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El fondo inmobiliario dueño del edificio desalojado en Santander por empezar a reformarlo con tres inquilinos dentro intentó echarles hace dos años

Olga Agüero

5 de septiembre de 2026 22:46 h

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La fachada triste y gris acusa cierto olvido. Hay algunos cristales rotos en las ventanas viejas de madera del primer piso. Con el paso de los años el edificio se ha ido quedando prácticamente vacío a excepción de tres inquilinos de renta antigua. Al lado del portal un cartel amarillo advierte que hay cámara de vigilancia y una alarma instalada por los propietarios, el fondo inmobiliario Global Cuena.

El Ayuntamiento de Santander ha ordenado el desalojo del número 8 de la calle Santa Clara por el riesgo de las obras que estaba realizando su dueño con los inquilinos dentro para convertir el inmueble en un edificio de apartamentos. Los vecinos ya habían denunciado hace dos años que les querían echar. Entonces eran ocho, hoy solo quedan tres.

En febrero de 2024, los pocos inquilinos que quedaban en este céntrico inmueble de siete plantas en la capital cántabra recibieron una noticia inquietante. El edificio había sido comprado por una sociedad —el fondo inmobiliario Global Cuena— que quería convertirlo en apartamentos. Nadie les había avisado. Los vecinos, algunos de renta antigua que pagaban entre 300 y 600 euros de alquiler, denunciaron en la prensa local que les querían echar para hacer pisos turísticos.

La que más ruido hizo fue Conchita Mantilla, una de las personas más conocidas en Santander por haber gestionado el antiguo Hotel Rex y por haber ejercido como concejala en la ciudad con el Partido Regionalista de Cantabria de Miguel Ángel Revilla. A Chitín, como se le conocía familiarmente, le ofrecieron seis mil euros por irse de su casa, en la que llevaba residiendo más de sesenta años, y pagarle la mudanza.

Finalmente, el nuevo propietario se echó atrás. Negó que tuviera la intención de dar un uso turístico al edificio, explicó que no quería echarles de sus casas y concluyó que los inquilinos lo habían entendido mal.

Conchita Mantilla falleció con 91 años en febrero. Poco después la empresa decidió seguir adelante con su plan inicial y empezar las obras de reforma del edificio, para hacer 27 apartamentos con los tres inquilinos dentro, lo que ha acabado por provocar su desalojo. Hace unos días, el Ayuntamiento de Santander ordenó a los vecinos salir del inmueble porque la estructura “está debilitada” y hay que reforzarla.

El concejal de Fomento, Agustín Navarro, explicó que la empresa que compró el edificio inició unas obras de reforma interior en las que tiró tabiques que han hecho que no se pueda garantizar la seguridad del edificio. Unas obras “totalmente legales”, según el Ayuntamiento de Santander, que contaban con un proyecto “validado” por el Consistorio. No obstante, el proyecto que presentó la empresa en abril de 2024 a los vecinos ya advertía que la reforma tenía que hacerse con el edificio vacío.

La alcaldesa, Gema Igual, restó importancia al asunto: “No estamos ante una emergencia”, dijo. Al mismo tiempo, daba 48 horas a los inquilinos para abandonar sus casas. El desalojo también afecta a los locales comerciales de los bajos del edificio: un supermercado y un bazar. También afecta a otro negocio, una peluquería, que lleva más de setenta años en el primer piso del edificio.

Los inquilinos son cautos y no quieren hablar públicamente de la situación, han recurrido a unos abogados para que les asesoren en el proceso y confían en poder regresar a sus casas y a sus negocios cuando se refuerce la estructura.

El Ayuntamiento de Santander ha exigido a la empresa propietaria que apuntale el edificio en un plazo máximo de quince días para garantizar la seguridad estructural del inmueble y evitar riesgos para las personas o los bienes. Al día siguiente de salir de sus viviendas, ya han empezado los trabajos.

El edificio de la calle Santa Clara se suma a una tendencia evidente en Santander —donde se ha incrementado notablemente el turismo— que es convertir edificios de viviendas convencionales en apartamentos. Cada vez es más habitual. En la cercana calle Cervantes o en Peñas Redondas hay ejemplos de ello.

En el caso de los pisos turísticos, la presión turística ha hecho proliferar de manera descontrolada los alojamientos sin una regulación y un control efectivo sobre los mismos. También ha contribuido a incrementar el precio de los alquileres y dificultar el acceso, ya que la mayoría de las viviendas se dedican al turismo y al alquiler de temporada.

En este contexto, la Empresa Municipal de Turismo de Santander encargó un estudio de impacto turístico y capacidad de carga de la capital de Cantabria. Los resultados tendrían que haberse hecho públicos en junio.