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La justicia social tendrá como futuro la paz

Agrupación Socialista de Ciudad Real

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Una sociedad justa debe comenzar por procurar la búsqueda de la dignidad de la persona. Cada persona tiene un valor, es diferente e importante. Todo orden social debe dirigirse a encontrar la dignidad de todas y cada una de las personas que habitan la tierra y promover su desarrollo personal.

Las personas, al nacer, deben ser atendidas en sus necesidades básicas de alimentación y salud, así como sentir la protección, cariño y afectividad.

En la infancia y juventud debe primarse y hacer realidad el derecho a una educación de calidad y en igualdad de oportunidades. Especialmente debe priorizarse la educación de las niñas porque todavía hoy en muchos países están en situación de discriminación; una atención más personalizada, al tiempo que integradora de personas con discapacidad; ayudar a familias con escasos recursos económicos, así como acompañar a los niños migrantes o refugiados afectados por desastres naturales o conflictos armados.

El fundamento de la dignidad humana debe estar anclado en promover la igualdad efectiva y real entre hombres y mujeres. Promover los cambios necesarios en las políticas, leyes, prácticas y actitudes para eliminar los obstáculos que siguen existiendo frente a la brecha de género. Asegurar el equilibrio entre el hombre y la mujer a la hora de adoptar decisiones; tener las mismas oportunidades políticas, económicas y sociales, educativas y culturales; apoyar especialmente el importante papel de la mujer en comunidades y etnias con mayor pobreza y discriminación. Promulgar la aplicación de políticas y manifestaciones sociales encaminadas a eliminar la discriminación, explotación, malos tratos y violencia contra las mujeres y niñas, poniendo un especial énfasis en abolir la prostitución y la trata de personas, siendo la mayoría de las víctimas, mujeres.

La búsqueda de dignidad de toda persona confluye en la declaración de los derechos humanos, fundamento último de la libertad e igualdad de todos los seres humanos, sin que pueda haber distinción, ni discriminación alguna por lugar de origen, raza, color, sexo, religión, opinión política, cultura o clase.

Todas las personas, pueblos y naciones deben esforzarse y poner todos los medios a su alcance para que los derechos humanos sean defendidos, reconocidos, respetados y aplicados para que las personas que habitan la tierra, en cualquier rincón, tengan y sientan el derecho a vivir con dignidad, libertad y seguridad. Inseparablemente a los derechos de cada persona están unidos los deberes de cada uno de nosotros para reconocer y respetar el derecho de la otra persona y la obligación de los estados con la promulgación de sus leyes para lograr sociedades iguales.

La persona no puede encontrar su realización solo en sí misma, en un egocentrismo que la destruye, sino que vive en relación con y para los demás, formando parte de una sociedad que tiene como meta el bien común. Toda sociedad posibilitará la promoción humana integral, comenzando por la prestación de servicios esenciales: alimentación, salud, educación, vivienda, trabajo; complementados con otros servicios o derechos también vitales para el desarrollo pleno de las personas como son la libertad religiosa y de pensamiento, la intimidad, la información, el acceso a la cultura y libertad para desplazarse.

Podemos estar de acuerdo en que la propiedad privada y la tenencia de algunos bienes aseguran una autonomía personal y familiar, que contribuyen al mismo tiempo a la libertad, pero la concentración desorbitada de riqueza, la utilización narcisista de los bienes y la ostentación obscena de poder es la mayor injusticia social que sufre la humanidad. No es de recibo que el 1% de los más ricos posea más riqueza que el 95% de la población mundial.

Por tanto, es prioritario reivindicar una justa distribución de la riqueza de cada país y del mundo, con una visión económica inspirada en el destino universal de los bienes, para lograr un mundo más justo y solidario. Debemos procurar que, en cualquier parte del planeta, las personas tengan unas condiciones de vida digna, conseguir el objetivo de reducir las desigualdades y erradicar la pobreza y la vulnerabilidad.

Y ahí entra en juego la cooperación internacional de personas, instituciones, estados..., ya que es el grano de trigo que más hace granero para la promoción humana en cualquier lugar del mundo. Y esto es compatible y necesario con atender y ayudar a las personas más necesitadas del entorno más cercano; auxiliar en situaciones de emergencia, en catástrofes naturales y colaborar con la comunidad más próxima. Nuestra sociedad debe impregnarse y fundamentarse en el principio de solidaridad, desear, buscar y trabajar por el bien de toda persona

Así, desde la Agrupación Socialista de Ciudad Real, manifestamos como la justicia social, tiene que tener como fruto la paz por todos deseada, pero tantas veces quebrantada por los violentos, agresores, dictadores, autoritarios y genocidas. Nos manifestamos alto y claro este día 20 de febrero y todos los días del año para declarar que todas las personas debemos promover la paz, comenzando por la paz interior, creando climas de fraternidad y justicia, gritar deseos de paz universal, defensores de los que sufren la guerra. La sociedad no puede permanecer silenciada e insensible ante genocidios, ante injusticias, ante las desigualdades y la falta de humanidad.