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Este blog es un espacio de colaboración entre elDiario.es de Castilla-La Mancha (elDiarioclm.es) y el Colegio de Ciencias Políticas y Sociología de Castilla-La Mancha para abordar diversas cuestiones sociales desde la reflexión, el entendimiento y el análisis.

Política y juventud

Ricardo Figueroa

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En los últimos meses hemos vivido una campaña electoral continua que ha impregnado parte de los espacios de la vida pública y de la privada, sobre todo, las cenas familiares del caluroso julio, mientras se veían los debates en televisión. ¡Uf, qué subidón!

El acontecer electoral que tuvo lugar en mayo, y que aún podría no haber terminado, me ha hecho pensar en numerosas ocasiones en un capítulo de 'Doctor en Alaska' titulado “Democracia en Alaska”. Fernando Fernández-Llébrez, uno de los mejores profesores que tuve en la Facultad de Ciencias Políticas (UGR), en una clase nos mostró cómo era un proceso electoral en una pequeña comunidad estadounidense. Las conversaciones cargadas de ética política, en las que priman diversas corrientes ideológicas, culturales y económicas, siempre han atraído mi atención. Desgraciadamente, estas conversaciones están en desuso, cada vez se platica menos sobre eso tan importante que nos pedía Antonio Machado:“Haced política”.

Las intervenciones políticas en televisión han convertido estas elecciones en algo que es, cuanto menos, diferente. Sí, han descrito con unas pinceladas un país plural, demócrata y con diversidad de alternativas electorales. Las políticas y los políticos utilizaban, entre otras temáticas, la reforma laboral. Se recurría a esta reiteradamente a modo de medida estrella del Gobierno de coalición. En contraposición, se hablaba de una ley que maquillaba el desempleo. Para otras formaciones políticas, esta reforma no era, ni siquiera, lo suficientemente ambiciosa.

Sea como fuere, las últimas estadísticas de la EPA indican un descenso en el desempleo en el grupo de edad de los 16 a los 24 años. Los jóvenes y, ocasionalmente, los no tan jóvenes -de 24 a 29 años-, son uno de los colectivos que peor 'lo tienen' en todas las crisis económicas. El mercado laboral los desplaza, los expulsa o acaba por precarizarlos hasta limitar su acceso a derechos tan importantes como es el de la vivienda. Los jóvenes que actualmente podrían formar parte del mercado laboral se han preparado para ello. Y esta formación se ha extendido convirtiendo la posibilidad de acceder a una carrera universitaria en un fenómeno prácticamente “sobrehumano”. Las notas de corte que permiten el paso a las titulaciones son desmesuradas, como desmesurado es el esfuerzo económico que tienen que hacer muchas familias para poder sufragar los gastos universitarios.

Bourdieu escribía un artículo titulado “Juventud es solo una palabra”. Señalaba que el conflicto entre generaciones se daba de manera arbitraria. Sí, los jóvenes son ese cajón de sastre en el que entraría todo, sin precisar variables tan importantes como la edad, el capital cultural o la demografía. A la juventud se la acusa de haber recibido todo tipo de privilegios. Dentro de esta crítica, la más despiadada es la de haber heredado demasiados derechos sin haberlos luchado o merecido. Esta opinión se arroja sin tener en cuenta que la juventud actual es uno de los colectivos que más obstáculos tienen que sortear y que, además, ha sido educada bajo el paradigma de la competitividad, tanto en el seno de la familia como en el de la escuela y de su grupo de pares. ¿Hay algo más feroz?

La gran recesión y la vulnerabilidad

En la década de los 70 y en los primeros años de la democracia, España presentaba una escasez importante de mano de obra cualificada. No obstante, en apenas tres décadas pasó a ser un país con un excedente de formación universitaria. La juventud, que había dedicado años y años de su vida a estudiar, experimentó cómo esta inversión no le facilitaba unos ingresos, el acceso a una vivienda y una calidad de vida para sus hijos e hijas, sino que los condenaba al desempleo.

La gran recesión de 2008 puso encima de la mesa, como nunca antes, la relación entre el mercado laboral y la juventud desempleada con titulaciones universitarias. Estos jóvenes nacieron entre 1973 y 1986. La pandemia provocada por la COVID-19 ha supuesto otra grave recesión económica. De nuevo, los jóvenes siguen siendo uno de los colectivos más vulnerables cuando el mercado se ve amenazado. En el caso de la crisis originada por la pandemia en el 2020, los jóvenes afectados son los nacidos entre el año 1987 y el 2000. Estas generaciones han sido las mejores formadas de España. A pesar de tener currículums brillantes, ellos y ellas vivieron en primera persona los denominados trabajos basura (MCJob) e incluso fueron llamados ninis, aunque al mismo tiempo los medios de comunicación los calificaran como “jóvenes sobradamente preparados”. Entonces, ¿en qué quedamos?

La trayectoria laboral juvenil ha sido la de iniciarse en el empleo para volver al desempleo, por el hecho de entrar y salir de manera constante del mercado laboral. Los primeros trabajos de los jóvenes comienzan a edades tempranas, en sus años de formación. Más tarde, aparecen las contrataciones en prácticas, las formativas, las becas o el salto al extranjero. Esta tipología de contratos suele terminar en empleo estable, pero no permite la seguridad a largo plazo. A todo esto hay que añadir un sector laboral cada vez más flexible. Flexibilidad que viene marcada por trabajos temporales, contratos de unas pocas horas diarias e incluso semanales. Por ello, aquí se podría hablar de precariedad laboral, que se da tanto en el trabajo cualificado como en el que no lo es. Ahora, como ocurre en la mayoría de las ocasiones, los más desprotegidos laboralmente son siempre los que sufren la precariedad enmascarada de la flexibilidad.

Du Bois-Reymond y López (2004) señalan “transiciones tipo yoyó” cuyo recorrido profesional no es de carácter lineal, sino más bien un movimiento de vaivén, predominando los altibajos en el empleo. Los periodos de empleo y desempleo se asocian a los movimientos sucesivos de un yoyó. El respaldo familiar, el capital cultural, el género y la clase social son factores decisivos para hacer frente a las continuas situaciones de tránsito que sufren los jóvenes. 

La caída de las cifras registradas del trabajo temporal es un indicador importante de una mejora de la situación descrita. Además, si a este dato se le añade el incremento de empleo juvenil, los jóvenes habrían mejorado suposición. Al menos, no quedarían condenados como su generación predecesora al mito de Sísifo: “Los dioses habían condenado a Sísifo a subir sin cesar una roca hasta la cima de una montaña desde donde la piedra volvía a caer por su propio peso. Habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza”. Albert Camus, (1942).

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