Un par de días en Edimburgo: Las claves de la capital escocesa

El Hotel Balmoral y Carlton Hill, dos iconos de Edimburgo.

Hay muchas ciudades construidas en siete colinas; Roma, París e incluso la aparentemente llana Buenos Aires presumen de esas siete colinas. No es un número desdeñable y rememora viejas cábalas mágicas y augurios de suerte. Pero en el caso de Edimburgo, esas siete colinas se ven a simple vista y condicionaron de manera determinante el nacimiento y posterior desarrollo de la ciudad. Por eso lo primero que hay que hacer al llegar a la capital escocesa es subir a la más famosa de todas ellas, Carlton Hill, para ver la ciudad a vista de pájaro y empezar, como si de una maqueta se tratara, a comprenderla. Lo primero que el viajero que sepa ver podrá advertir es que hay una línea divisoria que deja, a la izquierda, una malgama de casas abigarradas coronadas por el magnífico Castillo de Edimburgo y, a la derecha, un trazado de líneas rectas y amplias en la que se suceden grandes edificios de un sobrio color gris. Dos ciudades en una. La medieval y la racional. La de los callejones y las escaleras imposibles y la de las grandes calles de palacios georgianos.

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Una de las cosas que nos sorprendió de la capital de Escocia es lo que es capaz de ofrecer con apenas el tamaño de una ciudad media española (Edimburgo tiene algo menos de medio millón de habitantes). Y eso habla muy bien ya no sólo de la propia ciudad, sino de una población orgullosa que ha sabido mantener y proteger un legado de siglos que va mucho más allá de las piedras. Viajar Ahora te pone en la pista de lo que ver en Edimburgo en un par de días. ¿Cuántos? En dos o tres días puedes volver a casa con una idea más que aproximada de lo que oferta. Un fin de semana es suficiente, pero tres o cuatro días es el periodo de tiempo ideal. Y también es el punto de partida idóneo para descubrir los tesoros de Escocia incluidas las famosas Tierras Altas, ese ‘país’ mítico de paisajes irreales, nieblas y castillos ( VER GUÍA DE LAS HIGHLANDS ESCOCESAS ).

Si eres de los que gusta de empezar las cosas por el principio bajarás de Carlton Hill, dejarás atrás la Estación de trenes e internarse en la Ciudad Vieja por Royal Mile, la vía que conduce al impresionante Castillo de Edimburgo (Castlehill, sn –acceso por Royal Mile-; Tel: (+44) 131 225 9846; Horario: LD 9.30 – 17.00) otra de las visitas que hay que hacer sí o sí antes de empezar a callejear por la ciudad. Y hay que hacerlo por dos razones: la primera son las espectaculares vistas que hay desde la explanada y la segunda es empezar a aprender sobre el lugar, su historia, sus mitos y sus misterios. Y si oyes un cañonazo, no te asustes. Todos los días –desde el siglo XVII-, a las 13.00 horas, disparan una salva para que los edimburgueses puedan sincronizar sus relojes. Historias, decíamos. Hay miles, por la ciudad. Algunas fantásticas y llenas de viejos fantasmas y truculencias. Como los que habitan Mary King’s Close (Warriston's Cl, 2; Tel: +44 131 225 0672; Ver Horarios). Según la leyenda local, el lugar se clausuró para abortar un brote de peste, pero la verdad es que este conjunto de callejones del siglo XVI fueron tapiados y sepultados para construir el ayuntamiento. Y se mantuvieron intactos por más de tres siglos. Dicen que en el lugar habita el fantasma de la pequeña Annie, que llora angustiada porque perdió su muñeca; por eso uno de los ritos de los que visitan el lugar es comprar una muñeca y dejarla como ofrenda .

