LP-2, el túnel fantasma
Tres años después de la erupción del Tajogaite, el Valle de Aridane sigue roto por dentro. No solo por las coladas que sepultaron barrios enteros, sino por la promesa reiterada —y sistemáticamente incumplida— de reconstruir una vía de comunicación vital: la carretera LP-2. La última propuesta del Gobierno de Canarias, liderado por el Partido Popular, ha encendido tanto expectativas como alarmas: un túnel de 1,6 km bajo las coladas más recientes. Lo que se presenta como una “solución de mínimo impacto ambiental” podría acabar siendo, si no se actúa con responsabilidad técnica y política, un símbolo más de la lava burocrática que ralentiza la recuperación de la isla.
Una propuesta enterrada en papeles
El trazado “n.º 6”, incluido en un documento filtrado desde la Consejería de Transición Ecológica, plantea reconectar la LP-2 entre Tajuya y Las Manchas mediante un túnel que atraviese las laderas del sur del cono volcánico. El texto —sin firma técnica, sin dotación económica ni calendario— está aún en fase de “análisis de alternativas” dentro del procedimiento de impacto ambiental.
No hay proyecto redactado. No hay licitación. No hay partida nominativa en los Presupuestos Generales de 2025. Lo único que hay es un titular. Y una promesa más.
¿Puede perforarse una montaña de fuego?
Desde el punto de vista técnico, la viabilidad del túnel es hoy, como mínimo, una incógnita arriesgada. Las coladas del Tajogaite siguen registrando temperaturas superiores a los 440 °C a apenas metro y medio de profundidad, incluso en zonas situadas a tres kilómetros del cono. Las zonas propuestas para excavar el túnel no son una excepción: la media de espesor supera los 30 metros y, en algunos puntos, rebasa los 70.
La construcción de una galería bajo este tipo de macizo incandescente plantea riesgos críticos:
· La expansión térmica del hormigón reduce su resistencia.
· Los gases ácidos, como el dióxido de azufre y el ácido clorhídrico, corroen estructuras metálicas y maquinaria.
· Y, quizás lo más preocupante, los asentamientos diferenciales provocados por el enfriamiento desigual podrían agrietar o desplomar la estructura si no se da un tiempo geológico —no político— al terreno.
Inés Galindo, vulcanóloga del IGME-CSIC, es tajante: “No existe en el mundo un túnel perforado bajo coladas tan jóvenes y calientes. Antes de 2030 es muy improbable que el subsuelo alcance temperaturas seguras por debajo de 80 °C”.
El único referente comparable, la Highway 132 en Hawái, se reconstruyó sobre lava, no bajo ella, y solo después de esperar al menos a que la roca descendiera a 200 °C.
Cuando el coste es lo de menos
El túnel de la LP-2 no es barato: los primeros cálculos elevan su coste a 70-90 millones de euros, casi tres veces más que una solución superficial con trinchera ventilada. Tampoco hay un estudio geotécnico detallado; el documento se apoya en cartografía LIDAR previa a la erupción y en sondeos a menos de 10 metros de profundidad, muy lejos de lo necesario para evaluar la perforación de un macizo inestable.
Lo más inquietante es que el proyecto, siendo técnicamente dudoso y económicamente desmesurado, carece por completo de respaldo presupuestario. Ni la Consejería de Obras Públicas ni el Ministerio de Transportes han reservado un solo euro para él. No hay cronograma. No hay licitación. Solo un boceto que parece más útil como bandera política que como solución real.
Guerra de siglas, silencio de la lava
Coalición Canaria, que gobierna el Cabildo de La Palma, ha calificado la propuesta del túnel como una “ocurrencia”. Defiende, en cambio, una obra a cielo abierto que siga el mismo trazado 6, pero con un enfoque más convencional. El PP, desde el Gobierno de Canarias, redobla su apuesta “verde” prometiendo que el túnel evitará afecciones al entorno y proponiendo ampliar la Red Natura 2000 para compensar el impacto.
Mientras tanto, el PSOE regional se limita a denunciar la “pelea estéril” entre socios de cogobierno, aunque no ofrece una hoja de ruta alternativa.
El resultado: parálisis institucional y un paisaje político donde cada partido calcula réditos en lugar de soluciones.
Lo que sí se hizo (y por mucho menos)
Frente al túnel, las comparaciones son inevitables. La carretera LP-213, entre La Laguna y Las Norias, fue abierta en apenas cinco meses, directamente sobre lava, con un presupuesto de 6,4 millones de euros. Cierto: fue una solución provisional, no exenta de grietas térmicas que ahora requieren reparaciones. Pero al menos dio respuesta inmediata a una necesidad vital.
La diferencia no está en la complejidad técnica, sino en el modelo de gestión: el Cabildo ejecutó la LP-213 con fondos de emergencia y voluntad política clara. El túnel, en cambio, depende de fondos del convenio Canarias-Estado y de maquinaria que ni siquiera existe en el archipiélago.
El peaje del abandono
La falta de una solución para la LP-2 ya no es solo un problema de movilidad. Es un problema de cohesión social. Los vecinos del Valle de Aridane deben recorrer más de 25 km extra al día, con trayectos que duplican el tiempo de acceso a hospitales, colegios y comercios. Los agricultores, especialmente en Las Manchas, hablan de un 15 % de sobrecoste logístico en las campañas de plátano. El turismo rural languidece sin acceso ágil ni señalización adecuada.
La plataforma vecinal Todoque Vive lo resume con contundencia: “Sin la LP-2 completa, no hay normalidad”.
¿Y ahora qué?
El futuro de la LP-2 sigue enterrado bajo tres capas: lava caliente, escepticismo técnico y polarización política. Las opciones reales, si se actúa con sensatez, son:
1. Esperar a que el terreno se enfríe naturalmente, lo cual podría tardar al menos una década.
2. Ejecutar una obra en superficie sobre coladas delgadas (<10 m), con cimentaciones ventiladas y técnicas de aislamiento térmico.
3. Reprogramar otras obras insulares para incluir el túnel en el convenio de carreteras 2023-2033, si realmente se apuesta por esa vía… y si la ciencia lo permite.
Lava, humo y propaganda
Proponer un túnel bajo un paisaje que aún humea puede resultar mediáticamente eficaz. Pero si no hay financiación, ni estudios técnicos, ni siquiera una estimación de plazo razonable, el riesgo es que se convierta en otra promesa fundida por la erupción política que acompaña a cada kilómetro de reconstrucción en La Palma.
No es la ingeniería la que impide reconstruir la LP-2. Es el uso táctico de las infraestructuras como instrumento electoral, como plataforma de imagen o como cortina de humo. La isla necesita puentes —no discursos— entre sus partes partidas.
La reconstrucción del Valle de Aridane no puede esperar más bocetos sin excavadoras. Y mucho menos más lava retórica sin soluciones frías, firmes y transitables.
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