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Esto no es ninguna guía, pero igual te sirve

Ayer escuchamos en el estudio la voz de una mujer que pedía ayuda. Su mejor amiga estaba viviendo en una relación donde el maltrato era la tónica. Ella, en su mensaje, relataba que se había quedado sin ideas, sin fuerzas, y que empezaba a distanciarse de su amiga como mecanismo de autodefensa, para no seguir sufriendo

El proceso de una mujer para salir de una relación de maltrato no sólo depende de su amiga, de su madre, de quien vaya ayudarla, sino también de la propia víctima

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Cientos de personas se concentran contra el último asesinato machista de 2016 en Rivas (Madrid)

Protesta contra un asesinato machista. EFE

Ayer escuchamos en el estudio la voz de una mujer que pedía ayuda. Su mejor amiga estaba viviendo en una relación donde el maltrato era la tónica. Ella, en su mensaje, relataba que se había quedado sin ideas, sin fuerzas, y que empezaba a distanciarse de su amiga como mecanismo de autodefensa, para no seguir sufriendo.

Por supuesto no era la primera vez que salía una historia así en el podcast, tampoco la segunda ni la tercera ni la cuarta en la que yo recibía mensajes así: mujeres que intentaban ayudar, proteger y cuidar de otras mujeres a las que sabían víctimas de violencia machista.

Es muy difícil saber qué hacer, qué decir, y muchas veces tampoco es nada fácil, por muy feminista que una se sienta, tener la paciencia y la empatía necesaria para acompañar a la víctima como ella necesita. Cada mujer es un mundo, cada una lleva su relación como puede: a veces negando la violencia, otras preparando la huida, otras convenciéndose de que la violencia que sí reconocen acabará si ella se esfuerza.

No hay una palabra mágica, una llave que abra la puerta y haga que una víctima del machismo "abra los ojos". Para no perder la paciencia ni la esperanza, es vital ponerse en sus zapatos, imaginar su día a día. Porque lo que un maltratador te deja ver a ti como espectadora es sólo una ínfima parte de la violencia que puede llegar a ejercer sobre su víctima.

Da igual si la mujer que la sufre es fuerte, débil, segura, insegura. La violencia machista cala tan poco a poco que todas las que la recibimos acabamos siendo sólo una sombra de lo que éramos. Y esa sombra puede hacernos parecer muchas cosas: puede parecer que nos hemos vuelto estúpidas, bordes, inocentes, irracionales, irascibles, hipersensibles... pero seguimos siendo nosotras. Debajo del nuevo pelaje que nos hemos ido fabricando para sobrevivir seguimos estando nosotras.

El proceso de una mujer para salir de una relación de maltrato no sólo depende de su amiga, de su madre, de quien vaya a ayudarla, sino de la propia víctima. Y digo víctima porque no hay forma empoderadora de llamarlo ni creo que deba haberla. Se trata de víctimas, con todas las letras, y no pasa nada por serlo o por haberlo sido. No nos hace menos mujeres, menos interesantes, menos fuertes o menos válidas.

Si estás junto a alguna mujer que está recibiendo cualquier tipo de violencia por parte de su pareja, no te alejes aunque ella lo haga. No te enfades porque no siga tus consejos. Haz de tu casa un sitio que ella sienta como propio, al que acuda cuando todo se ponga feo, porque acudirá, sin duda. Uno de los mecanismos del maltratador psicológico es convencerla de que las cosas que hace están mal hechas, que las cosas que dice no tienen sentido, que está equivocada. El maltratador psicológico puede desde negar una conversación que ha tenido lugar hasta presionarte con mil artes para que te acuestes con él. Puede desde mostrar triste frustración por ti, porque no haces lo que él quiere o como él quiere, hasta jurarte entre lágrimas que no puede más si sigues hablando con X persona. Puede parecer un ángel vulnerable y roto para convertirse en cuestión de minutos en una amenaza el triple de su tamaño real. Puede encerrarte en casa entre lágrimas e implorarte que no te vayas, y puede encerrarte en el cuarto de baño entre gritos de odio. Día tras día, empiezas a dudar de tu propio criterio, de tu propia forma de ser, empiezas a no entender cómo antes te caías bien a ti misma, y a los demás, si claramente estás haciendo muy infeliz y desgraciado a quien más te quiere.

Las víctimas de violencia machista en su inmensa mayoría no saben que lo son. ¿Cómo van a ser víctimas si se sienten agresoras? ¿Cómo van a necesitar que vengan sus amigas a rescatarla si más bien parece que son los amigos de él los que deberían alejarlo de ti para que no puedas herirlo más? ¿Cómo dejarle si está roto por tu culpa, si hace cosas que dice que nunca había hecho, si te ha dicho cosas que jamás habían salido de su boca con ninguna otra chica, que él te lo jura que es la primera vez que le pasa? Y eres tú el desencadenante de su ira, de su rabia, y a la vez de su amor desmedido que le hace hacer locuras para recuperarte cuando te ve herida, alejándote, con miedo?

Si conoces a una mujer víctima de violencia machista o intuyes que puede estarlo, intenta, si puedes gestionarlo, ser el pilar en el que pueda apoyarse tras una tormenta, que tu hogar sea un tablón que flote en medio del caos que es su vida en esos momentos. Muéstrale templanza, háblale claro pero sin hacerle daño, poco a poco. Llama a las cosas por su nombre con cautela. Hazle saber que estás disponible, porque a veces querrá llamarte a las 4 de la mañana y no lo hará por no molestar. Porque no quiere despertarte para contarte que su pareja la ha despertado para mantener relaciones y como no ha querido la ha echado de la habitación y no puede dormir, sólo llorar. Llámala a menudo y escríbele, aunque no te lo coja. Cuéntale cosas que no tengan nada que ver con ella, o sí, pero siempre con calma y cariño, nunca con condescendencia o esperando algo a cambio.

Es un trabajo a jornada completa, se requiere mucho esfuerzo, paciencia y amor. Vas a sufrir, pero nadie dijo que la amistad fuera siempre fácil y divertida. La meta de todo este esfuerzo vale la pena. Pero no te olvides de ti como cuidadora, y pide ayuda si te desborda. Hay asociaciones feministas repartidas por todo el país para asesorarte y apoyarte cuando no sepas por dónde tirar.

Asociaciones que también están para ti si eres víctima, con mujeres esperándote que -en muchos casos- ya han pasado por donde estás pasando tú. Porque a diferencia de lo que piensas: tu historia no es diferente al resto, él no es diferente a los demás maltratadores, y tú no eres más culpable que el resto de nosotras de lo que te pasa.

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