Dos zarpazos de Elady y Álex Muñoz acaban con la Ponferradina

Álex Muñoz celebra su gol con Míchel Herrero

José Miguel Galarza

Santa Cruz de Tenerife —

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El Tenerife navega con viento de popa después de cuatro semanas de Liga. Sin pinta de equipo grande, no gana avasallando, pero va tomando forma de grupo sólido, con cambios que mantienen el nivel y múltiples opciones para definir. Este sábado, ante la SD Ponferradina, primero con la estrategia —un remate limpio de Elady a la salida de una falta— y luego con el doctor Muñoz, otro zapatazo de los suyos inventado tras un recorte. El 2-0 mantiene al grupo de Ramis en la media inglesa con sensaciones inéditas para un arranque de temporada en el que sobrevive con solvencia en lo que espera a que Enric Gallego o Mollejo alcancen su forma.

El mérito de los blanquiazules volvió a nacer de la capacidad para sobreponerse a un comienzo espléndido de la Deportiva, activísima arriba para aprovechar la movilidad de Espiau y Naranjo, mejor puesta que su rival y capaz de ganar duelos y robar en anticipación hasta caer al área de Soriano una y otra vez. En una salida propositiva y sin complejos, el equipo de Bolo demostró la capacidad que le hizo llegar como líder al Heliodoro y aventura que volverá a caminar, cuando menos, por la zona tranquila.

Al Tenerife, como en Oviedo, le costó ponerse de cara en lo que su rival amenazaba con dos remates francos de Naranjo (m.5 y m.6), antes espléndido en el salto para ponerla de cabeza por encima del palo, luego horroroso tras un marcaje de ruptura de fuera a dentro. Tardó media hora en encontrar la conexión con Álex Corredera y aunque tuvo una buena ocasión en las piernas de Elady (m.9) en el que el delantero tardó demasiado en definir, corrió tras el balón más de lo quería —ausente Míchel Herrero, espesos Bermejo y Shashoua—, sufrió para escalonarse y acabó por encontrarse más a gusto tras media hora de partido consumida.

Para entonces, el encuentro —sin goles ni ocasiones clarísimas, pero dinámico, por encima del tedio de la Segunda División— rozó un ida y vuelta atractivo para la vista, más después de un cabezazo notable de Elady (m.29), respondido cuando amanecía la pausa (m.42) con la más clara que tuvo la Deportiva: un desajuste en la marca local que dejó al lateral derecho berciano con todo para batir a Soriano, de no atacar el portero el remate de Iván Rodríguez para taparle ángulos con una parada sobresaliente. 

Fuera de su práctica habitual, Ramis no esperó para comenzar las rotaciones. Debutó Mollejo tras el descanso —fuera de forma, más activo que preciso, fiel a su papel de rival odioso para cualquier defensa—, dio un paso adelante su equipo y negando los espacios entre líneas al cuadro de Bolo bosquejó un partido más cercano a lo deseable. 

El Tenerife, ahora sí, encontró la conexión con Álex Corredera —qué manera de esconderla, qué facilidad para descubrir la mejor salida— y la activación de Míchel, ya en el papel que se espera de su talla como futbolista. Mejor colocado, más dinámico, encaró el partido a la caza del gol y lo halló con la estrategia. Un golpe franco por la calle del ocho, un toque suave de Míchel al área que encontró a la corta la picardía de Elady para anticiparse y peinarla, inapelable, al primer palo.

El 1-0 desmadejó a la Ponferradina —dos minutos después salvó Lucho una pelota en la línea rematada por Shashoua— y activó una sucesión de cambios que no le rindieron efecto. Nunca volvió a ser el del primer acto, renunció a Naranjo y a Erik Morán —y ya con el 2-0 a un Yuri desconectado— y por el camino descubrió la capacidad del Tenerife para encontrar el gol por la vía del talento individual. Hoy tenía reservado billete Álex Muñoz, capaz de fabricarse su tanto con una carrera caballuna, una frenada para recortar y buscarse el ángulo y un zurdazo potente, imparable, pegadito el palo. Con media hora de crédito, el partido parecía más acabado que abierto y así fue. El que ganaba no se metió en charcos y el que perdía, perdió, abochornado por la humedad ambiental y desactivado de cualquier reacción solvente.

Crece este Tenerife, pegado al ideal de sumar una victoria tras un empate, mientras gana días de trabajo para activar los automatismos de los que sigue careciendo por delante de sus medios y da tiempo para la mejora de Gallego y Mollejo, dos tipos que en su punto adecuado deberían revelar la verdadera capacidad de un grupo por ahora solvente. No moja, pero empapa; no luce, pero brilla el Tenerife. Justo el punto de regularidad para una Liga inacabable en la que renta más la eficacia que los fuegos artificiales. 

(2) CD TENERIFE: Soriano; Mellot, Sipcic, Carlos Ruiz, Álex Muñoz (Pomares, m.70); Bermejo (Mollejo, m.46), Míchel Herrero, Álex Corredera (Thierno, m.86), Elady; Shashoua (Pablo Larrea, m.70) y Enric Gallego (Ethyan, m.63).

(0) SD PONFERRADINA: Lucho García; Iván Rodríguez (Paul Antón, m.75), Amo, Copete, Ríos Reina; Dani Ojeda, Agus Medina (Cristian Rodríguez, m.75), Erik Morán (Pascanu, m.59), Naranjo (Kike Saverio, m.59); Espiau y Yuri (Zalazar, m.67).

GOLES: 1-0. Elady (m.52). 2-0. Álex Muñoz (m.63).

ÁRBITRO: Francisco José Hernández Maeso (Comité extremeño). Amonestó a Álex Muñoz (m.64) y al visitante Pascanu (m.86).

INCIDENCIAS: Partido de la 4ª jornada de LaLiga SmartBank 21-22, jugado en el Estadio Heliodoro Rodríguez López. 6.940 espectadores, con aforo limitado por normativa sanitaria. La nadadora tinerfeña Michelle Alonso, medalla de oro en los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020, realizó el saque de honor.

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