La vieja Edimburgo se apelotona en torno a Castle Hill acomodándose a la montaña a través de callejones y escaleras que suben y bajan en pendientes a veces imposibles. Urbanismo medieval intrincado que sólo se da un respiro en Royal Mile y en la explanada en la que se levanta la Catedral de San Egidio –St Giles- (Royal Mile, sn; Tel: +44 131 225 4363; E-mail sgcminister@gmail.com), un precioso edificio gótico del siglo XII que es templo capital de la Iglesia Presbiteriana . A ambos lados de Royal Mile la trama se complejiza dibujando un verdadero laberinto de callejuelas en las que alternan pequeños edificios o grandes construcciones como la Biblioteca Nacional de Escocia o el Museo Nacional (Chambers St, sn; Tel: +44 300 123 6789; Horario LD 10.00 – 17.00), dónde hay un poco de todo –interesantes las colecciones arqueológicas e históricas-.

El Ensanche Gregoriano

The Mound sirve para salvar el obstáculo de las vías del tren y para adentrarse en la ciudad gregoriana, un ejemplo de urbanismo racional y planificación meticulosa que supuso la primera expansión de la ciudad más allá de los muros medievales al socaire de la prosperidad que trajo, para las élites del lugar claro está, la Revolución Industrial. Ahí mismo en la frontera entre ambos mundos se encuentra la Galería Nacional (Tel: +44 131 624 6200; E-mail: enquiries@nationalgalleries.org), una interesante pinacoteca con una nómina de ‘inquilinos’ notables de la talla de Velázquez (aquí está el célebre Vieja friendo huevos), Vermeer, Picasso, Rubens o Renoir entre muchos genios universales (y también una colección notable de paisajistas ingleses) y el Princess Street Gardens, un parque a los pies de la imponente Castle Hill que permite hacer muy buenas fotos de la fortaleza –la más típica desde Ross Garden-.

Princess Street marca esas frontera entra la vieja y la nueva Edimburgo. Aquí mandan las amplias avenidas, las fachadas palatinas y los jardines que, meticulosamente ordenados y planificados, dotan al callejero de una armonía que contrasta con el aparente caos del burgo medieval. El Ensanche es, aún hoy, uno de los mejores ejemplos de planificación urbanística de Europa. La idea surgió a mediados del XVIII, una época en la que ya quedaban lejos las amenazas de invasiones y que supuso la demolición de las murallas. El arquitecto James Craig planificó una nueva área residencial de amplias avenidas y palacetes neoclásicos que provocó el éxodo en masa de la nobleza y los comerciantes e industriales más ricos hacia la New Town. Esta fiebre desató un ansia constructora que cristalizó en el barrio neoclásico más grande del mundo (incluido hoy en el listado de Patrimonio Mundial de la Unesco) y en impresionantes vías de comunicación como North Bridge (lo que hoy es la estación de tren antes era un lago que fue desecado).

Esta zona de la ciudad es ideal para pasear. Aún siguen siendo las calles más exclusivas de Edimburgo asiento de grandes familias y, hoy, sede de las marcas de moda. Para mitómanos de la literatura –como nosotros- recomendamos ir más allá de Queen’s Street Garden hasta el número 17 de Heriot Row, dónde se encuentra la Casa Museo de Stevenson (Heriot Row, 17; Tel: +44 131 556 1896), hogar de infancia y juventud de Robert Louis Stevenson, magno autor de obras de la talla de La Isla del Tesoro, El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde o la Flecha Negra. Uno de tantos y tantos escritores escoceses imprescindibles. Edimburgo es cuna de escritores gloriosos y sus efigies se encuentran salpicadas por toda la ciudad (como Walter Scott o J.M. Barrie –Peter Pan-, entre otros).

