Turismo regenerativo y oportunidades para La Palma
La reciente y sorpresiva cancelación unilateral de rutas aéreas el pasado 10 de octubre por parte de turoperadores y aerolíneas internacionales en La Palma ‑que, según estimaciones del sector publicadas por medios como COPE La Palma y El Periódico de La Palma, supondrá la pérdida de unas 20.000 plazas de invierno‑ no representa una simple coyuntura de mercado ni un imprevisto técnico. Es el síntoma indiscutible de la extrema vulnerabilidad que produce entregar el destino turístico a la lógica extractiva de la turoperación tradicional.
De la noche a la mañana, 20.000 plazas aéreas fueron canceladas de golpe. Cuatro conexiones semanales fulminadas unilateralmente por el gigante británico Jet2 desde Mánchester y Londres, Volotea anula las conexiones con Francia y hay cero margen de reacción para nuestros hoteles, restaurantes, taxis, comercios… Y entonces, ¿cuál es la garantía para el destino y qué herramientas existen para no verse afectado por decisiones que se toman a miles de kilómetros de distancia?
Lamento decirles que este hecho no es un accidente de mercado ni un imprevisto técnico. Es el saldo real y frío del modelo de turoperación tradicional al que nos tienen acostumbrados, y del que parece no haber escapatoria. También la prueba fehaciente de que entregar las llaves de nuestra conectividad a despachos extranjeros no genera estabilidad, sino una dependencia suicida.
¿Qué pasó exactamente con Jet2?
A mediados de octubre de 2026, la aerolínea y turoperador británico Jet2 comunicó por sorpresa que el 30 de octubre realizaría su último vuelo con la isla.
Canceló sin previo aviso la ruta directa entre Mánchester y La Palma y eliminó los vuelos previstos desde Londres-Stansted que iban a arrancar en noviembre. El resultado inmediato: La Palma perdió de la noche a la mañana cuatro conexiones semanales y entre 15.000 y 20.000 plazas aéreas de invierno. El impacto local: hoteles, casas rurales, restaurantes, taxis, guías y comercios se quedaron colgados a las puertas de la temporada alta.
¿Cómo son realmente estos acuerdos?
Cuando el Cabildo o una administración pública anuncian que han alcanzado un acuerdo con una aerolínea en realidad lo que firman es un contrato de patrocinio publicitario o comarketing. Con dinero público de los impuestos de todos, se paga a la compañía privada para que ponga fotos de La Palma en la portada de su página web, envíe correos a sus clientes promocionando la isla o publique anuncios en sus revistas a bordo. Estos acuerdos están vigentes hasta 2028, pero no dan garantía de retorno.
Por otro lado, la Orden de 27 de enero de 2026, publicada el 23 de febrero, recogió dos expedientes favorables de Jet2, que son los de subvenciones aéreas 0006‑2025, Londres-Stansted-La Palma, y 0007-2025, Birmingham‑La Palma.
La subvención no exigía transportar pasajeros y la ayuda económica se condicionaba principalmente a la capacidad aérea operada durante un número mínimo de semanas. En palabras del presidente del Cabildo de La Palma, Sergio Rodríguez, con el acuerdo se “marca un antes y un después en la estrategia de conectividad de nuestra isla”. “Hoy no solo celebramos el aterrizaje de una compañía líder como Jet2 y su turoperador Jet2holidays, sino que celebramos la consolidación de un modelo turístico que está demostrando una fortaleza y una capacidad de recuperación admirables”.
¿Dónde está la trampa y por qué no funciona?
Se paga por hacer publicidad, no por garantizar vuelos: El contrato obliga a la aerolínea a poner anuncios, pero no la obliga a mantener los aviones volando ni un solo día. Legalmente, la compañía cumple cobrando el dinero de la campaña de publicidad y, al día siguiente, si sus cuentas globales dicen que gana más dinero llevando ese avión a Turquía, Egipto o el Caribe, cancela la ruta y se van.
Se paga por ofrecer plazas, no por ocuparlas. Existe una diferencia decisiva entre ofrecer plazas y conseguir visitantes. Las bases reguladoras vinculaban la ayuda a los asientos efectivamente operados, aunque estuvieran vacíos, sin establecer una ocupación mínima como requisito independiente de pago. Por tanto, el mecanismo podía incentivar la apertura de rutas, pero no garantizaba por sí mismo su rentabilidad, su permanencia a largo plazo ni un retorno económico concreto para las empresas palmeras.
