Nebrija más allá de su ‘Gramática’: así se forjó un humanista moderno creador del primer ‘google translate’ latín-español del Renacimiento
A finales del siglo XV, en pleno Renacimiento en España, el ideal del verdadero humanista estaba muy ligado al conocimiento de la lengua, concretamente del latín, para acceder al conocimiento de los textos antiguos. Requería un bagaje que hacía que los humanistas fueran hombres muy polifacéticos. Fue común recordar una frase del poeta latino Terencio: homo sum humani nihil a me alienum puto (“Soy un hombre y no considero ajeno a mí todo lo humano”). O lo que es lo mismo, todo conocimiento nos afecta, nos engrandece, como conjunto, como sociedad.
Elio Antonio de Nebrija enarboló esa bandera durante toda su vida. El célebre autor de Lebrija (Sevilla) fue “uno de los primeros y más sólidos humanistas” y así se le recuerda hoy en día. Quien destaca esas bases latinas con las que forjó toda su apabullante carrera y conoce su legado en profundidad es la profesora Teresa Jiménez Calvente, profesora en la Universidad de Alcalá (UAH), la institución académica en la que Nebrija dejó una impronta imborrable.
Teresa Jiménez Calvente (Gütersloh, 1967) es catedrática de Filología Latina en la Universidad de Alcalá. Obtuvo su licenciatura en Filología Clásica en la Universidad Autónoma de Madrid, y se doctoró en la Universidad de Alcalá en 1995, donde ha desarrollado la mayor parte de su carrera docente.
Cuenta que conocer la figura de Nebrija, ahondar en su trayectoria en diferentes puntos de la geografía de la antigua Castilla y bucear en toda su obra supone adentrarse en una de las épocas clave de la historia política y cultural de España. Formado en Bolonia (Italia), su carrera profesional lo llevó a la Universidad de Salamanca y posteriormente a la de Alcalá de Henares. Pero fue en Extremadura donde, gracias al mecenazgo del Maestre de la Orden de Alcántara durante 17 años, pudo dedicar todas sus fuerzas al estudio del latín, que él consideraba una “herramienta indispensable” para mejorar el mundo.
“De mente inquieta y defensor de las novedades”, esta experta detalla que se volcó en dar a conocer su trabajo intelectual a través de la imprenta, por entonces un invento “realmente revolucionario”. Esos fueron los principales elementos que lo convierten en “un hombre moderno”. Y esa modernidad bebía del convencimiento de que, a través de la educación de los jóvenes, no solo de los universitarios, sino también quienes podían adquirir libros, “se podía mejorar su presente y mejorar el mundo”.
“Para llevar a cabo ese proyecto de renovación pedagógica, defendió la necesidad de empezar por lo más elemental: el conocimiento cabal de la lengua (la latina) que daba acceso al conjunto de los saberes. En momentos actuales, en los que se habla de los problemas de comprensión lectora que muestran nuestros alumnos, conocer la figura de Nebrija nos permite reflexionar sobre la importancia de esas disciplinas que muchos consideran ‘menores’ y que no lo son”, destaca Teresa Jiménez Calvente.
En un mundo convulso bajo el reinado de los Reyes Católicos, Nebrija es muy conocido hoy en día por su Gramática sobre la lengua castellana, la primera de la historia. Pero hay un dato muy curioso. No fue su proyecto principal. Él siempre se centró en recuperar y fomentar el conocimiento del latín, para conocer a los autores clásicos.
La profesora cuenta que la idea para llevar a cabo ese manual pudo venirle por parte de Hernando de Talavera, el confesor de la reina Isabel de Castilla entre 1474 y 1492, quien coincidió con Nebrija en 1486 en Salamanca, cuando acompañaba a los Reyes Católicos en su viaje de peregrinación a Santiago de Compostela. Allí le sugirió realizar una traducción bilingüe (latín-castellano) de las Introductiones Latinae, la gramática latina con la que Nebrija había alcanzado una fama enorme desde su primera publicación en 1481.