Bajando hacia Leith y Portbello

Antes de nada: Leith no es Edimburgo. Apréndelo bien antes de hablar con nadie; por si las moscas. Antigua localidad portuaria, Leith ha renacido de sus cenizas y ha pasado de ser uno de los ‘barrios’ marginales de la capital escocesa a lugar de moda y asiento de hipsters y ese tipo de fauna urbana. A apenas 15 minutos del centro de la ciudad en transporte público, el antiguo estuario del ‘Water of Leith’ se ha transformado aunque en torno al agua la estampa sea la misma que hace siglos; una hilera de casas de piedra resguardadas por un viejo torreón medieval. Del pasado portuario quedan el Museo Marítimo de Trinity House , y los viejos muelles, hoy colmados de restaurantes, nuevos edificios de apartamentos y galerías de arte; toda una oda a la gentrificación que ha convertido antiguos almacenes y astilleros en lugares de moda. Muy cerca de Leith se encuentra la Playa de Portobello, el lugar donde acuden en masa los locales cuando sale el sol esas pocas semanas al año en la que se puede meter los pies en el agua sin temor a sufrir una hipotermia.

CUANDO IR : El famoso Festival Fringe se celebra en el mes de agosto y en torno al enorme programa de actos culturales de todo tipo la población de Edimburgo se triplica. Si eres un fanático de las artes escénicas es el mejor momento del año, pero si lo que quieres es disfrutar de la ciudad, pues no lo vas a poder hacer. Todo está atestado de gente y gran parte de los habitantes de la ciudad huyen. Y los que se quedan no están de muy buen humor. La mejor época para viajar es desde mediados de la primavera hasta principios del otoño . No es una ciudad especialmente fría en invierno, está la época en la que llueve poco (verano) y en la que llueve mucho (el resto). Imprescindibles los zapatos de goretex y el impermeable.

UN PAR DE TIPS TÍPICAMENTE LOCALES: Los mejores mejillones de la ciudad, una de las piezas fundamentales de la gastronomía local están en The Mussell Inn (61-65 Rose St, 61; Tel: (+44) 843 289 2481) y también buenos pescados y mariscos a buen precio. La única pega es que cierran pronto (22.00 horas) un inconveniente para ese gusto tan español de cenar a las tantas de la noche. Otro clásico de la ciudad es el Oink (Victoria Street, 34; Tel: (+44) 7771 968233), que como su propio nombre indica articula su existencia en torno al cerdo; cerdo asado con compota de manzana, para ser más precisos. Impresionante. Para tomar una buena cerveza artesanal las posibilidades son infinitas; hay más de 700 pubs en la ciudad. A nosotros nos encantaron The Brauhaus (Lauriston Pl, 105; Tel: (+44) 131 629 5434); Red Squirrel (Lothian Rd, 21; Tel: (+44) 131 229 9933); el BrewDog (Cowgate, 143; Tel: (+44) 131 220 6517); el Sandy Bells (Forrest Rd, 25; Tel: (+44) 131 225 2751) –con estupenda música tradicional en directo- o el Stockbridge Tap (2-6 Raeburn Pl, 2 ; tel: (+44) 131 343 3000), entre otros (casi todos recomendados por el magnífico blog de Viajar por Escocia ). Como podrás adivinar comimos menos de lo que bebimos. Si te gusta el drinking duro puedes visitar La Destilería de Gin Edimburgo (Rutland Place, 1ª; Tel: (+44) 131 656 2810; E-mail: info@edinburghgin.com).

SUBIR A LA SILLA DE ARTURO : Es otro de los clásicos en cualquier visita a la ciudad. Este pico rocoso se eleva 250 metros sobre el nivel del mar y es, junto a Carlton Hill, el mejor mirador para ver Edimburgo. Esta colina de piedra basáltica se encuentra en Holyrood Park y la caminata hasta la cima arranca en elaparcamiento del Palacio de Holyroodhouse, que cuenta con parada de autobús directamente conectada con el centro de la ciudad. La subida es exigente y demanda, en el mejor de los casos, unos cuarenta minutos de caminata sacrificada. Pero merece la pena. La colina está llena de restos prehistóricos.

Fotos bajo licencia CC: Seshadri Dhanakoti ; Herbert Frank ; sam chills ; Magnus Hagdorn ; Damien ; Adrian Lasso ; David ; Erika Iesse ; Eduard Marmet

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