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Juan Manuel Bethencourt

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Verdades y mentiras sobre las carreteras de Tenerife

Las carreteras de Tenerife están colapsadas. Colapsadas de coches y también de ruido, ruido político, sobre su conveniencia o no. En particular, el epicentro del conflicto hay que situarlo en el área metropolitana de la isla; también las soluciones planteadas para abordar el monumental atasco que invade las vías cada mañana y exalta los ánimos de unos conductores, que son al mismo tiempo víctimas y culpables del caos circulatorio. Sobre las carreteras de Tenerife, su impacto en el suelo y las respuestas posibles se han dicho algunas verdades y muchas mentiras. Vamos a intentar despejar, aunque sea poco, el panorama.

Las carreteras están previstas desde hace tiempo. Verdad. Desde hace mucho tiempo. El Plan Territorial del Sistema Viario del Área Metropolitana de Tenerife fue aprobado sin sobresaltos por el pleno del Cabildo en julio de 2006 (presidencia de Ricardo Melchior), con cuatro ejes de actuación prioritarios: la Vía de Cornisa Santa Cruz-La Laguna, La Vía de Ronda Norte de La Laguna, la Vía Exterior y el desdoblamiento de la TF-5. Ninguna de estas obras ha sido ejecutada, ya fuera por insuficiencia financiera, imposibilidad técnica (es el caso de la Vía de Cornisa), desacuerdo político posterior o simple dilación administrativa. Sea como fuere, parece que el desdoblamiento de la autopista será la única carretera de este diseño global que será finalmente ejecutada, si se cumplen los planes anunciados hace una semana por el Gobierno autonómico. Las otras ni están ni se las espera, lo cual nos lleva a plantearnos la siguiente cuestión: ¿por qué mantener vigente un sistema viario que los actuales gobernantes, e incluso la oposición, consideran ya desfasado?

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Halcones y palomas en el PSOE canario

Bendecido por las urnas, los pactos y la coyuntura estatal, el PSOE canario atraviesa el mejor momento de su existencia. Es tan bueno que ya sólo puede ir a peor. Ante la tesitura obvia en estos casos, alargar el ciclo virtuoso o verlo declinar como el sueño de una noche de verano, vamos a analizar la perspectiva que adoptan algunos líderes del socialismo insular. Planteando la siguiente disyuntiva: quién son halcones, quiénes quieren serlo, quiénes son palomas o están en riesgo de quedar retratados como tales. Y aunque este es un relato aún por escribir, hay rasgos visibles para emitir un primer diagnóstico.

La prueba de los Presupuestos. Es el objetivo número uno de la presente Legislatura estatal, y Canarias se juega mucho en ellos porque podrían ser prorrogados, a la vista de la compleja contabilidad del actual Congreso de los Diputados. Porque Pedro Sánchez necesita aprobar unos Presupuestos, solo unos, para hacer viable una estancia más o menos prolongada en la Moncloa. Ángel Víctor Torres se ha tomado muy en serio eso de ser la voz canaria en Madrid, hasta ahora con éxitos indudables en el terreno de los gestos. Pero llegará, parece que en verano, la prueba definitiva de los números, y ahí el presidente canario tendrá que exhibir esos “cientos y cientos de millones” que llegarían a las Islas de la mano de unas nuevas cuentas estatales. Las expectativas del líder socialista canario se enfrentan a dos umbrales difíciles de alcanzar, uno legal y otro comparativo. El primero es la cláusula de salvaguarda incluida en el nuevo Estatuto de Autonomía de Canarias, según el cual el Archipiélago debe recibir la inversión media del Estado (y esto, sin redes ferroviarias ni autopistas de rango estatal, no es tan fácil). El segundo, lo recogido en los últimos Presupuestos de la dupla Rajoy/Montoro, los de 2018, actualmente vigentes, y que resultaron muy buenos para las Islas por la sencilla razón de que el voto de los diputados nacionalistas canarios valía oro y Pedro Quevedo fue bautizado por la prensa española como el parlamentario 176.

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Hay que resetear el Fdcan

El Fondo de Desarrollo de Canarias (Fdcan) fue una buena idea que, de tanto ser manoseada, se ha convertido en una herramienta incómoda para su tutor, el Gobierno de Canarias. Sus resultados son invisibles y resultan escandalosos en comparación con el ruido que provocó su puesta en funcionamiento. Es el momento de volver a la casilla de salida y activar el botón de “reset”. ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Para qué? Vamos con algunas reflexiones sobre el particular.