Riesgo total para La Palma, riesgo cero para la multinacional. Si el vuelo viene lleno, la aerolínea cobra el billete y el patrocinio. Si la aerolínea decide irse, el dinero público de la promoción ya se ha gastado y no se recupera. La Palma asume todo el impacto económico y la multinacional se va a otro destino sin perder un solo euro. ¡Vaya negociazo!
En resumen, no han fallado los paisajes, ni los fondos marinos, ni nuestro cielo, ni la gastronomía, ni nuestra gente, ni los hosteleros. Ha fallado un sistema de gestión pública que lleva años regalando dinero en contratos de publicidad a multinacionales extranjeras que no tienen ningún compromiso de permanencia ni lealtad con los destinos y mucho menos interés en garantizar la supervivencia de este a largo plazo.
El diseño de esta estrategia se enfocaba parcialmente a proteger el dinero público, pero no a garantizar el resultado turístico global y su retorno. No basta con que el avión tenga 189 asientos disponibles si llegan pocos viajeros, si las reservas no cubren las expectativas del sector o si la ruta desaparece tras unos meses.
La cancelación de Jet2 hace necesario conocer cuánto dinero público se comprometió, cuánto llegó a abonarse y qué consecuencias administrativas se derivan de la retirada. ¿Y ahora qué?
¿Qué reveló este fracaso?
-Ineficiencia en el uso de fondos públicos: invertir dinero público en subsidiar promociones de turoperadores privados no genera compromiso ni lealtad con el destino. El turoperador cobra la ayuda y, en cuanto sus métricas globales cambian el 0,5%, traslada el avión a otros destinos que son más interesantes.
-Falta de estrategia pública de comercialización: la Administración insular admitió que “la compañía no supo interpretar el producto La Palma”. Si el Cabildo deja la narrativa de la isla en manos del catálogo comercial de un tercero, el fracaso está garantizado.
-Anatomía del chantaje: las negociaciones tradicionales se reducen a un pulso en que el turoperador exige más subvenciones por plaza vacía o rebajas de tarifas aeroportuarias, mientras que la isla asume todo el riesgo financiero.
-La trampa de escala y el choque de modelos: La Palma es una isla con una escala alojativa reducida (casas rurales, pequeños hoteles familiares, complejos de dimensión media). No tenemos ‑ni debemos tener‑ la infraestructura de grandes resorts estandarizados de las islas capitalinas. Sin embargo, la gran turoperación europea (TUI, Jet2...) opera exclusivamente bajo la lógica del gran volumen de sol y playa. Cuando un turoperador desembarca en La Palma, pretende forzar a nuestro destino a encajar en la horma del turismo masivo. Al no encontrar miles de camas hiperconcentradas a precio de saldo, la operativa les resulta menos rentable que en otros destinos y cancelan la ruta sin contemplaciones.
Las matemáticas de la turoperación tradicional
Nos han repetido hasta la saciedad que debemos someternos a las exigencias de las grandes multinacionales turísticas porque “traen el pan a la isla”. Sin embargo, según datos de la ONU Turismo y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), en los destinos insulares dominados por el paquete turístico tradicional existe un fenómeno devastador llamado fuga turística (tourism leakage) y entre el 78% y el 92% del dinero gastado en paquetes jamás llega a la economía local. Hagamos las cuentas que nunca te han querido enseñar, veamos qué ocurre exactamente cuando un turista de turoperador compra un paquete para venir a La Palma frente a lo que ocurre cuando controlamos nuestra comercialización. ONU Turismo dice que por cada 100 euros gastados pasa esto:
-78 euros se van a la sede del turoperador o a la agencia extranjera, aviación, tasas internacionales, seguros y comisiones…
-14 euros van a costes fijos del hotel y proveedores multinacionales.
-8 euros llegan a las economías locales, o lo que es lo mismo, llegan a La Palma.
Por lo tanto, cada vez que un turoperador tradicional trae un vuelo a La Palma casi 80 de cada 100 euros ni siquiera llegan a pisar suelo palmero.
Pero eso sí, ahora cabe reflexionar sobre esto. La Palma asume el desgaste de las carreteras, el agua de nuestros acuíferos, la gestión de los residuos y la saturación de las infraestructuras. Nos dejan las migajas del banquete y, cuando sus márgenes globales bajan el 0,5%, nos apagan los aviones y nos dejan en la estacada, mientras que el beneficio económico se evapora antes de que el avión despegue de Europa. Y lo que es más sangrante: el Cabildo ha financiado esta trampa con cientos de miles de euros públicos en convenios de comarketing que solo han servido para subvencionar a los mismos turoperadores que hoy nos dejan tirados.
