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Mi vida ha estado ligada al séptimo arte prácticamente desde el principio. Algunos de mis mejores recuerdos tienen que ver, o están relacionados, con una película o con un cine, al igual que mi conocimiento de muchas ciudades se debe a la búsqueda de una determinada sala cinematográfica. Me gusta el cine sin distinción de género, nacionalidad, idioma o formato y NO creo en tautologías, ni verdades absolutas, que, lo único que hacen, es parcelar un arte en beneficio de unos pocos. El resto es cuestión de cada uno, cuando se apagan las luces.

EN RECUERDO DE UNO DE LOS ULTIMOS SENADORES GALACTICOS: CHARLES LIPPINCOTT

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Si adecuamos la cita del párrafo anterior al instante actual en el que nos encontramos, no es difícil constatar que el aumento exponencial de la figura del escriba, en los tiempos que corren, no ha supuesto, por otra parte, una mayor clarificación de los hechos, sino toda una amalgama incontrolada de datos, rumores sin confirmar, citas inconexas y una marcada ausencia de una deontología profesional por parte de quienes, en muchos casos, deberían hacer gala, precisamente, de ella.

La suma de todos estos factores ha dado como resultado que acontecimientos y/o personas que deberían ocupar la mismísima primera línea cuando se habla de un tema determinado, terminen por ocupar un lugar secundario en la historiografía contemporánea. Una de esas personas que siempre ha estado ahí, por lo menos, desde que empezó el devenir social, mediático y profesional de la película de George Lucas Star Wars, pero a la que nunca se la terminó por valorar con la consideración necesaria fue Charles Lippincott, fallecido el miércoles día veinte del mayo, del presente y pandémico año 2020.

Sin querer defender la figura de quien ya no está, ni escribir ningún tipo de panegírico con motivo de su fallecimiento, hay un hecho que debería ser incontestable, se tengan conocimientos de marketing y promoción publicitaria, como es mi caso, o no. Este hecho viene a decir lo siguiente: con los elementos de los que dispuso Charles Lippincott en 1975 -momento en el que se hizo cargo de su puesto dentro de un organigrama creativo y empresarial que todavía se estaba construyendo- cualquier ejecutivo de cuentas, de una agencia de publicidad cualquiera, no se hubiera hecho cargo de una cuenta como ésa…

Piensen, si no, que la ciencia ficción, antes del estreno de Star Wars, pasaba por un momento muy distópico, ciertamente condicionado por la sombra de una Guerra Fría que tenía al mundo atenazado y con el fantasma de una crisis energética que sólo servía para alimentar la desazón y la paranoia de quienes se ponían a escribir los guiones de todas aquellas películas y series de televisión. El futuro se pintaba en tonos muy ocres y deprimentes.

Además, el concepto de “Space Opera” había quedado encapsulado en aquellos seriales cinematográficos que el propio Charles Lippincott había disfrutado en la televisión de la década de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo XX. Por añadir más incertidumbre a todo lo anterior, George Lucas era, a pesar del éxito de American Graffiti (1973), un director poco conocido y que formaba parte de una generación de realizadores cinematográficos que quería abrirse paso en medio de los anquilosados engranajes de una industria que llevaba años sin arriesgarse ni innovar, salvo por contadas ocasiones.

Con todos esos mimbres, tampoco hay que perder de vista otro factor que se resume en la siguiente frase: todo lo que estamos acostumbrados a ver ahora, cuando se habla de la promoción de una película, NO existía, ni “se les esperaba” en aquellos años. Ni tan siquiera un escaparate como el Comic Con de San Diego se parecía, remotamente, a lo que uno se encuentra nada más traspasar las puertas del San Diego Convention Center…

Charles Lippincott sentado, durante el SDCC del año 1976, en el diminuto stand desde donde se promocionó la película de George Lucas y donde también se vendió el celebérrimo poster de Howard Chaykin y Tom Palmer.

