apuesta por la articulación de un marco de protección para un ejercicio del trabajo sexual en mejores condiciones –de higiene, por ejemplo- al mismo tiempo que procura alternativas socio-laborales dignas para aquellas mujeres que deseen abandonar esta actividad. De alguna manera, con esto se responde a las reclamas de los colectivos de prostitutas que, por otra parte, se han resistido al silencio ante las primeras movilizaciones de sectores abolicionistas próximos a CiU y al PSC, recordándoles su responsabilidad en el empobrecimiento y la precarización de sus vidas. En esta línea, la concejala de Feminismos, LGTBI y Ciclo de la Vida , Laura Pérez, ha lanzado un artículo muy valiente donde traza una sensata línea roja a la vez que marca un hito histórico: “las putas también son mujeres, también se organizan, también tiene voz”. Touché. Con esa declaración, manifiesta un giro radical respecto al tratamiento del gobierno de Xavier Trías y de las instituciones y partidos en general, siempre asumiendo que ellas carecen de facultades para decidir sobre sus vidas. Bien distinto es el discurso político que acompaña la campaña con la que algunas alcaldesas de la zona metropolitana de Barcelona, Cristina Simó –del PCE y Movimiento Democrático de Mujeres- y algunos colectivos feministas cercanos al PSOE pretenden afrentar al ayuntamiento de Barcelona –curiosas compañeras de viaje, sí, toda una amalgama–. 

Seguir leyendo »

Viejas violencias y nuevas hegemonías

Hace un tiempo en este mismo medio publiqué  un artículo sobre las agresiones a personas LGTBI (lesbianas, gays, trans, bisexuales e intersexuales). Insistía en algo muy sencillo: la denuncia de la violencia que sufren nuestros vulnerables cuerpos debe ser articulada con una impugnación de los asesinatos de mujeres por violencia de género. Como feminista, me veo en la responsabilidad ética de insistir en ese imperativo cuando nos encontramos con una situación de alarma social por ese incesante número de asesinatos machistas y que parece importarle bien poco a unas élites que no gobiernan precisamente para garantizar el bienestar de las mayorías sociales.  

Ahora mismo, no recuerdo ni un solo día en las últimas semanas en el que hayamos obviado la lacra de la violencia machista. Nuestra sociedad sigue en su empeño por mantener una jerarquía entre los géneros, entre hombres y mujeres, como efectos performativos de un orden social concreto. En otras palabras, se trata de papeles sociales, aparentemente “naturales”, que sostienen representaciones para una obra de teatro que funciona como si de una dinámica divina se tratase. Con cada agresión y cada asesinato, se renueva este orden que afianza el terror para más de la mitad de la población, recordando a todas las mujeres que ninguna está a salvo de ser agredida por el mero hecho de ser mujer.

Seguir leyendo »

Con las putas

La ignorancia de su misma historia de luchas y logros ha sido una de las principales formas de mantener a las mujeres subordinadas (Gerda Lerner, 'La construcción del patriarcado', 1986).

Seguir leyendo »

Más que víctimas, digamos que somos supervivientes

Con la besada en el Burguer King de Princesa (Madrid), el movimiento LGTBI triunfó al situar el asunto de las agresiones en la esfera pública, dada la enorme repercusión que la acción ha tenido en los medios de comunicación, tanto a nivel nacional como internacional. Sin lugar a dudas, se trató de un ejercicio democrático contestatario y de empoderamiento que logró que la violencia que sufrimos no quedase silenciada.

Dos semanas más tarde, un grupo de neonazis agredieron físicamente a dos chicos gays en el Templo de Debod de la capital, siendo también contestada exitosamente por otra convocatoria política, colectiva y democrática. Ambos casos se suman a una larga lista que, hasta el momento, había quedado al margen de lo político. Una vez más, desde los colectivos sociales, desde la ciudadanía, hemos convertido el espacio público en un lugar disputado políticamente cuando hacemos visibles aquellas agresiones que demuestran que aún seguimos ancladas en una sociedad misógina y LGTBifóbica*  a transformar.

Seguir leyendo »