“Talavera le dijo que, con esa versión, quería que las monjas que estaban en los conventos pudieran aprender por su cuenta latín, sin tener que echar mano de ningún sacerdote o confesor. Nebrija accedió y es posible que ahí concibiera la posibilidad de aplicar las recetas de la gramática latina a la descripción de la lengua castellana. Esto le pareció muy útil y así escribió la que es la primera gramática completa y exhaustiva de una lengua vernácula”, destaca.
En el prólogo, el autor cuenta la “sorpresa” de la reina cuando recibió la obra, pues “ella no entendía para qué serviría una gramática de una lengua que todos conocía y hablaban desde la cuna”. Nebrija le explicó entonces su utilidad: “Una gramática permitiría convertir al castellano en una lengua de cultura y prestigio, pues entraría en la ‘liga’ de aquellas lenguas que se podían aprender mediante un manual”.
Pero ocurrió que la Gramática sobre la lengua castellana no tuvo ningún éxito. Hubo que esperar hasta el siglo XVIII para que volviera a editarse y se le reconociera “su enorme valor”.
Sus diccionarios no tenían parangón en la época
Por eso resulta interesante adentrarse en el resto de la obra del autor sevillano, sobre todo en sus diccionarios. El primero fue uno bilingüe latino-español, también publicado en 1492. Le siguió otro español-latín, publicado hacia 1494. “Son obras que no tenían parangón en la época, porque evitaban cualquier tipo de explicación de carácter enciclopédico. En ellas, Nebrija apuesta por introducir vocablos que pudieran ser de uso común entre sus estudiantes, aquellos que se referían a la vida cotidiana, pero también términos técnicos del Derecho, la lengua de la Biblia, los gentilicios y los topónimos”.
Totalmente enfrascado en su objetivo, llegó a escoger unas 28.000 voces latinas en el primer diccionario y unas 22.000 en el segundo. A cada término le daba una única equivalencia. De hecho, Teresa Jiménez habla de “una especie google translate de la época”.
Nebrija no dejó de trabajar a lo largo de toda su vida en estas dos obras, que tuvieron “un éxito enorme”. De hecho, cuenta la profesora que, después de su muerte, su gramática del latín, revisada a lo largo de los siglos, se siguió utilizando como manual de enseñanza hasta el siglo XIX. Con los diccionarios pasó algo parecido, pues “se actualizaron en numerosas ocasiones e incluso sirvieron para redactar diccionarios bilingües de otras lenguas”.
También destaca el hecho de que el autor cultivó numerosas disciplinas: fue pedagogo, historiador, impresor, escritor y poeta. Formaba parte de ese “ideal del verdadero humanista”. “Gracias a sus sólidos conocimientos del latín, podía acceder a los grandes logros que brindaba el mundo antiguo. Esa herramienta, la lengua, le permitía acceder a textos muy distintos: médicos, científicos, religiosos, literarios. A partir de esos estudios y gracias a la capacidad de contrastar lo leído con lo visto o vivido, podían surgir respuestas a las nuevas preguntas”.
Concretamente, Nebrija se interesó por el mundo científico, por los nuevos descubrimientos geográficos, por el derecho y la medicina. Incluso se atrevió “a meterse en el terreno de los teólogos, lo que le acarreó algunos problemas”. Según explica Jíménez Calvente, estaba convencido, además, de que podía prestar un buen servicio a los reyes como escritor y se brindó a servirles como cronista o historiador.
“Como él mismo decía, se sentía comprometido con su patria y procuró engrandecerla a través del estudio. Por ello, reivindicó la grandeza e importancia de quienes se dedicaban a cosas, en apariencia, poco importantes, como el estudio de la gramática y los textos. Le gustaba mucho repetir que ‘no son pequeñas las cosas sin las cuales no se puede construir lo grande’. Aprender a leer, comprender y hablar bien el latín era la base de cualquier conocimiento”, recalca.
