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ALBACETE

Fuentes y regadíos tradicionales en Villatoya: un paraíso de agua que brota incluso en tiempos de cambio climático

Uno de los manantiales en Cilancos que surten los regadíos

Pilar Virtudes

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Se llama regadíos históricos a los sistemas agrícolas tradicionales que utilizan infraestructuras como acequias, azudes y albercas para distribuir el agua por gravedad. Son estructuras con cientos de años de antigüedad, que normalmente riegan pequeñas huertas y están asociados a un patrimonio cultural, ambiental y socioeconómico.

Esto es, ni más ni menos, la definición de los regadíos tradicionales de Villatoya, en la Manchuela albaceteña, al pie del río Cabriel. Es precisamente Villatoya el primer pueblo albacetense que colinda con este río y que dota a esta población y a la pedanía de Cilanco de fuentes y manantiales y de un rico patrimonio natural.

Una de las acequías madre

Este regadío de Villatoya y el entramado de fuentes de la zona es el tema de la conferencia que Isabel Pardo, profesora de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) y vicepresidenta de la Comunidad de Regantes de Villatoya va a ofrecer en el curso de verano de la Universidad regional sobre la  ‘Gestión del territorio, patrimonio y desarrollo rural: retos y oportunidades en el valle del Cabriel’.

“El regadío histórico tiene que ver con su historia. Lo que haces no es extraer el agua de un pozo, lo que tenemos son manantiales naturales, a partir de esos manantiales y esas balsas que de manera natural surgen, hay una conducción de acequias que transitan por las huertas”, ha contado en una entrevista concedida a Agroalimentaria.

En realidad es un entramado que parte de “lo que se denominan las acequias madres que dirigen el agua por las distintas zonas, y a partir de ahí lo que hay son canales que llevan el agua cada una de las parcelas que forma parte”.

“En Villatoya hay una pequeña balsita que se llama ‘el partidor’, desde donde se deja caer el agua y se deriva a las acequias madre de arriba y de abajo y cada una riega una zona distinta de parcelas”, cuenta.

La Comunidad de Regantes, cuando se crea en el siglo pasado, “desarrolló un sistema en el que cada huerta tenía establecido el horario en el que podía regar a través de unas tablillas, el agua iba por la acequia de arriba y luego por la de abajo, y se iba rotando. Hay regantes que aún conserva esa hojita, esa tablilla, donde dice, según tu parcela, si te corresponde el agua en un momento y otro”.

En total son 11 kilómetros de acequia con vestigios que se remontan a la época musulmana pero que están documentados ya a finales del XIX principios del XX.

Lo que riegan son pequeñas parcelas, minifundios, en total 157 regantes para 112 hectáreas principalmente de huertas, donde se cultivan hortalizas, tomates, pimientos, pepinos, sandías, frutales y también algo de cereal, que lo ha habido siempre. En la zona hay también algunos leñosos como viñedo y almendro pero en régimen de secano.

Modernización de los regadíos tradicionales

Estos regadíos, aunque siguen manteniendo esa disposición tradicional, se han sometido también a un proceso para su modernización acogiéndose a una subvención de la Consejería de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural que ha permitido sufragar el 90 por ciento de la inversión para mejorar sus sistemas de riego.

El consejero de Agricultura Julián Martínez Lizán, que en 2025 inaugurado las obras de mejora de los regadíos históricos de Villatoya, destacaba que esta actuación  preservaba “un legado histórico, tradicional y etnográfico, que son la esencia de cómo se ha cultivado históricamente, con un regadío mínimo en superficie, pero fundamental para seguir generando y creando riqueza, manteniendo la población y, por lo tanto, seguir manteniendo vivos los pueblos en los que se desarrollan”.

Una de las balsas

Según Isabel Pardo, esta modernización permitió cambiar las acequias que eran de tierra y que pon tanto tenían filtraciones con la pérdida de agua que ello conlleva, por infraestructuras, conducciones de agua que permitían una mejor circulación y menos filtraciones. 

También, según Pardo, la ayuda permitió mejorar la conducción del agua en el caso de Villatoya donde se tuvo que hacer una infraestructura, una tubería, para llevar el agua a las parcelas porque el nacimiento donde brota el agua, a 26 litros por segundo, está en el balneario y había que salvar esa zona.

No es el caso de Cilanco, donde el desnivel desde el nacimiento provoca que se pueda conducir hacia las huertas.

Fuentes y balnearios

Villatoya, cuyo topónimo, según dice su Ayuntamiento significa “un lugar donde hay tollos (charcos de agua), es como su nombre indica una tierra de agua. Lo que tenemos son fuentes que manan, una parte de aguas subterráneas y unos lugares en que emergen”, aparte de los manantiales que nutren los regadíos, señala Pardo, lo que da lugar también a unos balnearios gracias unas aguas declaradas de Utilidad Pública en 1845.

Las fuentes “surgen de manera natural”, dos de ellas están en la carretera desde Alborea a Villatoya, la del Viso, y más abajo la del Buitre y otra más allá la de las Lombrices que “tiene propiedades vermífugas (para expulsar o destruir parásitos intestinales)” y, en otra zona, la fuente de las Balsillas. “Estas fuentes siguen brotando y quizá el caudal puede haber tenido alteraciones pero no se nota a simple vista”, asegura.

“De momento no notamos el cambio climático, la cantidad de agua que vemos que circula sigue siendo considerable”, aunque asegura que sí han notado otros efectos como el pedrisco “que nos destruyó infraestructuras”, pero la cantidad de agua de momento  “en las fuentes algo sí, pero en los manantiales no se ha notado”.

Todo esto ha dado lugar también a dos balnearios, al otro lado del Cabriel, el de ‘Fuentepodrida’, que “estuvo todo el siglo XX funcionando, cerró en los años 90 y se volvió a abrir”, aunque la mayoría del turismo que acudía pertenecía la comunidad valenciana.

Uno de los canales que distribuye el agua

Y el balneario de la Concepción, este en Villatoya, que estuvo a principios de siglo XX funcionando pero luego cerró y se volvió a abrir en el año 87 del siglo pasado, y “a partir de ahí tenemos mucho turismo vinculado al balneario y también se empezaron a explotar las cabañas del valle del Cabriel y fue un acicate para el turismo”.

Isabel Pardo señala que el reclamo turístico en la Manchuela se ha centrado más en la zona de Alcala del Júcar puesto que tiene un rico patrimonio cultural, pero la zona de Villatoya “es más desconocida porque no tenemos algo de patrimonio o una estructura urbana que atraiga a este turismo, lo nuestro es mas de naturaleza”.

Por ello, piensa que “estaría bonito poner en valor toda esa parte del riego tradicional, que pudiéramos documentarlo, y vincularlo a ese descubrimiento de una red de canales que permite distribuir el agua para que haya riego. Sería una asignatura pendiente”.

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