Y es en la capacidad por llevar hasta el extremo las escasas herramientas de las que dispuso y salir, luego, con bien del tremendo reto que tenía delante, en donde se encuentra la enorme validez de su trabajo y la aportación que al imaginario galáctico le hizo Charles Lippincott. Él fue quien entendió que el lenguaje gráfico podía aportar mucho más al conocimiento y la difusión de una película, en unos años en donde dichas propuestas terminaban por ser un rotundo fracaso. Él fue quien entendió que la televisión debía formar parte de la maquinaria promocional de Star Wars, por mucho que ahora sean legión los que abominen de tal iniciativa. Y él fue, junto con George Lucas, quien entendió que todo aquello que se pudiera “extraer” de una película y que se conoció bajo los nombres de merchandise y/ o merchandising terminaría siendo un elemento capital para lograr el conocimiento, prácticamente universal, de dicha producción. Baste citar una frase suya relacionada, ésta, con el denostado Star Wars Holiday Special, para entenderlo: We thought it would be a good vehicle to push toys. 1

Quizás esa sinceridad y lucidez fue la que no le terminó por granjear muchos amigos, sobre todo entre los cada vez más entregados seguidores de la saga galáctica. En un universo como aquél, demasiados terminaron pugnando por el trono del desaparecido emperador Sheev Palpatine… El director de marketing que había logrado llevar toda la propuesta a una galaxia mucho más lejana de lo que nadie hubiese podido prever terminó por ser un “verso libre” en medio de un canon que no permitía que nadie se saltara las reglas establecidas.

Tampoco es que su singladura no estuviera tintada por algunas decisiones más que cuestionables, más de las que él mismo terminó por admitir en su propio blog. No obstante, y con la perspectiva que dan estas últimas décadas, sí queda claro que su interés, además de vender un producto, se sustentaba en respetarlo, algo que luego se fue diluyendo hasta la caricatura más absoluta.

En realidad, la mejor forma de definir a Charles Lippincott sería como el arquitecto que diseñó y construyó toda la promoción de Star Wars, sin episodio ni ningún otro subtitulo en su definición. Tan solo es sólo una forma, bastante aproximada, de delimitar cuál fue su verdadera contribución.

Valorar su contribución en base al azar o al estar “en el lugar exacto, en el momento preciso” sólo contribuye a menospreciar su talento y aptitud para lograr que una idea tan simple, pero tan bien desarrollada, lograra a ocupar un lugar de honor dentro de la cultura popular contemporánea, además de convertirse en un revulsivo para el género de la ciencia ficción.

Y por mucho que pueda molestar, más en una disciplina como ésta -donde cada vez sobran más “doctores” y se echa de menos a personas con capacidad de análisis- sin Charles Lippincott el destino de Star Wars hubiera discurrido por un sendero bien distinto.

Sólo espero que donde esté ahora siga contribuyendo a la difusión de lo que, sobre el papel, parecía del todo inviable, pero que él logró llevar “hasta el infinito y mucho más allá” por imposible que resultara.

© Eduardo Serradilla Sanchis, Helsinki, 2020

Star Wars © Lucasfilm Ltd. & ™. All rights reserved. Text, any related names, characters and illustrations for Star Wars universe are © 2020 Lucasfilm Ltd.

Charles Lippincott SDCC 1976 © 2020 Stephen J. Sansweet/ Rancho Obi-Wan, Inc. All rights reserved.

Notas:

1- Lippincott, C. (1970, January 1). From the Desk of Charles Lippincott. Retrieved May 21, 2020, from http://therealcharleslippincott.blogspot.com/

2- Rossen, J. (2018, November 19). The Dark Side: An Oral History of The Star Wars Holiday Special. Retrieved May 21, 2020, from https://www.mentalfloss.com/article/72863/dark-side-oral-history-star-wars-holiday-special

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Mi vida ha estado ligada al séptimo arte prácticamente desde el principio. Algunos de mis mejores recuerdos tienen que ver, o están relacionados, con una película o con un cine, al igual que mi conocimiento de muchas ciudades se debe a la búsqueda de una determinada sala cinematográfica. Me gusta el cine sin distinción de género, nacionalidad, idioma o formato y NO creo en tautologías, ni verdades absolutas, que, lo único que hacen, es parcelar un arte en beneficio de unos pocos. El resto es cuestión de cada uno, cuando se apagan las luces.

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