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Opinión – Vayamos aún más allá, por Elisa Beni

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A nuestros jóvenes

Tu arrogancia va ligada a tu edad, pero esa arrogancia solo es un edulcorante, una aspiración a tu supuesta convicción y empuje para cambiar el mundo. Sin embargo, la experiencia demuestra que el edulcorante acaba diluyéndose. Se queda en aspiración, en arrogancia. Al final, el mundo no cambia. Cambiarás tú, te convertirás en una persona mucho peor de lo que eres.

Ese es el enunciado de una ley no escrita, una ley cíclica que engulle a las sociedades haciéndolas vegetar en un bucle que implosiona en espiral. La espiral, por lo general, es hipnótica. Así, hipnotizado, es como la generación anterior a la tuya quiere que te sientas, porque así es como la generación anterior a la suya los hicieron sentir a ellos.

Pero las estadísticas están hechas para ser destrozadas por los valientes. La historia demuestra que, en ocasiones, la juventud se lanza a la calle para protestar por un régimen que oprime. Estos alzamientos reivindicativos pueden tener mayor o menor rentabilidad, nunca se sabe de antemano, y nunca se sabrá si no se producen. Hay ejemplos que se han inmortalizado en nuestras conciencias y en nuestros libros de textos, como el mayo de 1968, en Francia, o las protestas de la Plaza de Tiananmén de 1989, en China. Otra protesta geográficamente más cercana, el llamado 15-M, no tuvo efectos a corto plazo por falta de organización, pero sí caló en las conciencias de la población, convirtiéndose en un arma pacífica, de desgaste a medio plazo, contra el secuestro de la democracia (unos políticos de paso que ‘regalan’ la soberanía del pueblo, como si fuera suya, a empresarios y banqueros).

Aunque el sentido de las puntuaciones pueda parecer contradictorio con mi discurso, quiero puntuar a dos políticos con nombre y apellido. Un diez para Celia Villalobos y un cero para Juan Carlos Monedero. Un diez para Celia Villalobos por su atrevimiento y descaro al darle compulsivamente al Candy Crash en plena sesión del Congreso. Yo… hubiera hecho lo mismo. ¿Para qué sirven las sesiones del Congreso? ¿Alguien lo puede explicar y convencerme? Antes de empezar la sesión ya sabemos lo que dirá cada una de ‘sus señorías’. Si hay una votación, previamente no solo sabemos si va a salir cara o cruz, sino que sabemos exactamente el número de votos a favor y en contra. Una pérdida de tiempo y dinero, una situación medieval que nunca se ha modernizado. Al menos puedo entretenerme jugando al Candy Crash mientras los demás pronuncian sus tediosos monólogos para lucirse ante los periodistas (los únicos que les escuchan para dar algún titular al pueblo) y para menospreciar al rival. Solo es una puesta en escena, un juego de niños malos, “a ver quién la tiene más grande”. No sirve para nada, el pescado está vendido antes de comprar la caña.

Un cero para Monedero por entrar al trapo. ¿A quién le importa si un miembro de un partido político que ni siquiera ha gobernado hizo, en una ocasión, una declaración de la renta más o menos afortunada? ¿De verdad es importante, o es que alguien te quiere hacer ver que es importante? Y, para colmo, esto es denunciado por defensores de los supuestos grandes saqueadores de nuestras arcas. Es un nuevo insulto a la inteligencia; por lo menos a la mía. Cero para Monedero por caer en el juego y dar explicaciones, porque contribuye a insultar a mi inteligencia. Eso sí, gran torpeza la de ese partido que nunca entendió que la fragmentación de la izquierda le favorecía. Al final, como consecuencia de dicha torpeza, ha alimentado un resurgir por el lado derecho que sí le va a hacer daño.

Por todo ello, joven, recuerda que la generación anterior a la tuya (¡la mía!) va a apostar para que el sistema no cambie, porque no nos interesa o no tenemos las agallas suficientes para arriesgarnos. La mal llamada madurez nos vuelve cerriles y nos contamina con una enorme aversión al cambio. Pero el mundo será tuyo, el futuro es tuyo. Solo tú puedes equilibrar la decisión de tus mayores. Tú has visto los devastadores efectos del secuestro de la democracia, al que han bautizado como ‘crisis’. No dejes que tu arrogancia se diluya, utilízala para dar un puñetazo en la mesa circular, la mesa que no tiene principio ni fin, la mesa de la rutina. No te conviertas en uno de nosotros, lucha. Siempre habrá esperanza. Yo confío en ti.

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20 de marzo de 2015 - 10:44 h

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