Ángeles Borrallo, hermana de Soraya, desaparecida en Garafía, reclama un juzgado específico para estos casos
El paso del tiempo, a veces diez, quince o veinte años, no merma la constancia de los familiares de personas desaparecidas para seguir luchando por buscar cualquier pista que los lleve hasta su ser querido: son inasequibles al desaliento.
Un ejemplo de este empuje y esa tenacidad está en Isidro Molina, cuyo hijo desapareció en 2015 cuando tenía 17 años y, a pesar del tiempo transcurrido, “he perdido hasta la vida” pero nunca la esperanza, asegura en una entrevista con EFE.
Molina, natural de Rute (Córdoba), es uno de los familiares de una de las casi siete mil personas que se encuentran en la actualidad en España en búsqueda activa, y que el 9 de marzo conmemoran el Día de las Personas Desaparecidas.
Está seguro de que “mientras viva y pueda, voy a seguir buscando a mi hijo” porque “aunque han pasado más de diez años es como si hubiera pasado un día, la desesperación que tenemos es la misma”.
Para Isidro Molina, “las noches son tremendas, duermo poco, no consigo conciliar el sueño” porque “sigo con la misma ansiedad de buscar a mi hijo”, ya que “no sé realmente qué pasó, no sé si mi hijo salió de Córdoba, si no salió, no sé nada”.
Sin embargo, está convencido de que hay personas que tienen información y, por ello, ha puesto en marcha iniciativas como un apartado de correos para que quien sepa qué le ocurrió a su hijo Paco pueda facilitarle la información desde el anonimato.
Acercamiento de la justicia
Una de las reivindicaciones que plantea Isidro Molina es que “la justicia se tiene que acercar a la familia, no puede seguir mirando a otro lado” porque, aunque “las leyes son las que hay, aquí hay un drama social, estamos desamparados y hace falta que nos apoyen”.
Ese apoyo de la justicia es el que también reclama Ángeles Borrallo, hermana de Soraya Borrallo que desapareció hace un año en Garafía, en la isla de La Palma, y que aunque reconoce el apoyo de las instituciones y de los investigadores sí apuesta, según ha indicado a EFE, por un juzgado específico para los casos de personas desaparecidas.
En su opinión, esa especialización mejoraría la investigación porque “hay veces que nosotros, las familias vamos delante de ellos”.
Ángeles Borrallo hace esta afirmación porque cuando desapareció su hermana en febrero de 2025 “nos fuimos mi otra hermana y yo” al lugar donde vivía en La Palma y permanecieron allí durante cuatro meses, un tiempo en el que “estuvimos investigando con ellos”.
Asegura que durante este tiempo “nos sentimos muy arropados por todo el pueblo”, aunque se queja de la lentitud en algunos trámites que hicieron, que les mantuvieron tanto tiempo en Garafía.
Para Ángeles Borrallo, “si hay algo bueno en todo esto es que conoces a una gente con una humanidad increíble”.
Tanto Isidro Molina como Ángeles Borrallo, que han participado en Córdoba en el Encuentro de Familiares de Personas Desaparecidas celebrado esta semana, coinciden en que en los últimos años hay una mayor concienciación de la sociedad con las familias de las personas desaparecidas en España, de las que alrededor del 70 por ciento son menores.
Ambos hacen hincapié en la labor que organizaciones, como la Fundación Quién Sabe Dónde Global, llevan a cabo con los familiares de personas desaparecidas a los que acompañan, apoyan y les informan de los pasos que tienen que dar cuando se enfrentan a estas situaciones.
Esta organización forma parte de la Fundación Europea por las Personas Desaparecidas QSDglobal, impulsada por el periodista Paco Lobatón en 2015, y es una entidad sin ánimo de lucro dedicada a la búsqueda de personas desaparecidas, el apoyo a sus familias y la sensibilización social.
Actúa como red colaborativa, trabajando en prevención, atención personalizada y la exigencia de un marco legal específico.
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