La patria de los heladeros: el documental que rescata la desconocida historia de los emigrantes pasiegos a Francia tras la Guerra Civil
Una mañana de otoño Maite, tras la pandemia, subió a un coche compartido en Valderredible (Cantabria) sin saber que aquel viaje hasta Madrid iba a cambiar su vida. En aquel trayecto Xavier le habló de los pasiegos que emigraron a Francia y otros puntos de Europa tras la Guerra Civil para dedicarse a la elaboración y la venta de helados.
Algunos con gran éxito, como la multinacional de helados Miko propiedad de los Ortiz, de San Pedro del Romeral. Otros llegaron a patrocinar el Tour de Francia. Más del 65% de las heladerías artesanales francesas sigue en manos de familias pasiegas. En la playa de Biarritz, al lado del mítico Casino, hay un kiosco de helados López, que delata la procedencia del negocio.
Aquel relato se quedó en el corazón de la directora de cine Maite Vitoria Daneris. Meses después, escuchó a unas mujeres de Aguilar de Campoo hablar de las fiestas de la Vega de Pas. Le pidió el coche a un vecino y se fue a conocer la comarca pasiega. Hace cuatro años volvió sola, dos días. Xavier, aquel efímero compañero de viaje, seguía en contacto con ella y le empezó a enviar contactos de familias de Riolangos, San Pedro del Romeral y la Vega. “Aquí hay una historia increíble”, le dijo. Esta vez Maite se fue a vivir a la Vega de Pas.
Durante cuatro años ha convivido en el pueblo, ha viajado a Francia, ha localizado a las familias de la diáspora de heladeros pasiegos y ha rodado una película documental 'La patria de los heladeros' que se estrenó en el Festival de Cine de Santander y que ya se ha proyectado en dos pases en el Festival de San Sebastián. En uno de ellos, en la sesión joven, compartió cartel con 'La Bola Negra' de Los Javis, dentro del programa 'Jóvenes, cine, memoria y democracia / 50 años de libertad' organizado por Cultura.
El documental recupera una historia prácticamente desconocida en una memoria sentimental enhebrada con testimonios, cientos de fotografías y fragmentos de dos películas antiguas de blanco y negro rodadas entre 1943 y 1957.
El 20 de octubre se estrena al público en otra premier muy especial en el Palacio de Festivales de Santander donde se reunirán 200 franceses descendientes de los emigrantes pasiegos. Una proyección que -según su directora- “reivindica el orgullo de ser pasiego, los valores y su modo de vida” y que rescata una historia que nunca se ha contado con letras mayúsculas y que ha permanecido en silencio, pese a las numerosas familias que protagonizaron ese éxodo y al éxito de sus iniciativas empresariales.
Un mapa con 231 familias emigrantes
La película se ha ido construyendo a la vez que Maite iba indagando en la historia de la migración pasiega -ha recuperado la memoria de 231 familias que ha reflejado en un mapa- y a la vez narra el regreso de cientos de descendientes a la tierra de sus antepasados “donde, y por primera vez en más de un siglo, las familias de heladeros se encontrarán en un acontecimiento inédito, en busca de una patria compartida”, explica.
La cadena migratoria es muy fuerte, fundamentalmente entre 1955 y 1960, y los pasiegos colonizaron todo el mercado heladero artesano de Francia. Maite, además de directora, se ha convertido en investigadora y Xavier ha pasado de ser su compañero de asiento a productor asociado de la película.
“Es un viaje a lo más profundo del mundo pasiego que hasta ahora siempre se nos ha mostrado desde otro lugar y que está orgulloso de su cultura”, explica la directora. Maite narra la fortaleza y el carácter de pastores y artesanos que dejaron sus pueblos en las montañas de Cantabria para irse a Francia sin saber leer, ni escribir, ni conocer el idioma. Pero sabían cómo hacer helados, con la afamada leche de las vacas de las praderías del Pas y el hielo de la montaña.
Se marcharon para sobrevivir de la miseria de la postguerra, pero encontraron el éxito en los negocios en su propio carácter emprendedor. ‘La patria de los heladeros’ es un retrato colectivo de los recuerdos y voces de los pasiegos que recorrían en verano las playas españolas y francesas vendiendo helados y que invierno se dedicaban a los barquillos y las castañas asadas.
La película se ha rodado en paralelo a la investigación y culmina, en sus últimas secuencias, con la encuentro organizado en el pueblo de Entrambasmestas con tras autobuses de familias pasiegas que fletaron desde Francia para encontrarse con sus raíces, para volver a la tierra donde nacieron. Una reunión en el monasterio de Soto Iruz y un gran cocido compartido. Un fin de semana que se inmortalizó en una fotografía de grupo en la vieja estación de tren de Puente Viesgo. “Todas esas familias que hemos localizado ahora vienen el 20 de octubre al estreno público de la película”, dice Maite. La 1.500 entradas de la sala se han agotado, pero el mismo día de la proyección se pone a la venta el 10% del aforo.
La fiesta de los heladeros en Entrambasmestas
La propia fecha del estreno público resulta simbólica. Alrededor del 15 de octubre, fiesta de Santa Teresa en Entrambasmestas, las familias pasiegas cumplían la tradición de regresar al pueblo coincidiendo con el fin de la temporada de helados. “Muchas parejas se han conocido en esa fiesta”, apunta la directora, hasta el punto de que la romería se conoce como 'la fiesta de los heladeros'. Hace tres semanas les invitaron a una boda en el pueblo pasiego donde han estado rodando. Los novios quisieron casarse allí, en Entrambasmestas, justo 70 años después de que lo hiciese su abuelo.
“Hay un contraste a nivel narrativo, el heladero que siempre ha proporcionado momentos de felicidad a quien le vende un cucurucho y el inmigrante, que siempre está relacionado con lo negativo”, reflexiona. Cuando todo el mundo disfrutaba del ocio, ellos trabajaban todos los días de la semana. “En este momento social es un mensaje muy potente, porque el tema de la inmigración es político pero también es humano y de corazón”, explica.
Para un pasiego es muy importante morir y que le entierren en su pueblo. La generación de pasiegos franceses actual ahora cuida de sus padres y abuelos. El rodaje de la película ha acompañado los últimos días de los padres de Xavier que, como otras familias emigradas, siempre vuelven a los pueblos donde nacieron en vacaciones.
Más que un gentilicio
Los pasiegos son mucho más que un gentilicio. Los habitantes de los territorios cántabros de los valles del Pas comparten una genética y un modo de ser muy apegada a la tierra y a la tradición. “Tenemos mucho que aprender de los pasiegos, del respeto, que está todo el tiempo presente”, asegura la directora. Cuando alguien camina por el caúce de un río y se encuentra un árbol caído con una piedra encima, ya sabe que no lo puede tocar, que por ahí ha pasado otro vecino que lo ha visto primero. Este respeto, entre unas personas para quienes un apretón de manos es un contrato sin necesidad de notario, también se extendía a la competencia. Ningún pasiego se ponía a vender helados en un lugar donde ya estaba asentado otro compatriota.
“La película reivindica el orgullo de su cultura y todo lo que podemos aprender de ellos”, concluye la directora.
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