El inicio fue un éxito. Y de los importantes. Lo alcanzó Fernando Clavijo en julio de 2015, apenas aterrizado en la Presidencia del Gobierno, ubicado además en una posición política envidiable: pacto en el Ejecutivo autonómico con un PSOE debilitado, excelentes relaciones con el Gobierno central del PP (José Manuel Soria ejercía de interlocutor amable ante Rajoy, Montoro y cía) y con una recuperación económica inflando las velas de la creación de empleo y la recaudación fiscal. Fue en este contexto en el que Clavijo resolvió en tiempo récord una petición canaria postergada en las gavetas de la Hacienda estatal durante años: que Canarias no tuviera que compensar a la Administración del Estado con la mitad de la recaudación estimada por el extinto Impuesto General sobre el Tráfico de Empresas. La otra mitad ya la había rescatado Manuel Hermoso cuando los votos de CC fueron determinantes en la primera investidura de Aznar en 1996. Una vez obtenidos esos 160 millones de euros anuales, surgieron varias preguntas. La primera: ¿a quién corresponden, en su totalidad al Gobierno o también a los cabildos y ayuntamientos? Y la segunda y más importante: ¿qué hacemos con tanto dinero, lo incorporamos a la bolsa genérica de la financiación o la destinamos a un uso específico y visible?

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No son las aguas, es el Sáhara

De Tuineje a Berbería se va y se viene en un día, comentan desde tiempo inmemorial en Fuerteventura. Y es cierto. Canarias tiene a Marruecos muy cerca, tanto que la vecindad aparece en ocasiones como una oportunidad y en otras tantas como una amenaza. Es el mismo Marruecos que, en una versión extrema de la realidad, quiere expandirse a costa de los intereses isleños, también el país vecino en el que muchas empresas del Archipiélago han abierto mercados y expectativas en un proceso de cooperación regional acorde con las corrientes dominantes de la globalización. Pasemos revista a la última escaramuza, la de la zona económica exclusiva en el océano y una colisión diplomática que tiene sus motivos últimos en la política interna del reino vecino.

El océano, en disputa. Los fondos marinos son el nuevo horizonte de la investigación con fines económicos. En el caso del Océano Atlántico, vinculado a la existencia de minerales valiosos en el lecho cercano a las costas canarias, y también a las africanas. Esta perspectiva resulta tan golosa como incierta, pues se desconoce la viabilidad técnica y el coste del empeño, extraer materias primas de montes submarinos cuyas cimas se encuentran a más de un kilómetro de la superficie. La evolución de la tecnología, y ese asunto nada trivial llamado precio (el crudo es el mejor ejemplo, porque la extracción off-shore se activa cuando el barril se dispara en los mercados y las plataformas cierran el kiosco cuando la cotización se desploma), resolverán la ecuación en un sentido u otro. Pero hablar de todo este asunto, de las presuntas riquezas que podríamos obtener de un día para otro, desata ríos de tinta y comentarios de diversa naturaleza, sobre todo si lo que aparece en el horizonte es una amenaza, sea real o ficticia: que una potencia vecina está dispuesta a robarnos el tesoro. Este esquema mental está detrás de muchos comentarios recientes.

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Una prórroga para Teresa Cruz

Dice Teresa Cruz Oval, consejera de Sanidad del Gobierno de Canarias, que ella no se llama Lourdes ni Fátima para resolver milagrosamente los problemas de un sistema tan complejo como el que le ha tocado dirigir. Pero se llama Teresa, nombre muy adecuado para tomar como referencia e inspiración si entendemos la gestión de la sanidad pública canaria como lo que es, un calvario que es preciso asumir de buen grado. “Los días que duraba esto andaba como embobada, no quisiera ver ni hablar, sino abrasarme con mi pena, que para mí era mayor gloria”, dejó escrito Santa Teresa de Ávila para describir la Transverberación, el proceso íntimo de conexión con Dios protagonizado por la fundadora de la orden de las Carmelitas Descalzas. Sin llegar a la experiencia mística, la actual consejera y diputada socialista está comprobando en carne propia las dificultades del cargo que ocupa. Por el momento, y tras varios días marcados por los rumores insistentes de cese, Teresa Cruz ha obtenido una prórroga a la que ella misma, en un ejercicio de sinceridad que podría ser entendido como disposición al sacrificio, ha fijado plazo: un año de legislatura. Estas son algunas claves sobre la gran controversia política de la semana.