Su legado fue mucho más allá. Como intelectual, defendía la capacidad de la razón para resolver los más diversos problemas. Por eso se atrevió a proponer la creación de un sistema de medidas. Para lograrlo, estudió a qué equivalía la medida del pie romano y propuso adoptarlo en toda Castilla, aunque su idea no prosperó.
En un momento de reformas monetarias, cuenta la catedrática, también estudió el valor de las monedas romanas y sus sistemas de pesos, con la idea de unificarlos en Castilla. Su afán no quedó ahí, puesto que también propuso una reforma de la ortografía para el castellano (de nuevo “un adelantado”). Sin embargo, esas propuestas no fueron adoptadas.
Nos queda la imagen de su tesón, su responsabilidad como intelectual, su deseo de mejorar la sociedad en la que vivía
“Sí nos queda la imagen de su tesón, su responsabilidad como intelectual, su deseo de mejorar la sociedad en la que vivía. Incluso sin que él llegara a sospecharlo, su influjo se ve en la composición de las primeras gramáticas de las lenguas amerindias. Los frailes, formados en las universidades con los manuales de Nebrija, adoptaron su modelo cuando tuvieron que enfrentarse a la tarea de componer gramáticas de las lenguas que iban encontrando en el continente americano. Los españoles no impusieron allí su lengua: aprendieron las de quienes habitaban en aquellas latitudes. Nebrija les brindó el modelo para hacerlo”.
Una curiosidad que siempre ha envuelto la figura de este gran humanista es su nombre. ¿Por qué hoy es Antonio de Nebrija si nació en Lebrija? Teresa Jiménez Calvente también arroja luz sobre esta cuestión. Explica que en el siglo XV lo normal era adoptar como apellido el gentilicio o topónimo del lugar en que uno había nacido.
En los libros de claustro de la Universidad de Salamanca se le llama Antonio de ‘Lebrixa’. Así se escribía entonces en castellano el topónimo correspondiente a su pueblo. “Como buen humanista, tuvo que latinizar su nombre. Buscando en los autores clásicos que escribieron sobre la Hispania antigua, encontró que ese topónimo en castellano podría corresponder a la antigua población de Nabrissa. Un poeta latino, Silio Itálico, la llamó ‘Nebrissa’. De ese modo, utilizó ese nombre latino que le permitía dignificar su origen”.
“Estos datos eran la constatación de que su patria chica ya existía en época de los romanos. De ese modo, él podía hacerse descendiente de los hombres y mujeres a los que tanto admiraba. A partir de ese topónimo, él creó el gentilicio latino Nebrissensis. De ahí surgió el cruce entre la forma castellana y la latina: frente a Lebrixa/Lebrija, comenzaron a llamarlo Antonio de Nebrissa o Nebrija”.
Y es indudable su mencionada huella en la Universidad de Alcalá. Antonio de Nebrija tuvo una excelente relación con Francisco Jiménez de Cisneros, confesor de la reina desde 1492, arzobispo de Toledo a partir de 1495 y regente de Castilla en dos ocasiones. Este último admiraba la inteligencia del humanista y “quiso reclutarlo desde muy pronto para su gran proyecto de editar una biblia políglota”. Por eso lo llamó a su lado en 1502.
Sin embargo, Nebrija seguía entonces ligado a su patrono, el mencionado maestre de la orden de Alcántara, en Extremadura. A la muerte de este en 1504, Nebrija volvió a Salamanca y, cuando posteriormente tuvo algunos problemas con el inquisidor Deza, encontró el apoyo de Cisneros (entre 1506-1507).