Hay alternativas y están funcionando
La evidencia internacional nos muestra que, frente al discurso del miedo que intenta convencerte de que “sin los grandes turoperadores no somos nada”, otros archipiélagos atlánticos e islas del mundo sufrieron lo mismo, lo analizaron, se plantaron y cambiaron las reglas del juego. Han demostrado que cortar el cordón umbilical con los intermediarios extractivos no solo es posible, sino infinitamente más rentable. Aquí varios ejemplos:
-Islas Azores (Portugal): rechazaron la construcción de grandes resorts y la dependencia de paquetes cerrados. Reorientaron su conectividad hacia vuelos regulares y venta directa combinada con la certificación de destino sostenible. Resultado: aumentaron el gasto medio por visitante el 35%, lograron que el 80% de los ingresos turísticos se quede en pymes locales y mantienen vuelos estables los 365 días del año.
-Islandia: eliminó las subvenciones opacas a turoperadores y creó un fondo de desarrollo de rutas condicionado a la estabilidad anual de los vuelos regulares. Hoy, más del 65% de sus visitantes son viajeros independientes que contratan directamente con empresas locales, erradicando la intermediación que vaciaba sus recursos.
-República de Palaos: pasó de sufrir la masificación de charters a instaurar la plataforma de fidelización regenerativa y el Palau Pledge. Lograron que el 80% de los ingresos del turismo se inviertan directamente en las comunidades locales y en la regeneración de su entorno natural.
La solución: estrategias de turismo regenerativo
-Fin de los cheques en blanco: cero euros de dinero público para turoperadores de paquete cerrado. Reorientar el presupuesto insular a convenios con aviación regular que garantice conectividades todo el año.
-Plataforma digital y comercialización directa: un gran motor digital público que conecte directamente los vuelos regulares con nuestras casas rurales, hoteles pequeños, empresas de senderismo, guías, rent a cars locales, bodegas, fincas o empresas marinas. Eliminar comisiones de los intermediarios extranjeros para que ese 80% que no llega, esta vez sí, sea distribuido en el bienestar de los residentes.
-Corredores aéreos entre islas: una solución que ha salvado islas diminutas en Hawái inyectando dinero en la economía local y regenerando su territorio al redirigir de forma selectiva el flujo masivo de visitantes que aterrizan en las islas de mayor tamaño hacia el resto. Se convierte así el volumen de los grandes aeropuertos en turismo de valor y se aumenta significativamente la media de estancia en esas islas.
-Ecotasa: para recuperar la soberanía en La Palma, la reforestación de nuestros montes y senderos, y nuestros fondos marinos, y también para apoyar desde el turismo otros sectores como la agricultura, vivienda y educación; en definitiva, que el turismo sea uno de los motores del bienestar de las familias que residen en la isla.
-El valor de la autenticidad: hay que dejar de competir en volumen para competir en valor.
El turismo regenerativo supone un auténtico cambio de paradigma. Mientras que el turismo sostenible busca minimizar los impactos negativos de la actividad turística sobre el territorio, el turismo regenerativo va mucho más allá: sitúa a las personas que habitan el destino y al propio territorio en el centro del modelo turístico, en lugar de poner el foco exclusivamente en el visitante.
Ya no se trata simplemente de reducir los daños o de evitar el deterioro de los lugares que visitamos, sino de generar un impacto positivo, recuperar los ecosistemas, fortalecer las comunidades locales y mejorar la calidad de vida de quienes residen en el territorio.
Porque el verdadero éxito del turismo no debería medirse solo por lo que disfruta quien nos visita, sino por lo que gana y mejora la comunidad que lo recibe.
El momento de decidir es ahora
La estampida de los turoperadores ha dejado al descubierto la vergüenza de un modelo agotado y la extrema fragilidad de un sistema obsoleto. Sin embargo, este cierre de puertas nos ha regalado la mayor oportunidad que un destino puede recibir.
Podemos seguir como hasta ahora: agachando la cabeza, mendigando vuelos a multinacionales que nos desprecian y asistiendo en silencio a cómo el coste de la vida se encarece para las familias palmeras, cómo los recursos naturales se explotan sin retorno ni control, cómo nuestros jóvenes se ven abocados a la emigración por la falta de oportunidades y empleo precario, cómo nuestros mayores sufren el aislamiento sin servicios públicos que garanticen su bienestar social y cómo el acceso a una vivienda digna se vuelve un hito impensable...
O mejor podemos apostar por transformar el modelo turístico porque la evidencia internacional demuestra que sí hay alternativas.
Sobre este blog
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