Las mujeres abandonan la investigación de forma silenciosa

Sarah Montesdeoca, doctora en Oceanografía por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

Gara Santana

Las Palmas de Gran Canaria —
9 de marzo de 2025 05:30 h

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Que los criterios de la Academia marquen unos tiempos tan estrictos, a veces ajenos a los tiempos de la propia vida, deja a criterio de la voluntad de los investigadores e investigadoras el éxito de las publicaciones y, en rasgos generales, del avance de la ciencia.

Un estudio conocido a principios de este año sobre publicaciones académicas, reveló que solo el 26% de las investigadoras continúan publicando tras 19 años, frente al 36% de los hombres. 

Durante el estudio, se rastreó la trayectoria profesional de 86.000 científicos de 38 países de la OCDE que abandonaron el ámbito científico en las últimas dos décadas. El seguimiento abarcó desde su primera hasta su última investigación.

“Oficialmente tenemos las mismas oportunidades, por supuesto. Lo que pasa es que luego hay diferentes circunstancias, culturales, coyunturales, estructurales, que hacen que la realidad no sea así”, cuenta a este periódico la doctora en Oceanografía por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

Sarah Montesdeoca atiende a esta redacción desde el manos libres de su coche, porque el tiempo para ella es oro en la tarea de compaginar la crianza de su hija y la investigación de los “contaminantes emergentes”, que son aquellos que aún no están regulados por la legislación, presentes en los fármacos, las hormonas, los productos de cuidado personal (sobre todo los protectores solares), y el modo en que esos ingredientes afectan a las plantas y a los animales marinos y cómo intentar reemplazarlos por otros que sean menos tóxicos.

Esta última es la parte de la vida de esta doctora que será pública en revistas académicas y a través de su docencia, el resto de malabarismos que hace para llegar a ello, continúan siendo, momentos ocultos.

“Si miramos los datos”, continúa, “hay incluso más mujeres que estudian carreras de ciencias que hombres, y que acceden a másteres, pero luego las mujeres que terminan un doctorado y que acceden, por ejemplo, a una beca postdoctoral, son muchas menos”.

Embarazo y lactancia

La conciliación de la vida es urgente cuando nace un nuevo miembro de la familia, pero está presente también en el cuidado de personas dependientes. Sarah Montesdeoca puede dar cuenta de estas dos situaciones, ya que ayudó a su madre en el cuidado de su hermana mientras estudiaba y ahora cuida de su hija. “Sabes que cuando vas a hacer una carrera de investigación tienes que hacer sacrificios en el sentido de dedicarle mucho tiempo a ir al extranjero,  ir a congresos, a estar muchísimas horas en el laboratorio, hasta por la noche, o fines de semana, o días de fiesta, o lo que sea, y eso es totalmente incompatible, tanto con formar una familia, y también en el sentido de que las mujeres somos las que asumimos normalmente el papel de cuidadoras de las personas mayores o dependientes también, por ejemplo”.

Para la doctora Montesdeoca, asumir seguir adelante en el cursus honorum que marca la Academia es una carrera de renuncias o heroicidades. “Si tú decides quedarte embarazada con todo lo que conlleva el embarazo, parto, postparto, lactancia, todo lo demás, te estás parando. Entonces, en mi caso, por ejemplo, yo terminé la tesis en 2013, tenía una beca predoctoral que no estaba mal pagada del todo, pero cuando termino la tesis, a lo único que puedo acceder es a un contrato de técnico, con inestabilidad,  y en ese momento no me puedo plantear tener hijos”, relata.  “Y luego empiezo a enganchar becas postdoctorales, contratos, que tampoco me permiten planteármelo por el hecho de que si yo ahora me paro, no aplico para una beca o no sigo publicando o no sigo yendo de estancia, otro compañero que no esté teniendo un hijo, compañero o compañera, me va a adelantar. Entonces, yo hasta los 38 años no tuve a mi hija”.

Un filtro que deja atrás a las mujeres

El caso de Carolina Peña Alonso, doctora en Geografía por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, encuentra en la conciliación más complicidades, ya que su pareja se dedica también a la investigación, pero asegura que la maternidad cambió completamente su perspectiva. “Cambian las prioridades,mientras el sistema mantiene  estándares de exigencia muy altos. Y es ahí cuando tienes que echar mano de tu tiempo y de tu espacio vital para poder llegar ahí, entonces eso no cuadra con una familia”.

Carolina Peña Alonso, doctora en Geografía por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

El bebé de Carolina tiene ahora un año y  medio y cuenta cómo desde que terminó la carrera en 2009, todo ha ido rodado, y aún así “he llegado como apurada al tema de la maternidad porque lo fui retrasando, porque no me encontraba en condiciones para crear una familia; acabas la tesis, luego tienes una beca predoctoral, luego terminas la tesis y tienes una postdoctoral, y esas posdoctorales a su vez tienen una serie de niveles que se corresponden con la antigüedad de haber leído la tesis”.

Para la geógrafa, cuestiones meramente biológicas como amamantar, se tornan una decisión dura en este campo. “Tener que negar la opción, por ejemplo, de la lactancia para tener que irte fuera a congresos o a una estancia internacional es bastante duro”.

Con todo, se considera afortunada por sentir una red de apoyo familiar porque ha visto a compañeras “brillantes” quedarse por el camino al no poder compatibilizar la carrera de investigación con la maternidad.

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