Cambiar el “puto” por la ola: México pide a sus aficionados volver a 1986
El gol del siglo de Maradona, la mano de Dios y la ola en las gradas. Quizás por este orden el Mundial de 1986 es uno de los más recordados. No solo por el astro argentino, sino por la fiesta en las gradas. La conocida como “ola mexicana” no nació en México ni tampoco en un partido de fútbol. Pero si hubo un evento que la popularizó fue aquel Mundial, una celebración que se extendió rápidamente por los estadios de todo el planeta.
Pero la Federación Mexicana de Fútbol lleva casi una década luchando contra otra manifestación popular de las gradas de sus estadios (o de aquellos en los que juega su selección nacional). Y no es una manifestación de alegría, sino un descontento focalizado en un grito homófobo: “Eh, puto”.
En Brasil 2014, la FIFA ya advirtió a la federación mexicana por lo que se escuchó en las gradas cada vez que jugaba (y perdía o empataba) la selección. Cuando el portero contrario se disponía a sacar de puerta, arrancaba el runrún del “eh” alargado que concluía con el “puto” en cuanto golpeaba el balón. Es un grito similar al que también se ha escuchado en los estadios españoles durante años, pero que sustituía el “puto” por otro insulto con similar rima consonante. Aunque sin el tinte homófobo del adjetivo mexicano.
Ya en 2018, la FIFA multó a México con 10.000 dólares. Además de las sanciones económicas, la selección mexicana ha tenido que disputar encuentros con limitaciones de aforo e incluso con gradas clausuradas. Y la federación ha tenido que ir pagando multas prácticamente en cada competición internacional que ha disputado. Pero ahora no solo es dinero lo que se juega la selección, y más en su propio Mundial.
En el partido inaugural, en el Estadio Azteca, México ganó plácidamente a Sudáfrica por dos goles a cero, en un partido que bien podía haber acabado con un resultado mucho más abultado. La selección jugó bien y en la grada hubo mucha más fiesta que otra cosa. Nadie inició el lamentable grito homófobo. Este jueves, México venció a Corea del Sur por la mínima. Se clasificó a dieciseisavos con un partido pobre. La grada acabó en una fiesta, con el Canta y no llores que ya entonó contra Sudáfrica, pero durante el partido y conforme avanzaban los minutos sin que los aztecas marcaran la grada se impacientaba y abucheaba a los suyos. De momento, sin rastro alguno del “eh, puto”.
Como en lo que va de Mundial, la anfitriona aún no ha ido perdiendo, la Federación Mexicana teme lo que pueda ocurrir si la cosa se tuerce. La FIFA ya ha advertido que los árbitros tendrán que aplicar el protocolo antiviolencia y antirracismo. Al primer grito, el árbitro advertirá al delegado de campo de que eso no puede volver a ocurrir. Si se repite, ordenará a los futbolistas que se vayan a los vestuarios. Si se grita por tercera vez, se suspenderá el partido y se sancionará gravemente a la selección mexicana.
Para evitar llegar a ese extremo, México ha iniciado una campaña nacional, protagonizada por sus grandes futbolistas, desde el Memo Ochoa hasta Hugo Sánchez. Y que cuenta también con sus estrellas en México 86.
En contraposición, la federación está reclamando a su afición que se comporte como hace cuatro décadas, cuando pusieron de moda la “ola mexicana”, y el país se presentó al mundo como un lugar especialmente alegre.
Una palabra con tintes homófobos desde 'El Quijote'
En México hay incluso informes universitarios sobre el motivo de este grito. El Jefe del Departamento de Psicología Básica, del Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS), doctor Francisco José Gutiérrez Rodríguez, consideró que este grito es reflejo de una cultura machista enquistada en la sociedad de nuestro país.
“El grito homofóbico tiene que ver con nuestra cultura, donde una de las formas para degradar a otro es feminizarlo. Hay elementos de misoginia. Llamarle a alguien homosexual es un insulto en medio de una cultura machista, pero para algunos representa un escape de las tensiones de la vida cotidiana”, agregó, en el fragor de la polémica durante el Mundial de 2018.
La Jefa del Departamento de Letras, doctora Patricia Córdova Abundis, explicó que las palabras obscenas forman parte del bagaje lingüístico de las comunidades y se utilizan en distintos contextos. En este caso, el grito tiene un significado idiomático, es decir, puede ser interpretado de distintas maneras entre los 500 millones de hablantes del español, e incluso en México tiene muchos significados. Algo similar a la palabra “chingada”.
