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Cómo gestionar la ansiedad ante los exámenes, según un psicólogo: “Dificulta recuperar la información aprendida”

Examen en la Universidad de Maó, en Menorca.

Paloma Martínez Varela

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Con la llegada del fin de curso miles de estudiantes se enfrentan, no solo a los exámenes finales, sino al enemigo invisible que puede suponer la ansiedad. Entre el 15% y el 25% de los estudiantes presentaría niveles elevados de ansiedad ante este tipo de pruebas, según un estudio de 1996 que, pese a su antigüedad, los expertos siguen citando como referencia a falta de datos más recientes. Lejos de tratarse de un mero nerviosismo, puede comprometer el bienestar y el futuro académico si no se gestiona a tiempo.

“Los nervios son normales e incluso útiles cuando activan la atención y ayudan a concentrarse. Se convierten en ansiedad perturbadora cuando esa activación es excesiva y empieza a interferir en el rendimiento; si provoca bloqueo, dificultades para pensar con claridad o síntomas físicos intensos como insomnio, taquicardia o malestar significativo”, advierte Valentín Martínez-Otero, doctor en psicología y pedagogía.

Pánico a quedarnos en blanco

Uno de los mayores temores de quienes estudian es sufrir el fenómeno de quedarse en blanco a la hora de la verdad. “Suele producirse por una activación elevada generada por el estrés”, explica Martínez-Otero, que añade que “en ese estado, el cerebro reduce el acceso a la memoria de trabajo y prioriza la respuesta de alarma, lo que dificulta recuperar la información aprendida en ese momento”.

Diversas investigaciones sugieren además que este problema no afecta a todos por igual: las mujeres son quienes suelen presentar síntomas más intensos, una tendencia que aumenta en función de la presión educativa, es decir, si se necesita pasar cierta nota de corte, quedar entre los primeros para conseguir plaza, o cuando ya se llevan varias convocatorias a las espaldas. 

Factores como las altas expectativas, propias o familiares, el miedo al fracaso, la falta de planificación o la tendencia al pensamiento negativo influyen en este malestar, aclara el experto. “Uno de los errores más frecuentes es estudiar de forma intensiva hasta el último momento sin descanso, ‘darse un atracón’, lo que aumenta la saturación”, señala el psicólogo, que también recomienda evitar entrar “en dinámicas de catastrofismo, como pensar ‘voy a suspender seguro’, y evitación, que incrementan el malestar”.

Recomendaciones para gestionar la ansiedad

“También intentar eliminar completamente la ansiedad en lugar de aprender a gestionarla”, apunta como otro error frecuente Martínez-Otero. La clave es alejarse del perfeccionismo y centrarse en la organización, la regulación emocional y el autocuidado.

Además de las recomendaciones ya citadas, de evitar los excesos de última hora y la autocrítica o negatividad de pensamiento, el especialista asegura: “Las estrategias más eficaces incluyen una preparación distribuida en el tiempo, la realización de simulacros de examen, el cuidado del sueño y técnicas breves de regulación como la respiración o la relajación. También es clave reinterpretar la activación como algo no necesariamente negativo”.

Las familias y los docentes también tienen un rol esencial a la hora de no aumentar la presión sobre los estudiantes y valorar el esfuerzo. Con todo, a veces las herramientas al alcance de uno no son suficientes y es necesario recurrir a ayuda profesional.

“Cuando la ansiedad es frecuente e intensa, interfiere de forma significativa en el rendimiento académico o genera un malestar elevado que lleva a evitar situaciones de evaluación, es recomendable buscar apoyo psicológico especializado”, valora Martínez-Otero.

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