Lo que dicen los datos. La nota informativa emitida por el Gobierno de Canarias el pasado jueves, y en la que describe los datos de la lista de espera quirúrgica a finales de 2019, resulta bastante esclarecedora aun habiendo generado titulares contradictorios. ¿El tiempo medio de espera para una operación en Canarias sube o baja? Pues según, porque una cosa es tomar como referencia el año entero y otra acudir al segundo semestre, que es cuando se produjo la llegada del nuevo Ejecutivo y por ende del equipo que ahora dirige la Sanidad pública en las Islas. Atendiendo a este segundo criterio de medición, la lista de espera para operarse crece y los datos son para estar preocupado. Se revierte por tanto la tendencia a la baja que marcó los dos años y medio de José Manuel Baltar como consejero de Sanidad, un tiempo controvertido pero que dejó un recuerdo de eficacia y conocimiento del terreno que pisaba el máximo responsable del departamento por sus credenciales profesionales en este ámbito. Baltar no redujo la lista de espera con 16 millones de euros, como había prometido en una frívola declaración previa a su nombramiento, lo hizo con mucho más dinero porque los males del sistema canario, que son los de cualquier comunidad autónoma pero agravados por la insularidad, son estructurales y no conceden opción al milagro. Pero nadie se atrevió jamás a dudar de la solvencia del consejero ni cuestionar su preparación para esta responsabilidad. Teresa Cruz, diputada del PSOE de Tenerife con experiencia en el ámbito de los servicios sociales, no goza ni gozará nunca de esa prerrogativa, una cuestión que al actual Gobierno le ha costado entender.

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El aislamiento político de Tenerife y sus responsables

Los sucesos políticos recientes, en Canarias y en España, han producido estupor en la isla de Tenerife, que disfrutó de una posición preponderante en el tablero político autonómico, siempre en competencia velada con Gran Canaria en los planos institucional, económico e incluso mediático. Para explicar esta situación de aislamiento, que afecta por encima de todo a Coalición Canaria como organización mayoritaria en Tenerife durante décadas, hay que mirar sobre todo hacia dentro, más que buscar responsables en otras latitudes cercanas. El insularismo que quiso cohesionar Canarias bajo la fe nacionalista se perdió en los personalismos cruentos y derivó a una visión cortoplacista que no hizo sino coleccionar enemigos, incluso a título gratuito o, como se dice en Canarias, sin necesidad ninguna. Estas son algunas de las claves que explican su debilidad.

La pérdida de la centralidad. Es una de las palabras fetiche de la política canaria. Fuera de las Islas, probablemente también, y más en tiempos como los actuales, asociados a las mayorías inestables y las coaliciones como receta para articular mayorías, sean estas transversales o uniformes. Los éxitos electorales de Coalición Canaria y la primacía de la organización tinerfeña en el seno de la organización nacionalista, sobre todo tras la absurda ruptura con Román Rodríguez en 2003 (el mayor error, de largo, del nacionalismo canario en toda su historia reciente) garantizó a la isla de Tenerife 16 años consecutivos con uno de sus representantes al frente del Gobierno de Canarias: cuatro años de Adán Martín, ocho con Paulino Rivero y otros cuatro de Fernando Clavijo. La legislatura de Román Rodríguez queda así como un interregno exótico que siguió a los seis años del primer presidente nacionalista, Manuel Hermoso. Este ecosistema fue puesto en riesgo por Fernando Clavijo con su apuesta por el PP como aliado preferente tras la expulsión del PSOE del Gobierno de Canarias en diciembre de 2016. Y de aquel error estratégico y los que siguieron, en una carrera de tensión creciente y absurda con el PSOE de Pedro Sánchez, estas consecuencias. En descargo de esta estrategia, pocos podían pensar que Sánchez se convertiría en presidente del Gobierno central en tiempo récord. Pero como dejó escrito Keynes, cuando se espera lo inevitable (la consolidación de Rajoy en la Moncloa) sucede lo imprevisto (la condena al PP por sus escándalos y la moción de censura). La organización de CC en Tenerife aún no ha asimilado ese suceso, como acaba de demostrar el voto indisciplinado de Ana Oramas en la sesión que ha renovado a Sánchez al frente del Ejecutivo.

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