“Finalmente, cuando la Universidad de Alcalá recibió a sus primeros alumnos en el otoño de 1508, entre ellos estuvo Fabián, uno de los hijos de Nebrija. En esa ocasión, atraído por las promesas de Cisneros, Nebrija dejó Salamanca y se desplazó a Alcalá para implicarse de lleno en el proyecto editorial del cardenal. Pero aquello no fue como él esperaba y, en el verano de 1509, Nebrija se volvió a Salamanca. Sin embargo, no cortó su relación con Cisneros. Sin trabajar exclusivamente en la Biblio Políglota, sí siguió de cerca el proyecto, que tuvo su primer fruto en enero de 1514, con la edición del volumen V, el Nuevo Testamento”.
Sucedió que su estancia en Salamanca se terminó “bruscamente” cuando Nebrija, que optaba a la cátedra de Gramática, en la que el libro de texto eran sus Introductiones Latinae, suspendió y fue relegado. “La plaza se otorgó a un simple bachiller. Aquello fue el colmo. Decidió abandonar Salamanca para siempre”.
Ahí estaba Cisneros de nuevo para brindarle su apoyo y le ofreció una cátedra en Alcalá. De ese modo, Nebrija se convirtió en catedrático de Retórica. “Esa Cátedra tenía muchas ventajas: entre ellas, que era vitalicia y que le permitía enseñar a alumnos más adelantados en sus estudios. Los estudiantes de Gramática, por decirlo de algún modo, eran los de los primeros cursos (jóvenes en torno a los 14 o 15 años). Además, Cisneros le ofreció un buen salario y una gran libertad para organizar su docencia. Así que Nebrija se quedó en Alcalá, sin parar de trabajar, hasta su muerte en 1522”.
La huella de Nebrija en la Universidad de Alcalá
Su impronta en esta institución académica fue enorme. A Teresa Jiménez Calvente le gusta imaginar las charlas que pudieron mantener Cisneros y Nebrija e incluso sus discrepancias acerca de algunas decisiones adoptadas en la edición de los textos de la Biblia, “pero siempre desde el respeto y la admiración mutuas”.
Se dio la circunstancia de que el cardenal había ideado una institución universitaria “muy novedosa”. Por ejemplo, en las constituciones fundacionales de 1510, junto al Colegio mayor de San Ildefonso, se ideó la creación “de unos colegios para alumnos pobres, a los que se becaba generosamente para que pudieran realizar sus estudios”. Dichos colegios cobraron cuerpo en 1513, en que se dan a conocer sus constituciones.
Ahí aparece la intención de crear seis colegios de gramáticos, unos centros educativos en los que los alumnos más necesitados, a una edad muy temprana y mediante un sistema de becas, podían aprender latín, “la llave para acceder al mundo universitario”. “Estoy casi segura de que Nebrija estuvo detrás de este proyecto”.
“Como docente, el humanista conocía muy bien dónde estaban las carencias y escollos de los alumnos e ideó un programa para garantizar el éxito de los estudiantes. La cosa, desde luego, funcionó y la Universidad de Alcalá fue el centro de estudio de donde salieron los principales médicos y teólogos del siglo XVI”.
Es una figura sobre la que hay que volver de continuo porque no deja de sorprender la grandeza de su espíritu
También favoreció el desarrollo de la imprenta en la ciudad, pues fue el artífice de traer a Arnao Guillén de Brocar, uno de los mejores impresores del momento. Nebrija mantuvo con él una larguísima relación comercial y de amistad.
Entre diciembre de 2021 y enero de 2023 se publicaron más de una docena de libros sobre este gran humanista, a raíz del V Centenario de su fallecimiento. Fue una manera de sacar a relucir, de nuevo, su legado. La profesora destaca que gracias a la atención que se le prestó desde las diferentes instituciones culturales, se favoreció el estudio de su figura y de su obra.
“A raíz de esos encuentros, exposiciones y congresos se han publicado estudios importantísimos, pero aún no tenemos ediciones fiables y accesibles de toda su producción. Nebrija es una figura sobre la que hay que volver de continuo porque no deja de sorprender la grandeza de su espíritu y la inteligencia que se descubre tras muchos de sus textos”, concluye.