“El ‘puto’ aparece en la segunda parte de El Quijote. Sancho Panza se sorprende porque en una corrida de toros, gritan eso, ‘¡puto!’. Otro personaje, Sansón Carrasco, le explica que eso se grita para decirles: ‘¡Hey, qué bien lo haces!’. Pero Sancho, que es el pensamiento no lingüístico, el pensamiento vulgar, lo toma como una ofensa. El letrado, el bachiller, le confirma que no es ofensa”, dijo Córdova Abundis.
La ola mexicana que nació en EEUU
Aunque en el ámbito del fútbol internacional se asocie directamente con México, la realidad es que la ola fue concebida y perfeccionada en los Estados Unidos unos años antes.
La autoría más respaldada y documentada pertenece a George Henderson, un animador profesional estadounidense conocido como Krazy George. A finales de la década de los setenta y principios de los ochenta, Henderson se ganaba la vida asistiendo a estadios de diferentes deportes en Estados Unidos y Canadá para encender los ánimos del público con un tambor, una especie de Manolo el del Bombo a la americana. El 15 de octubre de 1981, durante un partido de béisbol de la Liga Americana entre los Oakland Athletics y los New York Yankees en California, logró lo que llevaba tiempo ensayando en partidos de hockey: que una sección entera de las gradas se levantara con los brazos en alto y se sentara justo cuando la sección de al lado hacía lo mismo. La onda expansiva visual dio la vuelta completa al estadio.
A principios de los años ochenta, la fuerte influencia de las transmisiones de deportes estadounidenses en los estados norteños de México hizo que los aficionados locales conocieran esta peculiar forma de animar (que muchas veces se asocia a triunfos aplastantes del equipo local o al aburrimiento de la grada). Los seguidores de los Tigres de la UANL y de los Rayados de Monterrey empezaron a replicarla de manera rudimentaria en el Estadio Universitario (conocido como El Volcán) y en el viejo Estadio Tecnológico.
Para 1984, empresas como Coca-Cola ya utilizaban la coreografía en campañas publicitarias locales (“La Ola de Coca-Cola”).
Dos años después, los estadios de México 86 se convirtieron en el escenario ideal: recintos monumentales, un clima festivo y, en ocasiones, partidos pausados o monótonos que empujaban a la grada a buscar entretenimiento por su cuenta.
Fue en el colosal Estadio Azteca de la Ciudad de México, ante más de 110.000 espectadores, donde la ola alcanzó su máxima expresión.
'Nature' llegó a estudiar cómo se forma
Pero la ola tiene su ciencia. En septiembre de 2002, la prestigiosa revista científica Nature publicó un artículo titulado Mexican waves in an excitable medium (Olas mexicanas en un medio excitable). El estudio fue liderado por los físicos Illés Farkas y Tamás Vicsek, de la Universidad Eötvös Loránd de Budapest (Hungría), en colaboración con el investigador alemán Dirk Helbing.
Los científicos analizaron vídeos de 14 olas gigantes producidas en estadios de fútbol con capacidades superiores a los 50.000 espectadores. Al introducir esos datos en simulaciones informáticas, revelaron la “anatomía exacta” de la ola mexicana.
Para arrancar tiene que haber una especie de chispa inicial. No basta con que una persona intente iniciarla, pero tampoco hace falta una multitud. El estudio demostró que basta con un grupo cohesionado de solo 25 a 35 personas levantándose al unísono para desencadenar el efecto dominó en todo un estadio de 100.000 asientos.
Una vez que la ola se estabiliza, avanza a una velocidad sorprendentemente constante de 12 metros por segundo (lo que equivale a atravesar unas 20 butacas por segundo). Aunque parezca sencillo, no es fácil evitar que la ola se desmadre.
El frente de la ola (la cantidad de personas que están de pie al mismo tiempo en una sección) suele medir entre 6 y 12 metros de ancho, lo que equivale a unas 15 personas contiguas en estado “activo” simultáneamente.
El 75% de las veces, la ola gira en el sentido de las agujas del reloj (de izquierda a derecha desde el punto de vista del espectador). Los científicos atribuyeron esto a una ruptura espontánea de la simetría humana, influenciada por la lateralidad (la mayoría de la gente es diestra y tiende a mirar o reaccionar hacia la derecha) o por pura anticipación visual.
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